Dabi dio una vuelta en la cama y se percató de que estaba solo. Estiró su brazo, aun medio dormido, para intentar encontrar a la muchacha que hasta hace poco lo acompañaba entre las sábanas. El de pelo negro frotó sus ojos para desperezarse y entonces la vio.
Dabi – Vuelve a la cama – dijo con voz somnolienta.
Al no obtener respuesta alguna, se sentó en la cama y observó a la chica. Ella se encontraba perdida en sus pensamientos, fumando un cigarrillo cerca de la ventana, estaba semidesnuda, solo una fina camiseta de raso cubría su torso marcando un poco sus pechos. Las luces de la ciudad iluminaban su figura entre la penumbra de la noche.
Dabi se levantó de la cama para acercarse por detrás de la chica y robarle el cigarrillo para dar él una calada. La agarró, pasando su brazo por la cintura para pegarla a su cuerpo mientras dejaba escapar el humo lentamente. El cigarro le fue arrebatado de sus dedos.
Kyara – Tienes que irte – dijo la muchacha en un tono bastante cortante.
Dabi – Oh vamos... - el pelinegro empezó a darle pequeños besos por el cuello.
Kyara – Esta ha sido la última vez, Dabi.
Dabi – que seguía con los besos y acariciando la piel de la joven – Eso mismo dijiste la última vez – la giró para ponerla frente a él – Y la vez anterior – el pelinegro iba acortando el espacio hasta quedar a escasos centímetros de la boca de la chica – Y la vez anterior a esa – concluyó para besarla.
Kyara – Es en serio Touya. No podemos seguir viéndonos así.
Dabi – Oh! Touya... sí que debe ser serio si utilizas mi verdadero nombre – el pelinegro seguía sin soltar a la chica.
