Un día, a finales del verano, el otoño poco a poco se hacía más presente en la naturaleza, El paisaje de las hojas tomando tonos anaranjados y marrones era la vista del día y la próxima época. Dejando ver la caída de cada pequeña hojita de su árbol. El bosque tan venerado y temido por los habitantes del lugar, se había convertido en mi refugio, mi lugar secreto y de seguridad absoluta.
Después de múltiples peleas entre mis progenitores, el hogar que se suponía ser cálido y feliz. Se había convertido en un lugar de frialdad e indiferencia absoluta, creando una tensión asfixiante en el aire que no era capaz de soportar por mucho tiempo, causando que muchas veces después de mis lecciones en el pueblo. Corriese sin mirar atrás en dirección al bosque tan temido.
Hubo una ocasión particular, Me encontraba completamente asustada. La discusión había empezado con brusquedad, un jarrón roto ya hacía en el suelo hecho pedazos. Seguido poco después por gritos que resonaban como eco por la gran casa. En aquel espectáculo me encontraba yo, una pequeña niña de cabellera larga y un peculiar tono rubio como el sol, unos ojos azules cristalizados, que poseían una expresión de angustia al escuchar los gritos, mis mofletes levemente sonrojados con cierta humedad debido a las lágrimas que resbalaban por mi rostro en silencio.
Saliendo despavorida al ver la sombra aterradora de mi padre acercándose al pasillo, no sabía el porqué de esta, o siquiera el porqué de sus gritos, solo Salí de aquella casa, corriendo a un prado cercano perteneciente a la propiedad.
La brisa calmada era lo contrario a lo que pasaba dentro de aquella construcción, desestabilizándome un poco al pensar que todo había sido una ilusión o un sueño debido al cambio notorio del ambiente. Aunque, sin querer regresar por el temor a que no fuera una ilusión, decidí explorar un poco el lugar, de vez en cuando salíamos a hacer un picnic por la zona, conociendo ciertas partes, pero siendo ignorante ante el inmenso bosque que se mostraba poco después del prado. Curiosa y olvidando las advertencias dadas por mis padres, había decidido entrar a aquel bosque tan llamativo.
Al caminar por el sendero iba escuchando el melodioso y suave canto de las aves, observando fascinada el idílico bosque que se me era mostrado. Corriendo con estupor sin importar que , olvidando por completo y sin percatarme, el camino de llegada. Levantando la vista en un momento para fijarme en la inmensidad de los árboles, divisando sus hojas en el gran cielo, creando la ilusión de estar fragmentado por estas. Tropezando al no ver por donde corría y cayendo de rostro al asfalto. Lastimando en el proceso mi rodilla y moflete, sollozando por el dolor
Me había recostado contra el tronco de un árbol, gimoteando mientras soplaba la raspadura hecha por las pequeñas rocas en la tierra, pasando inadvertido el hecho de escuchar pasos cerca, muy cerca. Hasta sentir una figura obstruyente de luz, creando una sombra, percatándome al fin de la presencia de un ser. Levantando la vista para encontrarme con una criatura con rasgos muy humanos, pero a su vez, rasgos de animales. Poseía una larga cabellera albina, con algunas flores atrapadas en esta, cuernos de ciervo se alojaban en su cabeza, mientras sus ojos de un tono verde primaveral, llenos de intriga, su vestimenta de igual forma no era la tradicionalmente usada en mi sector, eran ropas de diseños extraños y holgados. Dándome una mirada curiosa y a su vez preocupada, acercándose poco más a mi cosa que no me era confiable en lo absoluto, alejándome cada que intentaba acercarse a mí, Cosa que parecía no hacerle ni pizca de gracia, haciendo un puchero en su expresión dando pasos más rápidos dejándome sin escapatoria, Fijándome un poco más en el al tenerlo tan cerca y percatándome de un hecho extraño, la parte inferior de su cuerpo era perteneciente a la de un ciervo. Era una de esas criaturas de mis cuentos de hadas. Disipando mis dudas al ver otro intento de acercamiento de parte de la criatura, dejando que tocara la coronilla de mi cabeza que acaricio con suavidad al notar la confianza dada.
