El monstruo que más me aterra me explicó el otro día su intención.
Se acercó, y alejándome de la inspiración,
Me contó que había perdido su identificación.
“No podrás entrar entonces” le contesté,
“En este rincón guardamos todo lo que miedo me dé,
Así que cómo voy a temer a algo que no sé lo que es?”
“No lo has comprendido” habló él.
“Mientras tú confías en que no sabes quién soy,
Me adentro con sigilo en tu interior.
Me camuflo en tu cotidiano
Y no hago tu sueño más liviano.
Poco a poco mi presencia vas notando,
En pequeñas crisis, gritos ahogados.
En impulsos y voces quebradas de la nada,
Comienzas a percatarte de mi llegada.
Entonces es cuando más ruido hago,
Cuando agito tu intestino y con tu risa acabo,
Cuando muerdo tu cerebro y fundo tus ideas,
Cuando araño tu corazón provocando grietas.
La sangre sale en forma de notas discordantes,
Inundan tu cuerpo, ahogando a los cantantes.
Los naufragos sucumben, los barcos se hunden,
Mientras que a ti todo esto solo te confunde.
Tus adentros se volverán sangrientos,
Los fieles a tus cuentos se pondrán inquietos.
Las musas murieron, los astros no están,
Lo único que te queda es la verdad,
Yo habré logrado mi finalidad,
Y te darás cuenta de tu incapacidad,
De mi crueldad y tu debilidad,
De lo mucho que echas de menos vivir,
Sin algo dentro que te diga que no debes sonreir,
Que no debes amar, que no debes buscar la cura
Porque no hay ninguna, tan solo una laguna.
Está repleta de fauces abiertas que cortan el aire,
Arrancan los sueños, destripan los afanes,
Y tú te sumerjes doliente en el fondo de esos mares.
No podrás contra mí, ni contra mi fuerza,
Contra mis estrategias o mis muecas.
Venceré sobre tus entrañas,
Porque así son los de mi calaña.
Siento decirte que en cuanto entre a ese rincón,
Sin ninguna razón, sin motivo ni devoción,
Sin creencias ni necesidad de ovación u oración,
Dará igual si he perdido mi identificación,
Porque tú sabes exactamente quién soy.”
