El amor es como una rosa.
Sin tener la intención de plantarla, un día nace.
Y cuando la miras, te das cuenta de que existe;
piensas que es lo más precioso que has visto en tu vida.
Entonces la observas con devoción, convencido de que debes protegerla,
de cuidarla de todos y de todo.
La tomas con cuidado, temiendo que sus espinas se claven en ti.
Pero tarde o temprano lo harán.
Y cuando ese momento llegue,
miras tus manos cubiertas de heridas,
marcadas por cicatrices y manchas rojas.
Aun así, sigues aferrándote a ella,
intentando con todas tus fuerzas conservarla a tu lado.
Pero sin darte cuenta, llega el invierno.
Y esa rosa —a la que tanto te aferras—
si no la sueltas tú,
ella sola se marchitará.
Solo quedarán en ti los recuerdos de sus pétalos
y las marcas en tus manos,
que con el tiempo sanarán,
aunque jamás dejarán de existir.
Entonces solo allí comprendes que esa rosa
fue solo una pequeña parte
del inmenso jardín que te espera en la vida.
YOU ARE READING
textos para reflexionar
Randompequeños textos que al leer te dejaran pensando sobre todo
