Prólogo.

481 27 4
                                        



Prólogo.

Vacío.

Eso es lo que veo cuando observo mis ojos en el espejo, vacío.

Ya no está esa chispa alegre que antes había ahí, esa sonrisa que solía estar siempre en mi cara, esa felicidad que decían me caracterizaba. Ya no hay… nada.

Esa ya no soy yo.

Porque alguien la destruyó.

Mis ojos azules chispeantes de felicidad, ahora no son más que dos vacíos cristalinos, mi piel sonrosada, ahora sólo está de un pálido enfermizo, mis labios que solían sonreír siempre, no están más que partidos de los resecos que están y sin color, mi cabello negro brillante se ha ido, ahora sólo está seco, sin brillo, y se me quiebra con facilidad.

Lloro cada vez que me atrevo a mirarme al espejo, porque sé que todo está mal, pero me gana el miedo, un miedo que no debería de sentir, pero que sigo sintiendo, miedo de lo que es capaz de hacer y no poder evitarlo porque es una bestia, y las bestias no se controlan.
Porque éste no es el cuento dónde la chica buena ayuda al malo a cambiar, este cuento es de la bestia que siguió siendo bestia y rompió a la chica hasta que no quedó más de ella.

Los malos nunca cambian, aunque yo creía que sí lo hacían, tarde me di cuenta lo errada que estaba.
Porque muchos aparentan ser lo que no son, caras vemos, trastornos mentales no sabemos.

Mis lágrimas siguen cayendo, porque por primera vez en meses, me atreví a mirar mi cuerpo en el espejo, no controlo los sollozos que salen de mí, morados cubren mi cuerpo, tengo costras en mis rodillas por caer al suelo en varias ocasiones, puedo observar cómo mis clavículas se marcan en mi piel, al igual que mis costillas, mis caderas están huesudas, y mis pómulos se marcan de más.

No sé qué hacer, cada que quiero salir de esto, me hielo al pensar en lo que haría, pero… ya no puedo más.
Me enjuago el rostro en el lavabo al escuchar el timbre, no pienso abrir, no sabiendo que podría ser algún amigo de él, y se enojará si se entera que le abrí a alguien.

Y cuando él se enoja… nada bueno pasa.

Me visto con pantalones de dormir y una camisa básica de algodón, el timbre suena cada vez más insistente, provocándome un leve dolor de cabeza, así que sin pensarlo más le abro a la persona.

Me sorprendo al encontrar a mi hermano mayor del otro lado, pero él está más sorprendido al ver mi apariencia.

No decimos nada por largos segundos, hasta que él decide hablar:

—No me importa lo que ese hijo de puta piense, pero tú te vas conmigo ahora.

No digo nada, me quedo de piedra, procesando lentamente lo que acaba de decir, y un rastro de esperanza, uno pequeñísimo, se asoma por todo mi ser, y es ese pequeño rastro lo que me hace abalanzarme hacia sus brazos, abrazándolo cómo nunca lo había hecho, porque lo he extrañado demasiado, y porque sé que esta vez no hay quién me detenga y me arrebate de sus brazos.

—Te extrañé tanto— el primer sollozo sale de mí.
Y ese pequeñísimo rastro de esperanza, empezó a crecer poco a poco.


🌹


Cuando decidí por fin irme con mi hermano, pensé que me llevaría a la casa que era de nuestros padres, me llevé una sorpresa cuando me llevó al aeropuerto, así nada más, en pijama y sin maletas, mi cuerpo temblaba, volteaba a todos lados esperando que él saliera de cualquier lugar, gritándome.

No sabía a dónde iba, y preferí no prestarle atención al destino para no ponerme a temblar más del miedo.
En todo el vuelo, Angus, mi hermano mayor, me abrazaba y trataba de tranquilizar mis temblores con palabras dulces, pero la única frase que hizo eco en mi cabeza fue: estarás bien.

Eso espero.

Cuando llegamos a nuestro destino me sorprendí demasiado, pues, nos encontrábamos en Irlanda, Angus me tomó de la mano y me instó a que lo siguiera, así lo hice, mis lágrimas salen a flote al llegar a la sala del aeropuerto y encontrarme con mis demás hermanos.

—¡Annie!

Una chica igual a mí, pero menos demacrada, y con demasiada alegría en su expresión me toma en un fuerte abrazo que gustosa le correspondo. Mi otra mitad, ella siempre será mi otra mitad.

—Ari…— un sollozo sale de mí sin poder contenerlo.
Se separa de mí sólo para agarrarme de las mejillas e inspeccionarme la cara, limpia mis lágrimas con sus pulgares, me doy cuenta que ella también llora, llora por mí.

—¿Pero que te hizo esa escoria?— vuelve a abrazarme—Te extrañé demasiado mi copia más fea.

Sonrió al escucharla llamarme cómo cuando éramos niñas.

—Angus, ella no es mi hermana— una voz un poco infantil llega a mis oídos, desvío mi atención al dueño de dicha voz, encontrándome a un niño de doce años, con su ceño fruncido y una mueca en sus labios.

Mis ojos vuelven a empañarse al reconocerlo.

—Aidan…—susurro el nombre de mi hermanito menor.

Él me repasa con su mirada, y voltea de nuevo hacia nuestro hermano mayor:

—Ella no se parece en nada— las miradas de Angus y Ariadna se quedan unos segundos en Aidan, tratando de entenderlo, seguramente no se acuerda mucho de mí, él tenía siete años cuando me fui.

Ari intercambia una mirada con Angus y vuelve a mirarme suavizando su expresión hacia mí, acaricia el contorno de mi rostro y me besa una mejilla.

—Ven, vayamos a casa.

Mi cuerpo recibe un alivio desconocido recorriendo desde las puntas de mis pies hasta mi cabeza.
Iremos a… casa.

🌹




You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: May 25, 2022 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

Los Chicos de Annie.Stories to obsess over. Discover now