Primera calamidad

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Sobre mí había un techo de luz que sin importar cuanto lo intentase no podía alcanzar. El agua me tragaba como una bestia hacia las profundidades de su abismo, sin importarle mis deseos o el esfuerzo que estaba haciendo; en esa situación solo podía pensar que moriría en ese lugar. Me parecía ilógico, un mal chiste que jamás esperé cuando salí de mi hogar y me despedí de mi madre.

¿No la volvería a ver? ¿Ni mis amigos? Diablos, incluso me gustaría ir a la escuela, pero enserio, ¿moriría?

No, no quería eso... Sin embargo, no podía controlar nada de lo que estaba pasando, estaba a merced de estas circunstancias, ilógicas e injustas. Cuando mis ojos se cerraron al fin, lo único que perturbo el silencio de mi mente fue el palpitar de mi corazón que poco a poco se detenía.

Entonces. Un sonido calló las palpitaciones en mi pecho.

Cuando abrí de nuevo todo ese semblante funesto y aterrador se esfumo, la lluvia me salpicaba y esa laguna que casi acaba conmigo estaba lo suficientemente lejos para que pudiese regurgitar el agua de mis pulmones sin miedo a volver a caer. Estaba fuera, tumbado en el pasto con el cielo nublado encima. Me sentí alegre y tan agradecido por haber sido salvado.

Aun no recuperaba el aliento, pero debía darle las gracias a mi salvadora, a esa chica empapada de largo cabello negro y ojos marrones.

—Gracias — exhale —, por un momento creí que no la contaba

La chica se limitó a reír.

—Lo siento — respondió ante eso —. Esto fue tan repentino y aun me siento algo nerviosa. Realmente creí que ya te habías... ido, cuando salte.

—Por suerte estabas por aquí — dije y al instante cambié mi tono de voz para relajar tal pesado ambiente — ¿Te acabas de mudar? Digo, sé que suena fuera de lugar preguntar cosas, pero es la primera vez que te veo y me siento en la obligación de conocer sobre mi salvadora.

Nuevamente soltó una carcajada nerviosa.

—No llevo mucho tiempo en el pueblo.

—Este es un buen lugar para vivir le cogerás cariño en un momento, y este tipo de cosas no suelen pasar a menudo. —No tuvo reacción alguna —. Por lo pronto deberíamos secar nuestra ropa, esta empapada.

Ella asintió.

—Vivo cerca, si quieres podríamos ir a mi casa y de paso te podría preparar algo de agradecimiento. —Me apresure a anunciar.

—No. — Respondió de inmediato —, no quiero ser una molestia.

—No sería ninguna — remarque.

—En realidad prefiero no acompañarte —Entendí eso y seguir insistiendo sería molesto.

Recordé que olvidé algo importante.

—Oh cierto — replique —. Me llamó Jaime, mucho gusto. — Extendí el brazo —. ¿Cuál es tu nombre?

Sus pequeños ojos dudaron de los míos.

—¿Mi nombre? — Le pregunto al aire —. Me llamó Amelia. — Y luego de decir eso se quedó un momento pasmada hasta que finalmente acepto el corto apretón de manos.

Me levante del suelo limpiándome la ropa con ambas manos en el proceso. La lluvia ya estaba cesando.

—Supongo que pasare de secarme la ropa iré a clases entonces, seguro se seca en el camino. Gracias por todo Amelia.

Antes de que partiese ella me detuvo.

—¿Puedo ir contigo? — No le vi ningún problema a ello, por eso acepté.

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