El cielo siempre fue un lienzo de paz absoluta, pero para el pequeño ángel de ojos celestes, la perfección resultaba monótona. Chifuyu pasaba los siglos asomándose por el borde de las nubes, fascinado por el caos brillante de la Tierra. Anhelaba sentir el calor del sol real, el viento frío y, sobre todo, descubrir qué era ese hilo rojo del que los humanos tanto hablaban. Tanta era su pureza y su ferviente deseo que Dios, conmovido por la luz de su inocencia, le concedió el milagro. Chifuyu descendió al mundo mortal, despojándose de sus alas con una sonrisa, listo para vivir.
Y en la Tierra lo encontró. Su alma gemela tenía el nombre de Baji Keisuke, un humano de alma salvaje, colmillos afilados y una lealtad inquebrantable. A su lado, Chifuyu conoció un amor tan profundo que hacía que el mismísimo paraíso pareciera un desierto gris.
Sin embargo, el mundo de los mortales es cruel. La tragedia no tardó en alcanzarlos, y la vida de Baji le fue arrebatada de las manos de la forma más violenta posible. En los brazos de Chifuyu, el fuego de Keisuke se extinguió, dejando al antiguo ángel con las manos manchadas de sangre y el alma rota en mil pedazos.
El dolor de la pérdida mutó en algo oscuro. La devoción que antes Chifuyu le rezaba al creador se convirtió en un juramento de sangre.
Corrompido por la ira y una tristeza insoportable, Chifuyu persiguió a los culpables. La gran luz de su corazón, aquella que una vez deslumbró en el cielo, se fue apagando lentamente con cada acto de su venganza. Cuando el último de sus enemigos cayó, no quedó nada del ángel; solo un cascarón vacío. Consumado su castigo al mundo, Chifuyu no buscó redención. Con el mismo filo que ejecutó su justicia, se quitó la vida, sabiendo perfectamente que un alma corrupta y suicida solo tendría un destino: el destierro eterno.
Mientras tanto, en lo alto del paraíso, Baji Keisuke esperaba. Había sido recibido con honores en el reino de Dios debido a su noble corazón, y contaba los días para reencontrarse con su compañero. Pero la noticia que recibió de los arcángeles le destrozó la eternidad: Chifuyu no vendría. Su amado estaba ahora en las brasas del infierno, sufriendo el tormento eterno por pecados cometidos en su nombre.
Desesperado, Baji cayó de rodillas ante el trono divino. Lloró lágrimas de oro y suplicó, no por su propia salvación, sino por otra oportunidad para el alma que se había condenado por amarlo tanto.
-Déjanos volver -rogó Baji, con la voz quebrada-. Solo una vida más en la Tierra. Déjame salvarlo como él intentó salvarme a mí.
Dios, observando el peso de ese amor trágico, dictó su sentencia con una voz que hizo temblar los cielos:
-Esta será su última oportunidad. Volverán sin recuerdos de su pasado celestial, pero sus almas buscarán unirse. Si el destino vuelve a torcerse, si la oscuridad los vuelve a separar, la sentencia será implacable: los apartaré hasta el fin de los tiempos, y ambos pagarán el precio de haber desafiado mi diseño.
Baji aceptó sin dudar.
El fuego del infierno y la luz del cielo se fundieron en un destello cuando las almas de Baji y Chifuyu reencarnaron en el mundo humano, entrelazadas por un hilo rojo ahora inquebrantable, listos para buscarse en una nueva vida donde la muerte ya no se atreviera a separarlos.
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Mi ángel (Bajifuyu)
FanfictionChifuyu era un ángel que cayó a la Tierra por amor, pero la tragedia le arrebató a su alma gemela, Baji Keisuke. Consumido por la ira, Chifuyu buscó venganza y terminó condenándose al infierno. Ahora, desde lo alto del cielo, Baji negociará con Dios...
