lost the game, i can't get lower.

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Lo mas fuerte es la necesidad, dominando todo sentido que acopla lo idóneo hay ninguna necesidad de subyugarse debajo los adoquines el imperio del menester. Las personas estaban llenas de requisitos; y no aman sino a aquellos que pueden satisfacerlas completamente sin restricción.

De ningún modo, Kisaki se había rebajado a las tantas necesidades frecuentes que podía percibir en otras personas. Sin embargo, Kisaki era solamente un humano, no un Dios, incluso si el se izaba como tal al ver las marionetas moverse cuando se lo ordenaba, pese a ellos, tenía necesidades, tres de ellas.

La venganza; una pobreza del espíritu obstinado en devolver el daño que ha recibido. Sin que la necesidad de poder derrotar el aliciente del resarcimiento, la rabia, el orgullo, la ira y el disgusto sea descifrable.

Hinata Tachibana; insaciable amor alojado dentro que rasga contra sus ideales devotos, cercenando la magnética hendidura correcta sin inexactos. Porque la necesidad de vehemencia era ella.

Shuji Hanma; una necesidad inculta que a Kisaki lo abrumaba, lo descolocaba en tantas formas que no podía siquiera racionalizarlas.

Se sentó en las escaleras con la espalda descubierta hacia Hanma. Todos sus instintos le gritaron que se volviera, que se protegiera de todo a su alrededor sin tener un nudillo de confianza. Apretó los dientes, luchando contra el impulso con toda su desapacible voluntad. Podría ser un omega, pero no era una jodida perra dócil que se dejaría dominar por la sumisión, no sería obediente; degradándose.

Los pasos se hicieron más fuertes cuanto más se acercaba Hanma. Un escalofrío le recorrió la espalda y todos los pelos de la nuca se le erizaron. La grava crujió bajo sus pesadas botas. Como siempre, su paso sobre el suelo era perezoso y despreocupado.

─ ¿No se supone que los omegas deben estar arropados y durmiendo a esta hora? ─ él bromeó, con sonrisa de socarronería en sus labios.

El tono, como siempre, lo cabreó. Sus uñas se clavaron en las palmas de sus manos; intentó de mantener su apariencia apacible. Los alfas eran estúpidos y solo buenos follando cualquier agujero que se les pusiera al frente como un perro con un hueso. Se puso de pie, poniendo sus músculos en una pose relajada. Kisaki metió las manos en los bolsillos y movió los hombros.

─ Llegas tarde.

─ ¿Uhm?

Podía escuchar la sonrisa en su voz. Hanma pasó junto a él y lo miró fijamente a la cara. Su cabello estaba suelto y desnudo de su gel que habitualmente poseía logrando un efecto hacía arriba. Kisaki le devolvió la mirada con la expresión de aburrimiento que se había entrenado para tener en la pluralidad de situaciones. Su olor era lo único que traicionaba el estado en el que se encontraba.

El ciclo de apareamiento, calor o celo era algo molesto por lo que todos los omegas tenían que pasar. Él no fue la excepción a esa regla, lamentablemente. Lo que hacía desaparecer el calor en pocas horas era un nudo, así que ahí estaba. Y allí estaba Hanma, justo frente a él como un alivió intensivo, irónicamente.

─ Quince minutos tarde, para ser exactos. ─ acomodó sus gafas hacía arriba, mirando en el transcurso de segundos el cuerpo de Hanma.

Hanma sonrió, inclinando la cabeza hacia un lado. Respiró hondamente, inhalando como un fumador la nicotina, drogándose con las esencias moldeadas a su piel y emborrachando su sistema con el líquido adherido a su paladar al olfatear el aire circundante con meticulosidad.

Apretó las mandíbulas, el fuego en las entrañas de Kisaki rugió cobrando vida. Podía sentir la mancha de lubricante comenzar a acumularse en el agujero de su trasero; como vertiente esperando desembocar.

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