La llegada

6 0 0
                                        


La Segunda Guerra Mundial había estallado ya,caos por toda lugar se podía ver e incluso escuchar, los bombardeos por todas las ciudades de Londres eran pastante peligrosas, mi preocupación no podía ser mayor, vivir con el constante miefo que un bobardeo cayera cerca de nuestra casa y correr peligro mortal, y la desgarradora angustia de que algo malo le pasara a mis seres queridos, había generado un terrible estrés, mi padre Richard, un hombre alto con cabello negro y ojos color café intenso, al cual adoraba, había ido a luchar a la guerra, asi como de mi madre Lauren, una mujer con ojos color aceituna, alta y siempre con un carácter maravilloso, agregando su pelo color café claro y rizado y si, tiene el mismo nombre que yo, la cual se había quedado en Londres unos días más mientras viajaba a América para estar lo más segura posible, y en cuanto a mí, que les puedo decir, fuí enviada a una casa, o mejor dicho mansión de campo fuera de peligro en lo que la tempestad pasaba. Sinceramente yo no quería ir, estaba totalmente disgustada en dejar a mi madre sola sin nadie acompañándola, siempre hemos estado unidas, haciendo cosas, como cocinar, y leer en nuestra cómoda sala,incluso aprendiendo cosas nuevas y le tenía bastante aprecio, pero era eso o estar en peligro de morir a causa de una bomba; solo de pensarlo me da escalofríos.

Ese día nos levantamos de madrugada, ya que nuestro tren partiría bastante temprano, estaba bastante nerviosa, hace años que no veía al abuelo Digory, de vez en cuando nos mandaba cartas con uno que otro libro de poesía como regalo de cumpleaños o Navidad, al checar que no faltara nada partimos hacia la estación de trenes, la cual estaba bastante abarrotada de personas de cualquier edad, olvidaba decir que los menores de edad. Serían refugiados en casas donde estarían más seguros, lo bueno es que teníamos a nuestro abuelo, al llegar a la puerta del tren abracé con fuerza a mi madre.

-¡Oh madre, por favor déjame quedarme contigo!- le dije con un gran nudo en la garganta.

-Hija mía, es lo mejor, tanto para ustedes como para mí, intentaré viajar a América con la tía Helen, así que no te preocupes más por mi, te aseguro que en un abrir y cerrar de ojos estaremos con tu padre celebrando que todo este lío terminó- dijo limpiándose las lágrimas mientras me abrazaba, me separé de mi madre aún con lágrimas en los ojos y subí al tren con mucho cuidado hacia la sección de primera clase, si lo se, bastante caro a mi parecer para un viaje con tan feas circunstancias, mi madre quería asegurarse que viajase cómoda.

El tren comenzó a avanzar poco a poco hasta que perdimos de vista las estación, una vez en mi asiento retiré los guantes blancos de seda para poder guardarlos y que no se arrugaran; Realmente no se que tan estricto sea mi abuelo con las apariencias por lo que decidí venir elegante pero cómoda, el viaje fue bastante largo, cuando no estoy con mi madre, me hice el mal hábito de hablar con la voz de mi cabeza intentando hacer algo de compañía, no tenía muchos amigos, ya que era educada en casa con tutora, así que no salía mucho más que a dar paseos en nuestro colorido jardín, o de vez en cuando a comprar vestidos y zapatos nuevos, y no me malinterpreten amaba ese estilo de vida pacífico, el tren hacía bastantes paradas para dejar a los niños con sus respectivos destinos, hasta que por fin llegué a mi destino, con mucho cuidado me levanté de mi asiento y tomé mis maletas, según la carta que envió de abuelo para confirmar mi hospedaje, al parecer la ama de llaves de mi abuelo, la señora Mcgready, vendría por nosotras a a estación, el tren se perdió de vista tomando velocidad hasta doblar la cerrada curva que rodeaba la estación, era un lugar lleno de campo verde, con el sol más bello que había visto en toda mi vida, esto no se veía a diario en la ciudad debido a la contaminación, respire profundamente oliendo el fresco olor de el pasto y tierra mojada, uno de mis olores favoritos junto con el olor a libros, tanto viejos como nuevos y la lluvia. Esperé por lo menos cinco minutos cuando unos galopes se podían escuchar, hasta que pude ver que venía una señora mayor de edad conduciendo y una carroza negra con un poco de lentitud dirigiéndose hacia mí, cuando estuvo lo suficientemente cerca paró de golpe la carroza.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Feb 11, 2022 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

KirkeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora