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A cada lugar que volamos, las personas se dispersan bajo nosotras. Ven la gran sombra de enjambre debajo de ellos, y corren. Volamos sobre el paisaje urbano que ha sido carbonizado, destruido, y más que todo abandonado. San Francisco solía ser una de las ciudades más hermosas del mundo, con su tranvía y restaurantes famosos. Los turistas solían dar un paseo en el Muelle de Pescadores y navegar por los callejones atestados de gente en Chinatown.

Ahora los sobrevivientes mugrientos pelean por sobras y acosan a mujeres aterrorizadas. Se escapan entre las sombras y desaparecen tan rápido como nos avistan. Los únicos que quedan son los más desesperados que eligen quedarse a cielo abierto, esperando escapar de las pandillas por el par de segundos que sobrevolamos.

Debajo de nosotras, una chica se encorva sobre un cadáver con los brazos extendidos. Ella difícilmente nos nota, o simplemente no le importa. Aquí y allá, veo luces brillando sobre algo en una ventana, señal de que alguien está mirando a través de binoculares, o quizá apuntando con un rifle hacia nosotras mientras pasamos.

Debemos ser todo un espectáculo. Una nube de langostas, del tamaño de un hombre con colas de escorpión en el cielo. En medio de todo eso, un demonio con enormes alas cargando a una chica. Por lo menos, Rosé parece ser el demonio que nadie sabe que era un arcángel volando con alas que tomo prestadas.

Probablemente piensan que secuestro a la chica que está sosteniendo. Ellos no pueden saber la posibilidad de sentirme segura en sus brazos. Donde estoy descansando la cabeza en el calor de la curva de su cuello porque me gusta sentir su piel.

— ¿Los humanos siempre se ven así desde aquí arriba?— Pregunto.

Ella esponde. Y puedo sentir las vibraciones en su garganta y veo su lengua moverse, pero no puedo escucharla por encima de los miles de zumbidos que hacen las langostas.

Quizá es bueno que no la pueda escuchar de todos modos. Los ángeles probablemente pensaran que parecemos cucarachas escurriéndonos de una sombra a otra.

Pero no somos cucarachas o monstruos, no importa lo que los ángeles piensen de nosotras. Seguimos siendo las mismas personas que alguna vez fuimos. Por lo menos, lo tenemos en el interior.

Eso espero, de cualquier modo.

Miro hacia mi hermana cortada en pedazos que vuela a nuestro lado. Incluso ahora, tengo que recordarme de que NingNing sigue siendo la misma chica que siempre ame.

Bueno, tal vez no exactamente la misma.

Ella está montando el cuerpo marchito de Beliel, el que está empezando a ser trasportado como un palanquín por varias langostas. Tiene sangre sobre él y parece que está muerto incluso si aún está vivo.

No es peor de lo que merece, pero aún hay una parte de mí que se pregunta por la crueldad primitiva de todo.

Una isla gris de rocas aparece frente a nosotras en medio de la bahía de San Francisco. Alcatraz, una prisión famosa. Hay un torbellino de langostas sobre la isla. Es una pequeña parte de la colmena que vino cuando NingNing les pidió ayuda en la playa hace unas horas.

Señale hacia un punto detrás de Alcatraz. Es más grande y verde, sin edificios que pueda ver. Estoy muy segura que es la isla del Ángel. A pesar de su nombre, cualquier lugar puede ser mejor que Alcatraz. No quiero a NingNing en esa roca infernal.

Nos desviamos alrededor del enjambre de langostas y nos dirigimos hacia la gran isla.

Propongo que NingNing venga con nosotras. Su langosta y los más cercanos a ella nos seguirán pero la mayoría se unen al enjambre sobre Alcatraz, aumentando el tamaño del embudo oscuro sobre la prisión. Algunos parecen confundidos, siguiéndonos al principio, después cambiando dirección y dirigiéndose atrás de Alcatraz como si fueran obligados a formar parte de la colmena.

