Le encantaba pasar las noches de verano en aquel autocine, es algo que solían hacer los dos. Y, a pesar de que ahora se encuentre solo, continúa yendo. Suele decir que lo hace para distraerse y así mantener activa la mente, pero lo que ni sus labios ni su corazón quieren aceptar es que lo hace para recordarla. Y, pese a que ya no sabe ni de quién se trata ni por qué la añora, siente que es algo que tiene que hacer.
Cada recuerdo es como una escena, y realmente no va a ver ninguna otra película que la que, sin querer, se reproduce en su memoria. Son recuerdos cálidos. Puede verla, e incluso puede sentirla. Pero no hablan, tan solo se miran. Mario se estremece, mientras pregunta con una voz trémula: "¿Quién eres? ¿Por qué no puedo recordarte?". Después empieza a llover, y las gotitas acaban perdiéndose en sus lágrimas. Lágrimas que le queman.
Y así llega la hora de concluir su estancia en el autocine; aparece un hombre que lo recoge y lo lleva de vuelta a la residencia. Es su hijo, quien empieza a contemplar a su padre con tristeza. Comienzan a andar, paso por paso, y no se dirigen ni una palabra. Una vez han llegado, Joan ayuda a su padre a acostarse, y le pone una videograbación de la que fue su vida. Entonces Joan sale de la habitación, como de costumbre, con sus ojos húmedos y su corazón abatido. Así pues, se acerca al médico de su padre y le pregunta que cuándo terminaría esa pesadilla, es decir, la amnesia disociativa que su padre padece. Pero, una vez más, la respuesta es "tiempo"; cosa que Joan teme que su padre no tenga.
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Sin Querer Acabé Olvidándote
RandomPara Mario ir al viejo autocine se ha convertido en una rutina, y no por el hecho de ir a disfrutar de alguna película; es su lugar para recordar, para recordarla a ella. Siente una fuerte conexión con ese sitio, una conexión que le permite volver a...
