𝒫𝓇ó𝓁𝑜𝑔𝑜

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Desde que Dennis supo que era un omega, se imaginó, infinitas veces, una vida de ensueño junto a un alfa perfecto, que se casara con él, que le diera uno o dos hijos preciosos y que, sobre todo, lo marcara y sellara así un amor eterno.

Siempre acababa diciéndose que todo aquello eran tonterías de romántico empedernido, pero no podía evitar soñar con aquello; a fin de cuentas, ¿qué le deparaba como omega?

Por todos era sabido que los omegas dependían mucho de un alfa para tener una vida tranquila. A diferencia de alfas o betas, tenían que tener mucho cuidado en su día a día, siendo responsables con los inhibidores y extremadamente cautelosos en época de celo.

En el fondo, aunque no era consciente de ello —o no quería serlo—, Dennis odiaba ser así. ¿Por qué no podía tener la vida «simple» de un beta? Ni siquiera era tan codicioso como para desear ser un alfa, los cuales lo tenían todo más fácil que nadie, pero sí que quería otra vida.

De todas formas, llegó el día en que creyó que todo sería, al fin, perfecto. Sí, su fortuna parecía sonreírle.

Conoció a Jared Peyton gracias a su trabajo de diseñador de interiores. Fue contratado por aquel alfa increíble y de renombre, y, poco a poco, mientras creaba un hogar acogedor para él, surgió una chispa que ardió tan intensamente que, sin darse cuenta, consumió todo lo que un día fue Dennis.

La familia de Jared no vio con buenos ojos que un Peyton se relacionara con un cualquiera, pero a él no le importó ir contracorriente para estar junto a su omega.

Con total convicción, Jared le dijo a Dennis que haría cualquier cosa por estar con él, y, desde ese instante, empezó a planar un futuro para ambos.

Se prometieron, se casaron y enlazaron. El sueño de Dennis se había cumplido casi por completo. No podía esperar a que llegara el primer hijo.

Lo había dejado todo por su alfa, había renunciado a su trabajo, a su vida cotidiana, a sus amigos y hasta a su familia. Jared le pidió que se alejara de todos por miedo a que su padre tomara represalias contra alguien amado para Dennis, así que, sin pensarlo, le concedió todo de él. De todos modos, ¿no era eso lo que significaba el amor?

O, quizá..., ¿no?

Fuego en el corazónGeschichten, die süchtig machen. Entdecke jetzt