42

19 1 0
                                        

¿Tío Víctor? —En realidad, él no era mi tío. No de sangre, de todos modos. Era el tío de mi hermano, y yo siempre le llamé tío Víctor, y, a pesar que yo era adulta ahora, me parecía extraño y tal vez un poco irrespetuoso decir su nombre sin que la palabra tío le precediera.

 

—¿Qué estás haciendo aquí? —le pregunté, casi acusé.

 

Él miraba nerviosamente alrededor de la iglesia, y su voz era alta. — Vine a sacarte de aquí.

 

—¿Cómo me has encontrado? —Incluso yo no sabía dónde me encontraba.

 

—Tus padres. —Saltó cuando a uno de los bulliciosos niños se le cayó o tiró un libro o una Biblia en el piso de enfrente—. Es una larga historia. Debemos irnos ahora.

 

—¿Qué? No, no me iré a ninguna parte —grité más fuerte de lo debería.

 

El diácono detuvo su sermón. Y luego, con un gesto de fastidio, continuó.

 

Víctor estaba fuera de sí. —¿Qué quieres decir con que no te irás? ¡Estoy arriesgando mi placa por venir a rescatarte!

 

—No hay nada de qué rescatarme. Quiero quedarme aquí.

 

Me agarró del hombro mientras se inclinaba y me susurró apresuradamente—: Jovencita, en cinco minutos, la DEA llegará y le disparará a cualquiera que se interponga en su camino. No harán ninguna pregunta. Si tienes suerte, sólo van a arrestarte, pero ya no seré capaz de ayudarte, entonces.

 

Parecía como si alguien le acabara de sacar el aire de sus pulmones de un golpe a Frances.

 

—Van a alejarme de Daniel si me arrestan —susurró ella distraídamente. Su rostro lucía pálido y aterrorizado cuando se volvió hacia mí—. __(tn), no pueden arrestarme. Perderé a mi hijo.

 

Víctor nos miró y suspiró con impaciencia.

 

—La sacaré a ella también —accedió—. pero tenemos que irnos ya.

 

—Lleva a Frances contigo —ordené—. Yo no me iré. A mí me pueden arrestar si lo desean. No me importa.

 

—Le prometí a tu madre que te sacaría de aquí ilesa. Si regreso sin ti, rodará mi cabeza y mi placa. O vienen las dos, o todos seremos arrestados o asesinados.

 

Los ojos de Frances me suplicaban. Mis pensamientos eran un caos, tomar una decisión rápida no era mi fuerte. Miré hacia la puerta por la que Justin salió con la esperanza de que si me quedaba mirándola con suficiente fuerza, él entraría, pero no lo hizo. Sin embargo, yo sabía cómo hacer que regresara. Sin bajar la mirada, presioné el botón rojo de la radio de onda corta y cándidamente me volví hacia Víctor.

Amor ProhibidoWhere stories live. Discover now