Es un lugar maravilloso, el bosque más fantasioso de todos los mundos. Me encanta despertar y oír cantar a los pájaros, exclamó Lucas.
A mí, me fascina oler el perfume de las flores y que el viento me sople en la cara, caminar y sentarme alrededor de la pradera y rebosar las mariposas sobre los arbustos, aseguró Ben.
Así iniciaban todas las mañanas de primavera para el ratón Ben y el elefante Lucas. Ambos se tendían sobre el abundante pasto verde a descubrir las formas divertidas que hacían y se presentaban las nubes.
Desde muy pequeños, Ben y Lucas son amigos. Se conocieron en un soleado y colorido día de primavera. El astuto Lucas cazaba insectos entre las flores, mientras que Ben comía plantas muy cerca de donde se encontraba el señor Mac quien era un gran león.
De repente, Lucas descubrió una mariposa y estaba decidido a atraparla. Se colocó en posición de ataque y cuando saltó para agarrarla, chocó con Ben.
- Auchhhhh, ¿Qué haces? Me lastimaste mi nariz - dijo el ratón.
- Disculpa, no era mi intención, intentaba capturar una mariposa, pero la muy astuta se me escapó - contestó Lucas.
- Ahhhhhh, bueno no hay problema. Me llamo Ben, ¿y tú cómo te llamas?
- Lucas, pero ¿vives en esta montaña? Nunca te había visto...
De esta manera, se inició una larga conversación entre estos dos animales, y desde entonces, son los mejores amigos que se conoce por la montaña de Totonaca. Ahora son unos inquietos adolescentes en busca de las más divertidas aventuras. Un día de primavera, Peter le propuso a Ben iniciar una aventura en las queseras del granjero Raúl. A Lucas le encantaba comer esos deliciosos quesos.
- Está bien, acepto, - dijo el elefante-, pero con una condición.
- ¿Cuál? - Preguntó el ratón.
- Después de jugar nos vamos a la laguna a darnos un refrescante baño.
- Trato hecho. Enseguida Lucas empezó a planear cómo entrar a la quesera. Tomó una ramita y sobre la tierra comenzó a dibujar un mapa para explicarle a Ben de qué manera trabajarían en equipo para no dejar escapar a ningún queso saltarín y darles un buen susto.
- Yo soy más pequeño y delgado, voy a entrar cuidadosamente al lugar donde los quesos duermen. Y tú, como eres más grande, te quedarás afuera esperando que los quesos salgan. Justo en ese momento, empezamos a corretearlas por toda la granja, dijo el ratón. El elefante asintió y de inmediato pusieron su plan en marcha.
A la cuenta de tres, tanto Lucas como Ben se pusieron en acción. Al cabo de unos segundos, empezaron a salir los quesos brincando. Mientras tanto, afuera de la granja se encontraba Ben, esperando para correr detrás de los pequeños quesos, quienes brincan como si fueran unos frijoles saltarines. Al cabo de unos segundos, el ratón y el elefante se encontraban corriendo de un lado a otro, cuidándose de no dejar escapar a ningún queso rodante.
Casi cumplieron su misión, cuando repentinamente los sorprendió el granjero Raúl. Raúl, un señor gordo, alto y un poco gruñón, se montó en su tractor y comenzó a corretear a Lucas y a Ben por toda la colina. El ratón y el elefante casi se dan por vencidos, pero después de tanto correr, encontraron una cueva. Allí, estuvieron unos minutos. Cuando se aseguraron de que Raúl se había marchado, salieron.
- Lucas, siempre tus ideas terminan metiéndonos en problemas. Pasamos un buen susto.
- Sí, sí, ya lo sé. Pero fue divertido, admítelo.
- Tienes razón.
Estos intrépidos amigos dejaron escapar una larga carcajada. De camino a la laguna, ya se encontraban planeando la aventura del siguiente día. Lucas y Ben disfrutaban al máximo de los días de primavera, su estación del año preferida. Y tal como habían acordado antes de iniciarse en la divertida persecución de los quesos saltarines, se dirigieron hacia la laguna a darse un divertido y relajante baño.
FIN
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Una aventura jamás contada
FantasyEste libro cuenta historias cortas basadas dedicada a los niños de todas la edades, se la quiero dedicar a mi sobrino Liam, quien ha sido participe de varias de las historias de mi vida, siendo él mi mayor inspiración en el mundo de la escritura.