-¡Jejeje!... – Reiría tiernamente ante el suave roce de sus dedos por mis mejillas, sus rasgos y acciones me transmitían seguridad, notando como bajaba su mirada a mi rodilla, Haciendo una mueca, sacando una especie de pañuelo de su vestimenta, tomándome de la muñeca para hacerme un gesto de seguirlo, cosa que haría con confusión. Caminando durante unos pocos minutos con cierta quemazón en las heridas.
Después de un rato, Aquel ser freno su paso, Mientras por mi parte levantaría la vista en busca de su rostro, era muy alto por lo cual resultaba algo complicado levantar el cuello tanto, cambiando el objetivo de mis ojos al lugar que me rodeaba. Más allá del sendero podía verse una pequeña laguna que rodeaba perfectamente una mini isla. Encontrándose en esta un árbol gigantesco más grande que todos los que había visto en aquel bosque, un árbol que desprendía pequeñas linternas como si de frutos se tratase, iluminando fantasiosamente el lugar.
Era mágico, cada vez me convencía la utopía del lugar. Sonriendo alegremente a pesar de las heridas en mis rodillas, sentándome en la orilla del lago por señales del "hada" al cual había proclamado de esa forma debido al desconocimiento absoluto sobre este ser. El cual para mi sorpresa se empinaría en mi dirección, doblando sus extremidades para acomodarse en el césped muy cerca mío. Indicando que dirigiera mis piernas en su dirección, la sangre que había salido de allí se encontraba ya de un tono más oscuro y oxidado debido al tiempo que había pasado. Creando una reacción de sorpresa ante la criatura que movería sus orejas con rapidez. Hundiendo su pañuelo en el lago para con sumo cuidado ir limpiando poco a poco mis rodillas, causando ardores en mi persona debido a los rasguños aun sin sanar
-Uhmmm...- Con una expresión de reproche debido a mis quejidos, ocasionando que con una de sus manos la acercara a la altura de mi rostro, posando uno de sus dedos en mi nariz, frunciendo el ceño por mi parte al sentir el toque de sus dedos en la punta de esta. Escuchando poco después la risa de tan suave y adorable de parte de mi contrario causando que por inercia riese de igual forma y con euforia, olvidando las raspaduras y dejando que el tratase mis heridas con más facilidad.
-Nombre, ¿cuál es tu nombre? - Preguntaría tímidamente con intriga, levantando mi cabeza, encontrándome con sus ojos verde que brillaban como una esmeralda en los rayos del sol. Quedando fascinada por la belleza y esplendor que emanaba.
-Z-Zhepyr... Cuido mi hogar- Su tono representaba torpeza y timidez ante sus palabras, cosa que no encajaba del todo con su aspecto, aunque de igual forma me agradaba a gran medida, era un nombre muy extraño, a decir verdad, pero de igual forma le sonreí con fascinación. Intentando hacer que el revelara más aspecto de sí mismo, desde siempre había sido una fisgona sin remedio, pero mantener una conversación aun siendo tan pequeña me era reconfortante.
Hasta que había visto como el sol se escondíaanunciando el gran ocaso cosa que no pasaba desapercibido para Zhepyr el cualcon tan solo ver que los rayos del sol dejaban de llegar, se levantaría delsuave césped para con una sonrisa realizara un gesto para que le siguiera, puesbien, sin él no habría encontrado la salida de aquel bosque utópico y único enel cual deseaba volver sin duda. Aunque, antes de irme había sido jalada de mimuñeca por Zhepyr, posando su bastón en mi frente con suavidad, robando misrecuerdos sin poder hacer nada, quedando dormida en aquel lugar.Despertando poco después con la alegría y la euforia que había adquirido porlas experiencias, careciendo por completo de mis recuerdos o los momentos quehabía vivido aquella tarde. Ajena a lo que había vivido hacia tan solo unos momentos, los recuerdos fueron sepultados en lo mas profundo de mi mente, olvidando aquella tarde pasada, aquel árbol de linterna y olvidando a Zephyr.
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Desvanecido
FantasyUn pequeño cuento, una pequeña historia. Tras una temporada larga fuera de su hogar debido a los estudios, Elyne vuelve a visitar a su madre en su casa de la infancia, recordando el bosque al que nunca pudo entrar pero siempre deseo hacerlo. Siendo...
