La luz del Sexto Sol se filtraba entre las nubes, iluminando el Marcon su luz pardosa. Las aguas por fin se habían calmado, e íbamos apartir de caza.
Estaba muy nervioso, ya que era mi primera cacería. Por quinta osexta vez, revisé si tenía todo lo que necesitaba.
—¡Tortuga Paciente! No te retrases.
La llamada de atención me sobresaltó. Pelícano Gris ya estaba decamino al barco. Y no parecía tener paciencia para esperarme.
—¡Voy!—, y comencé a trotar nervioso, temiendo que me dejaranatrás.
Por fin llegamos al barco. Gran Marrajo, nuestro lider, ya estabaallí, esperándo al resto de la tripulación. Era imponente. Concuarenta años, era mayor que muchos en la tribu, pero aún semantenía sano. Era alto, superando al resto por más de una cabeza.Pero más importante que su físico era su caracter. Cuando el restodudábamos, el se mantenía firme. Cuando los demás huíamos, elmiraba al peligro a la cara. Siempre tenía paciencia para cuidar alos enfermos y heridos. Quería ser como el de mayor.
Hablába con Ola Verde, su esposa. Parecía muy preocupada, y GranMarrajo trataba de calmarla. No me sorprendía. Muchos cazadoresmorían en expediciones. El Mar es cruel, y está lleno de peligros.
Al oírnos llegar, Gran Marrajo nos miró.
—Bien—. Gran Marrajo nos sonrió— habéis llegado a tiempo. Yapensabamos que no llegaríais.
Gran Marrajo se acercó a mi. Me dirigió una sonrisa y me acaricióel pelo.
—Has crecido mucho, Tortuga Paciente. Hace dos días eras un bebé,y mírate, todo un cazador. Harásun gran trabajo.
—¡Gracias!¡Lo intentaré!
Volvió su mirada tras de mí y cambió de expresión. Miré a verque es lo que le había cambiado el ánimo.
Había llegado Gaviota Veloz. Eso bastaba para explicarlo.
—¿Animando al futuro reemplazo, gran cazador?
—Nunca está de más impulsar a las nuevas generaciones a sermejores. —Gran Marrajo ahora transmitía mucha frialdad. —Latribu requiere la ayuda de todos. Ya lo sabes.
Gran Marrajo le lanzó una mirada asesina a Gaviota Veloz. Ésteforzó una sonrisa sardónica.
—¡Por supuesto, por supuesto! Seguro que el alevín será un granpez. Las mujeres más hermosas de su generación caerán a sus pies.
Mientras hablába, miraba a Ola Verde de reojo. Ella le rehuyó lamirada, visiblemente molesta. No era la primera vez que pasaba algoasí. Llevaba años ocurriendo. Pero nunca había ido a más. GaviotaVeloz nunca había desafiado a Gran Marrajo. Al menos de momento.
—Buenos días, compañeros.
Había llegado Delfín Saltarín. La tensión se disipó y loscazadores fueron a atender al recién llegado. Ola Verde y yosuspiramos aliviados.
Al poco llegó el resto de la tripulación. Comenzaron a repasar losplanes y a finiquitar cabos sueltos. La idea era pasar los próximostrece días en el Mar, dirigiéndonos a los Dos Picos, cruce por elque siempre habían pasado ballenas en sus migraciones.
—¿Tenemos alguna garantía deexito, Gran Marrajo?
La pregunta de Gaviota Veloz pareció sembrar la duda entre loscazadores. Gran Marrajo recibió muchas miradas espectantes.
—Seré sincero, compañeros. Pocas. Pero aun así mayores que encualquier otro lugar. Durante muchos años hemos ido a cazar allí. Ysiempre hemos vuelto con exito. Son tiempos difíciles, eso escierto, pero es nuestra mejor oportunidad. Lo que no nos va a ayudares permitir que las dudas nos corroan. En momentos difícilesnecesitamos arrimar el hombro y apoyarnos los unos a los otros. Y nosembrar la duda en nuestros compañeros.
YOU ARE READING
La caza de la ballena
FantasyEn otro mundo, cubierto por el mar e iluminado por seis soles, los cazadores de una tribu se embarcan en una expedición para cazar una ballena. Pero las difíciles condiciones ambientales y las rencillas internas convertirán la expedición en un calva...
