El chico nuevo

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A veces, el silencio en una habitación hace que halla más ruido en mi cabeza, por qué cuando todos se van yo misma comienzo a torturarme. Se reproducen películas en mis ojos, que no diferencío, pero no hay película de miedo que si quiera se le parezca. Quiero correr pero no sé a dónde, a dónde valla, ahí estará, quiero cubrirme los ojos pero aún serrandolos, sigo viendo todo,quiero taparme los oídos pero las voces se hacen más fuertes. Quiero esconderme, pero no existe lugar, donde pueda huir de mi y eso es lo jodido, que nadie más tiene que hacerme daño, conmigo me vasta, no hay quien hiera mejor mis puntos débiles, yo solo los trituro con todo lo que se va a doler. Es una pelea constante donde no quiero dañarme pero yo soy el único enemigo. Mi delito es ser adicta a pensar, no puedo dejarlo y eso me intoxica, mi cabeza es una fiesta donde no encuentro salida de emergencia por qué la música es tan fuerte que yo no puedo escuchar. Me dicen que debo mantener la mente ocupada, ya está muy ocupada pero ¿Que hago cuando caiga la noche? Tendré que volver a la cama, serrar los ojos en el silencio y allí,me volverá a atacar, es un círculo vicioso donde tengo miedo de tener miedo.

La depresión, también sabe de supervivencia, ah aprendido a hablarte de el camuflaje, apoderarse de ti pasando desapercibida. Sabe más que tú de maquillaje, sabe más que tú, de disfraces y sabe más que político, de el arte de mentir. Se colorea una sonrisa difumina bien las lágrimas de noche, no deja visible las heridas y limpia bien los rastros de sangre. Sabe de ciencia forense, deja en duda si es suicidio, u homicidio, en las fotos de ayer reía, en las de hoy, cuelga una habitación vacía. Hace que culpen a todos de el crimen y entre risas se escabulle buscando otra víctima.

Sabe de teatro, ríe tan bonito, habla tan fluido tiene en el perchero más de 100 máscaras guiones de pretextos al por mayor, el problema es cuando se baja el telón, rompe la careta, y de paso sus venas. La depresión es estudiante de cirugía, loca apasionada que guarda hojas de bisturí en la recámara, sus incisiones las practíca  en los brazos, las piernas, en el abdomen. La depresión tiene humildad, visita hombres, mujeres, ricos, pobres, niños, ancianos, a ella le da igual. Los invita a un café, les dice que ella es la salida, que como ella ninguna los entiende, se te mete como canción de cuna en los oídos con el único propósito de hacer que se te sierren los ojos y esta vez tal vez sea para siempre. Tiene sucursales en cada continente, me atrevo a decir que si en Marte hay vida, allá tampoco sé el escapan. La depresión, tiene rostro, se parese mucho a una persona con sonrisas

Tacones rojos de Sebastián Yatra suena en la radio, mi cuerpo de mueve por toda mi habitación en un intento de ordenar mi cuarto.

—Al fin— mamá entra interrumpiendo mi estúpido baile

—¿Al fin que?—

—Estás ordenando todo este desorden—

—¿Crees que mi cuarto es desordenado?—

—Claro que si—

—Deverias ver mi vida— bufé y ella se cruzó de brazos, la veo adentrarse en la habitación, caminar de brazos cruzados sobre su pecho por todo el cuarto, me quedo estática sin decir nada, ella apaga la radio y me mira soltando un suspiro

—Laura— me llama por mi nombre y se sienta en la cama —¿Que tantos problemas puedes tener tu? Eres solo una estudiante de Universidad, no tienes problemas—

Es ahí, justo ahí, dónde el mundo se equivoca, vivimos en una sociedad, donde los jóvenes, somos juzgados, y obligados a hacer cosas que no queremos, pero la sociedad, debe tener en cuenta que nosotros también somos humanos y que tenemos sentimientos ¿Cómo puede decirme algo así mi madre? Incluso un bebé que acaba de nacer, podría tener problemas, sus palabras me hirieron en sierto punto, es como me hubiese querido decir que dejara de inventarme problemas que no tengo, mis ojos pican como si quisiera llorar, y en cuestiones de segundos, los estoy haciendo, estoy llorando

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