EPÍLOGO

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Paula se despertó con 5 llamadas perdidas de Lucía. Que pesada. Desde que se enteró de lo que hizo, no quiere saber nada de ella. Pero aún está lo suficientemente reciente como para no poder bloquearla. No le va a devolver las llamadas, eso lo tiene claro; sabe lo que quiere, y lo que va a decirle, así que no tiene curiosidad del porqué la llama. Pero, a pesar de todo, la echa de menos.

Se levanta de la cama y se dirige al salón, donde ya están su abuela y su hermana sentadas en la mesa, desayunando. Se ha pasado toda la noche llorando, así que se dirige directamente al baño, esperando que ninguna de las dos se dé cuenta, pero no es así.

-Hola cariño, ¿has pasado buena noche? - la saluda Guadalupe, su abuela adoptiva, con la cual convive junto con su hermana desde que sus padres la dieron en adopción. Nunca ha querido que la llamasen "mamá" ya que se considera demasiado mayor, a pesar de que en verdad es relativamente joven.

-Muy bien abuela, voy al baño, ahora vuelvo y desayunamos las tres juntas – intenta escaquearse ella.

-Ven aquí- le dice antes de que se pueda meter al baño.

Paula le hace caso y se acerca a ella, con la cabeza gacha. Aún no ha podido mirarse en un espejo, pero sabe que tiene los ojos hinchados de llorar y la nariz y mofletes colorados, de esa forma que le parecía tan adorable a Lucía.

- ¿Aún la echas de menos? Ayyyy, cariño, qué difícil es el amor.

-¿Me puedo ir ya, abuela?

-Si, claro, ven ahora y me dices si ha pasado algo más. -le responde, bebiendo un sorbo de su taza.

Paula la mira, con los ojos abiertos de par en par, sorprendida de que sepa que ha pasado algo.

-No me mires así, se te nota en la cara. -

-Me he despertado con 5 llamadas perdidas suyas- suelta por fin.

- ¿No le vas a devolver las llamadas?-

-No abuela, no quiero hablar con ella, no después de lo que hizo.

Su abuela suspira. Han tenido esa discusión desde que lo dejaron hace apenas 2 semanas. Está a punto de darle su opinión por vigesimotercera vez cuando interviene su hermana por primera vez en la mañana.

-Yo creo que deberías perdonarla. Tampoco te ha hecho nada tan grave –interviene Daniela, que hasta ese momento había estado viendo toda la discusión.

-Tu calla, eres muy joven y no sabes nada- le responde Paula, molesta.

-Solo tengo un año menos que tú, sé exactamente lo mismo que tú, - le replica ella- además, tengo razón. Rompiste no porque te hiciera algo horrible, lo hiciste porque tú quisiste romper, para haceros daño a las dos.

Paula se mantuvo callada. Se tomó una taza de café con leche que le había preparado Guadalupe y volvió a su habitación. Su hermana tenía razón a medias. Rompió con ella para no hacerle daño, ya que, en año y medio de relación, no había podido mantener la promesa de no cortarse más.

y acabaron en el hospitalStories to obsess over. Discover now