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El sol en Texas es exactamente el mismo que alumbra en Júpiter o Marte, o que Argentina o Irak; pero la magia que hacen las manos de aquella lejana pero resplandeciente estrella sobre el mar de los ojos de Leandro, solo sirven para que Rodrigo lo mirase más y más.
Y tal vez todo empezó allí, en la azotea del St. James de Antonio de Texas, con el alba abrazando su figura y su rostro; resaltando el mar en sus ojos, el mar argentino. Rodrigo se preguntó, tontamente, si en sus pupilas respiran las franca-australes, o si sus manos eran tan suaves como la piel de sus mejillas; qué, rosadas por el calor, se mueven mientras Leandro habla. Pero su amigo no escucha.
—Eu, Rodri ¿Me estás escuchando o le estoy hablando a la nada?— Había diversión en su voz y comodidad en sus palabras. Estar con su compañero le reconfortaba de alguna forma, aunque solo haya pasado un año de coincidir. Un año desde que el muchacho de ojos marrones y sonrisa de galán y él se cruzaron en los vestuarios, riéndose de las ocurrencias de sus compañeros hasta que la calma los encapsuló en sí mismos; solos, en un mundo lejano al ruido de sus compañeros.
Y así se sentía Leandro cada vez que sus palabras alcanzaban al muchacho de Avellaneda, era el sentimiento de pertenencia y complicidad que los encerraba en la cercanía aceptable de sus cuerpos cuando cuchicheaban en voz baja, susurrando con sonrisas cómplices y gestos lentos; relajados. Justo como ahora.
—Te decía que Camila y yo vamos a tener otro bebé y que estamos re emocionados— había dicho, mostrando un par de radiantes faroles por ojos.
—Ah, te felicito man; ¿no le errás nunca o tiraste a pegar?
—¡Ay, no empecés a decir pavadas, Rodrigo!
—Perdón rey, es que no te la podía dejar pasar
La sonrisa que antes había sido dichosamente ilustrada en el rostro del mediocampista del Udinense se esfumó ante el cachetazo de realidad que había recibido de aquellas palabras, recordandole que la costa en aquél hombre que tanto atesoraba su corazón y alma; ya contaba con un sol que iluminara sus olas cada mañana. Y él muchacho de las turmalinas por ojos nota la forma en que es observado, sintiéndose cohibido por las emociones vertiginosas y confusas que Rodrigo provocaba, incluso viéndose detestablemente ridículo –en su opinión– con el cabello decolorado.
—¿Y vos? ¿Cuándo vas a formar una familia de Rodriguitos con tu Camila?— preguntó en un intento de alejar las mariposas en su estómago.
—No sé, me gustaría; pero tengo mis dudas.— nuevamente, las mariposas resonaron en los oídos del mediocampista del Paris, llevando en sus tiernos aleteos las palabras dichas por el mayor.
—¿De qué? Excusas nomás, le tenés miedo a la paternidad, admitilo nene.— bromeó ahora el heredero.
Un silencio tenso punzaba en sus pechos. Era el aire que, ansioso por volverse voz, terminaba oprimido en sus pulmones, volviéndose mísero carbono; despojándose de sus pasionales intenciones y arrojándolas al vacío para poder elevarse hasta la estratósfera para reunirse con más palabras no dichas. Pronto, la escena se convierte en genocidio, pero; crueles y tiranos, solamente alzan la vista hacia lo lejos gozando la linda vista de San Antonio.
—¿Ya terminaron de chuparse la pija mutuamente? Porque nos vamos en dos horas y vos, Leandro; no acomodaste un choto.— ambos voltearon en dirección a la voz del delantero de la Juve, ganándose las risas de las joyas del mediocampo.
—¡Ay! Déjenlo solo al señor "juego con Cristiano Ronaldo"— se burló Leandro, despertando un poco el ánimo del cinco.
—Ay, no seas trolo ¿Quere'?.— se defendía el cordobés.
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Vuelvo al Sur [R.D.P x L.P]
Fanfiction"Vuelvo al Sur, como se vuelve siempre al amor. Vuelvo a vos, con mi deseo, con mi temor" O dónde Rodrigo De Paul y Leandro Paredes experimentan las desvivencias de un amor intenso y devastador, así como también las consecuencias del mismo y el sufr...
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