El asiento del avión estaba duro, demasiado incómodo para lo que había pagado mi hermano. Hace un par de días recibí una carta de Bop en la que me decía que tenía que ir a Los Santos a toda prisa. No entiendo muy bien por qué, pero nuestro padre tenía gran parte de la culpa de este viaje.
Mire por la ventana como esa monstruosa isla de cemento y ruido se hacia cada vez más grande, como si fuera a comerse el avión. Tan egocéntrica e hipócrita como siempre. Los Santos, la llaman la ciudad de los sueños rotos y no me extraña para nada. Llena de delincuencia, estrellas frustradas, empresarios corruptos y todo lo malo que te puedas imaginar.
El avión se tambaleaba como un alcohólico al salir de un bar, parecía que las alas se iban a desprender para iniciar su propio vuelo.
Por fin aterrizó sin muchas complicaciones y me dirigí a la entrada de la terminal de embarques para reunirme con mi hermano.
Hacia ya bastante tiempo des de que abandone ese barrio de mala muerte donde vivíamos. Chamberlain estaba ubicado en la peor zona de la ciudad, llena de hogares sin terminar de construir o medio derruido por la notable falta de recursos de sus habitantes. Casas donde, sinceramente, había más fardos de droga que libros. Esa sería una buena descipcion del mismo, per no todos sus habitantes eran delincuentes. Yo, por ejemplo, conseguí llevar hasta el final mis estudios y sacarme el graduado en empresariales, de ahí mi huida de la ciudad, temas de negocios. ¿Pero que importaba esto? Iba a volver a ver a mi hermano. Después de años sin verle volvería a sentir su cariño y su afecto.
– Aquí imbecil, parece que estas ciego. – Dijo Bop mostrando toda su amabilidad.
– Tan gentil como siempre hermano– Contesté mientras le daba un abrazo
Bop era el hermano menor. Tenía la tez negra y un cuerpo bastante esculpido por largas sesiones de gimnasio sin descanso. Sus rastas rojas y ojos azules no eran muy comunes así que destacaba notablemente entre los demás chicos del barrio. Tenía unos mofletes muy peculiares, de pequeño me encantaba pellizcarlos para que se enfadara. En fin, cosas de hermanos.
Ese día me sentía pletórico. Me acababa de comprar un nuevo traje blanco y negro para la ocasión y estaba preparado para cualquier cosa.
– Dime, ¿Porque me has hecho venir hermanito?– Mis ojos se posaron encima de él cuál gorrión descansando en la rama de un árbol.
– Papa pasa del restaurante, dice que te lo comas tu.– Contestó Bop con tono pasota.
– Querrás decir que nos lo comemos los dos–.
– No, no, tu. ¿Acaso yo e trabajado nunca?–.
Mi rostro se torno serio al cabo de unos segundos. Mis cejas arqueadas denotaban un creciente enfado en mi interior. Tenía los agujeros de la nariz dilatados cual rinoceronte salvaje a punto de cazar a su presa. ¿Sería esa la razón por la cual nadie utilizaba mi nombre de pila? Nadie me llama Leroy, todos me llaman Rhino. O almenos así lo hacían antes de irme...
– Vamos hacer una cosa, vamor a coger un taxi e iremos al restaurante para ver a qué nos enfrentamos–. Le dije a Bop intentandome tranquilizar a mi mismo.
– Como quieras –. Volvió a contestar con tono pasota.
Levante la mano para dar la señal de alto a un taxi y emprendimos el camino hacia el Wings, el restaurante de alitas de pollo de nuestra familia. Para mi sorpresa, nada más llegar, teníamos ya a nuestro primer cliente. Bueno o eso parecía. Habría sido idílico ese momento pero era más bien una persona interesada en el puesto de camarero que había ofrecido mi hermano.
El tipo iba vestido con una camiseta de beisbol que le caía hasta las rodillas acompañada de unos pantalones negros, muy anchos y unas Jordan negras a conjunto. Para rematar ese outfit tan "callejero" adornaba ese conjunto con un pañuelo blanco atado alrededor de la cabeza.
– ¿Que pasa negro?–. Le dijo mi hermano a la vez que hacían un gesto un tanto raro con las manos
– Buenas tardes. ¿Necesitas algo?–. Repliqué yo en un tono más cordial.
– Me llamo Amenadiel, AJ para los amigos. He visto que buscáis camareros. ¿Has sitio para mi?–
El chico parecía bastante desesperado por encontrar trabajo. No le culpo, esta ciudad era el peor sitio donde trabajar. O eras explotado o estafado, o las dos cosas, todo era posible.
– Puede que tenga algo, ven, sigueme–. Le dije mientras cruzaba la puerta del restaurante.
Directamente y sin importarme lo que me iba a decir mi hermano me dirigí hasta la oficina. Abrí el ordenador, busque las plantillas de los contratos oficiales e imprimi dos copias. Lo poco que vi del restaurante me gustó. Estaba limpio, bien reformado y no parecía que hubiera ningún desperfecto significativo. Así que si, me lance a la piscina.
– AJ ven, tengo aquí tu contrato. Toma, un bolígrafo–. Le dije mientras le extendía mi bolígrafo personal.
– ¿Te has vuelto loco? No conocemos a este tío de nada hermano. Podría estar loco de la cabeza– Replicó Bop, incrédulo ante la situación.
– ¿Estás bien de la azotea AJ?–
– Perfectamente señor–. Contestó el muchacho con una simpática sonrisa.
– ¿Lo ves? Si tu no quieres trabajar AJ lo hará por ti.
Bop empezó a dar vueltas nervioso por el restaurante, posiblemente no se esperaba esa aceptación del mismo por parte de Rhino. Miraba arriba y abajo, a un lado y al otro, pero nunca posaba su mirada en el mismo sitio más de un par de segundos.
– ¿Que te pasa ahora?–. Le dije en tono cansado.
– ¿No ves que esta mierda no nos va a dar dinero? Papa nos ha dejado un marrón, no un restaurante–. Contestó Bop algo enfadado.
– ¿Y que propones? ¿Acaso quieres robar o vender droga como se ha hecho toda la vida en el barrio?–.
– Señor, almenos eso da más dinero. Y más rápido, se lo aseguro–. Replicó el chico nuevo.
– Tu te callas AJ, no es momento para hablar–. Fui seco, pero conciso.
El ambiente se estaba tornando tenso. Se notaba como Bop estaba enfadandose poco a poco. Quizás se esperaba otra reacción por mi parte, quizás quería que yo también pasara de ese restaurante. Creo que mi hermano siempre ha querido que le acompañe en algo que desconozco por completo. Lo noto vacío, como si le faltará mi pieza para poder completar su puzzle.
– ¿Que queréis, me quito mi nuevo traje y me visto como un pandillero como vosotros?– Dije en tono seco
– Pues la verdad, darías menos pena. Pareces un blanco rico. Eres un negro de Chamberlain, acceptalo hermano–. Dijo bop en tono jocoso.
– ¡Se acabó, ya me he hartado! ¿Quieres esa mierda otra vez? Perfecto. Llama a un taxi, nos vamos a una tienda Binco a por ropa. Negro, acompañamos, ati también te hace falta ropa nueva, no veas como huele esa–.
Aj se olio la ropa, hizo una mueca y nos siguio hasta la puerta sin preguntar ni siquiera nuestros nombres. Este tío quizás este loco de verdad.
YOU ARE READING
Respeto y poder
AdventureLa historia de Rhino. Un buen chico que conoció el camino oscuro, un camino del que no se puede salir.
