CAPÍTULO 32
Hardin
Joder, Noah es insoportable. No entiendo cómo Tessa pudo aguantarlo todos
esos años. Estoy empezando a pensar que se escondía de él en ese
invernadero y no de Richard.
No me sorprendería; de hecho, a mí me están entrando ganas de
hacerlo ahora mismo.
—No creo que haya sido buena idea que llames a ese tío —dice Noah
desde el sofá, al otro lado del inmenso salón de casa de sus padres—. No me
gusta nada. Tú tampoco me gustas, pero él es aún peor.
—Cállate —gruño, y vuelvo a mirar el extraño cojín del ostentoso sofá
que he reclamado durante los últimos días.
—Es mi opinión. No entiendo por qué lo llamas si le tienes tanto odio.
No sabe cuándo cerrar la boca. Odio este sitio por no tener un hotel a
menos de treinta kilómetros de casa de la madre de Tessa.
—Porque ella no lo odia —exhalo con fastidio—. Confía en él aunque
no debería, y necesita una especie de amigo en estos momentos, ya que a mí
no quiere verme.
—Y ¿qué hay de mí? ¿Y de Landon? —Noah tira de la anilla de una
lata de refresco y la abre con un fuerte sonido. Hasta su manera de abrir los
refrescos me enerva.
No quiero decirle que lo que realmente me preocupa es que Tessa
vuelva con él, que prefiera la seguridad de esa relación en lugar de darme a
mí otra oportunidad. Y, en cuanto a Landon, bueno, jamás lo admitiré, pero
la verdad es que necesito que en este caso sea mi amigo. No tengo ninguno,
y supongo que, en cierto modo, lo necesito. Un poco.
Mucho. Lo necesito mogollón y, a excepción de Tessa, no tengo a
nadie más, y a ella apenas la tengo, así que no puedo perderlo a él también.
—Sigo sin entenderlo. Si a él le gusta ella, ¿por qué quieres que esté
