Era tarde en la noche dentro de aquel elegante y melancólico local. Un joven de tez morena apoyado sobre la barra de bebidas, aburrido y con un vaso de wiski en la mano, se encontraba disfrutando de los últimos segundos de tranquilidad que le podía brindar su pequeño descanso del trabajo, rogando a quien sea que se encuentre arriba para que, en esta noche al menos, no le toque soportar a ningún sopla pollas para variar.
El ambiente estaba animado en esos momentos, era la hora mas concurrida del mal llamado "Bar de compañía", «Un puto burdel» era lo que pensaba cada vez que escuchaba esa farsa de nombre. No era noticia para nadie que, a pesar de ser su lugar de trabajo, no se encontraba a gusto en ese sitio.
Tras un largo suspiro toma un largo trago de su vaso casi vacío, mientras pasea su vista en los alrededores del local, parando de cuando en cuando a reparar en lo que se encontraban haciendo sus compañeras y compañeros de oficio, algunos sirviendo tragos y sonriendo amablemente, mientras otros se encontraban hablando animadamente con aquellos a los que llamaban clientes, quienes no escatimaban en miradas lascivas y lujuriosas caricias para con ellos. Pobres almas desgraciadas que necesitaban de pagar por compañía, para olvidar lo solos y miserables que eran.
Un último gran trago dio por terminado el líquido amargo que le recorría la garganta, al igual que a su descanso y, junto con él, su efímera y escasa tranquilidad. Aun así y tratando de rascar al menos unos pocos segundos de más, antes de volver a la multitud hambrienta por carne fresca, se giró hacía la barra una ultima vez buscando con la mirada a la única luz que iluminaba su estancia, en el oscuro agujero de ponzoña en el que se encontraba. Por suerte para él, se encontraba terminando de atender al ultimo payaso con la copa vacía que lo solicitaba. Levantó la mano ligeramente, llamando la atención de aquél rubio bar-tender de revoltoso mirar, quien al instante se volteó hacia él con una sonrisa en el rostro.
-Eh! Pero cambia esa cara merluzo que me llevas, ¡Me espantas a todos los clientes, tío!- Expreso divertido el joven problemático tras el mostrador, al tiempo que se recargaba sobre sus brazos de forma despreocupada en la barra, dedicándole una sonrisa maliciosa a quien consideraba su hermano del alma.
Una suave risa se logró escapar de los labios caramelizados del, ahora pelirrojo, moreno al otro lado.
El constante murmullo y el bullicio de la gente eran lo suficientemente altos como para poder mantener una conversación privada, o al menos, lo suficiente para que la persona a tu lado no se enterara de tu conversación.
-¡Pero si es tu cara nabo la que los espanta solitos, no me metas en tus mierdas!- Replicó con la misma jocosidad, -Soy guapíssssimo, deberías agradecerme, sin mí no tendrías payasos a los que servir toda la noche- aseguró vanidosa mente, mientras apoyaba la barbilla sobre el dorso de su mano, enmarcando su rostro.
Ignorando por completo la muestra de absoluta vanidad de su hermano, optó por cambiar de tema rápidamente, -¿No tienes algunos sopla pollas que atender? Perrrro- soltó de improviso, conocía perfectamente a Horacio, lo suficiente como para saber que no se encontraba por la labor de cumplir con su trabajo. -si la vieja te ve sin hacer nada, te vas a meter en un lio de cojones.-
Un resoplido de hastío se le escapó de entre los dientes a Horacio, quien desvió la mirada hacía las bebidas detrás del joven bar-man, -Me la suda- respondió con la seguridad que lo caracterizaba, volviendo inmediatamente la miraba hacía aquellos ojos azules tras la barra, -¡Que venga y me diga algo si tiene huevos!-- agregó sin ser completamente consiente de la gravedad de sus palabras.
Una gran sonrisa se había formado en la cara de Gustabo al escuchar aquellas palabras, -Huevos te van a faltar cuando no tengamos para comer, ¡venga a trabajar, ostia!- sentenció echándolo con un exagerado ademan en dirección a la clientela, sin borrar en ningún momento la sonrisa de su rostro.
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°~•keep you off my mind•~°
FanfictionHoracio, un muchacho joven que trabaja en el burdel mas famoso entre las calles de Los Santos, condenado a mantenerse atado a él como su único sustento de vida. Pasa las noches acompañando a los desconocidos que visitan aquel antiguo bar, viendo los...