Solo un puñado de langostas se quedan con nosotras mientras circulamos la isla del Ángel buscando un buen lugar para aterrizar. El sol naciente destaca los árboles verde esmeralda rodeados por la bahía. Desde este ángulo, Alcatraz está situada frente a un gran panorama de la ciudad de San Francisco. Debe haber sido impresionante en algún tiempo. Ahora parece como una línea de dientes rotos.

Aterrizamos en el agua en la costa oeste. Los tsunamis dejaron un torbellino de rocas y ladrillos en la playa y una masa de árboles astillados de un lado de la colina dejando el otro lado casi intacto.

Cuando llegamos a la tierra, Rosé me soltó. Me sentí como si me hubiera acurrucado contra ella por un año. Mis brazos estaban prácticamente congelados alrededor de sus hombros, y mis piernas rígidas. Las langostas aterrizaron como si estuvieran teniendo los mismos problemas.

Rosé estiro su cuello y sacudió los brazos. Sus alas de murciélago se replegaron y desaparecieron detrás de ella. Seguía utilizando su máscara desde la fiesta que se convirtió en masacre en el nido. El rojo profundo sobresalía del plateado, y cubría todo su rostro excepto por su boca.

— ¿No te vas a quitar eso?— Sacudo el entumecimiento en mis manos.— Pareces como la muerte en alas de demonio.

— Bien. Así es como cada ángel debe verse— Se encoge de hombros. 
Supongo que no es fácil tener a alguien aferrado a ti durante horas. A pesar de que intenta relajar sus músculos, está en alerta máxima mientras sus ojos escanea su entorno.

Ajusto la correa alrededor de mi hombro así que esa es mi espada, disfrazada con el oso de peluche, situada contra mi cadera para un fácil acceso. Entonces me paro para quitar a NingNing de encima de Beliel. Mientras ne acerco a ella, su langosta me gruñe, apuntando su cola de escorpión en mi dirección.

Me detengo, mi corazón golpeando.

Rosé está a mi lado en un instante.

— Déjala acercarse— Dice tranquilamente. NingNing suelta su agarre y acaricia a su langosta con su pequeña mano.— Shh… Está bien. Es solo Lisa.

Todavía me sorprende ver a estos monstruos escuchando a mi hermanita.  Nuestra mirada hacia abajo dura un momento más hasta que las bestias bajan sus aguijones bajo el tarareo suave de NingNing. Dejo escapar una respiración, y me regreso, dejandola calmándolos.

NingNing se inclina para recoger las alas cortadas de Rosé. Ella había estado recostada sobre ellas, y las plumas manchadas parecían aplastadas, pero empezaron a esponjarse casi al instante en sus brazos. No podía culpar a Rosé por quitárselas a Beliel antes que las langostas chuparan la vida del resto del demonio, pero desearía que no lo hubiera hecho. Ahora necesitábamos encontrar un doctor para volver unirlas a Rosé antes que se marchitaran.

Empezamos por la playa y vimos un par de botes atados a árboles. La isla debía ser ocupada después de todo.

Rosé se movió con nosotras para ocultarnos mientras nos dirigíamos por la ladera. Parece que solía haber una fila de casas a un lado de la colina. En la parte baja, solo quedaban cimientos de hormigón, llenos de tablas rotas manchadas de agua y sal. Pero en la parte más alta, varios edificios con tablas parecían intactos.

Nos escabullimos detrás del edificio más cercano. Es lo suficientemente grande como para haber sido un cuartel de algún tipo. Como los demás, se selló con tablas pintadas de blanco. Parecen haber sido puestas antes del gran Ataque.

Toda esto se siente como un asentamiento fantasma excepto por la casa en la colina con vista hacia la bahía. Es una Victoriana intacta, complementada con una cerca blanca. Es el único edificio que parece la casa de alguna familia y la única con color o cualquier sentido de vida. No veo ninguna amenaza, ciertamente nada que las langostas no pudieran asustar, pero me mantengo fuera de vista de todos modos. Miro como Rosé salta para volar sobre la colina, moviéndose, desde una barraca a un árbol, haciendo su camino hacia la casa principal.

Cuando llega ahí, un disparo destruye la paz.

¡Gracias por leer!

End Of Days ✞ Chaelisa Stories to obsess over. Discover now