1. Contra la corriente

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Las truchas y los salmones son peces distintos, pero no tanto. Puedes compararlos en cualquier pescadería o en internet. Ambas tienen manchas o pintas, pero las de la trucha llegan hasta la cabeza, mientras que las del salmón apenas se extienden sobre ella. Además, la boca de la trucha es más grande que la del salmón. Y así se pueden encontrar otras sutiles diferencias. Sin embargo, ambas especies comparten el espacio en muchos ríos. Conviven en ellos, se integran, mueven la misma agua. Pero llega un momento en que los salmones deben marcharse aguas arriba en una audaz aventura: solo en lo más alto del terreno, en el lecho de grava, depositan sus minúsculos huevos. Las truchas, en cambio, se quedan en su lugar y viven en paz y sin demasiados sobresaltos. Entre las otras especies de los estuarios tienen fama de haraganas. Así las cosas, y contra todo pronóstico, nuestra historia comienza con la amistad entre una trucha y un salmón.

En su cuarto de arcilla, para tratar de superar aquella injusta fama, la trucha tenía escrito:

Al final todos somos peces.

La trucha y el salmón eran tan unidos que decían que eran peces con cuatro aletas, porque cada uno podía contar con el par de aletas del otro cuando lo necesitara.

A diferencia de su familia, nuestra trucha tenía grandes aspiraciones. Su sueño era ver desde las alturas la pradera por donde pasaba su río. Quería tener una visión más amplia y completa de su lugar para poder entender mejor a los suyos y a ella misma. Pero del lago superior la separaba una larga distancia y siempre en pendiente.

Llegó el día que el salmón y su familia debían iniciar el viaje contra la corriente. La trucha le dijo que los acompañaría, que prefería una vida con riesgos a una paz mediocre, que no podría crecer si se quedaba en ese estanque. Su amigo salmón le advirtió que le resultaría muy duro el viaje, y que incluso podía no sobrevivir porque no estaba diseñada para ello. Un poco herida por esto, un poco por amor propio y otro poco para cumplir su sueño, siguió insistiendo y dijo que iría bajo su propia responsabilidad.

El amigo subrayó entonces: "Tienes el espíritu de un salmón".

"Todos los peces tenemos un poco de los otros", le respondió.

El salmón sonrió. Su amiga era muy especial.

El camino del salmónStories to obsess over. Discover now