Tarde cansada, como muchas, que acumulaba peso sobre mis parpados. Había dejado mis responsabilidades en el tiempo pasado del día recorrido.
Cuando llegaba este momento, mi conciencia se trasportaba a un mar de decaimiento, depresión y planteamiento de mi pasado, presente y futuro. Era como caer en un profundo pozo que se dirige hacia el vacío, que abrazaba mi desesperanza de tener una vida plena y feliz.
Suena como la depresión inexistente, exagerada o fantasiosa de un adolescente, que aun esta encontrando el camino hacia el como afirmar una personalidad, que tambalea entre estereotipos heterogéneos de una sociedad mejor que ayer pero peor que mañana. Nada mas lejos que la realidad, esa realidad que destruía poco a poco la vida de un joven adulto que ni comenzaba a vivirla ¿Irónico? si, desde luego, pero lamentablemente cierto.
¿Cómo podía despejar tal abrumante pensamiento? Desde luego no es sencillo, pero alguna forma encontré, después de tantos años viviendo lo mismo. El chivo expiatorio que se encargaba de acumular mis experiencias rutinarias y ganas de ser algo distinto, fracasando cada día, era mi habitación.
Cálida, pero vacía de calidez, llena pero carente de sentimientos, lo único que me acompañaba en aquel inerte cuarto, era el eco que me recordaba las estupideces que recitaba. Pero hoy, hoy iba a ser diferente...
Me repose sobre la cómoda almohada, acompañada de una suave cama, que me hacia dirigir mi mirada hacia el techo blanco, que tenia la virtud de no pensar, o mínimamente pensar en no pensar, alguna vez me gustaría ser el.
Dentro de mi trance silencioso provocado por el cansancio del día, comenzó a generarse un aura, que podía sentir con básicamente nada, algo no estaba bien, para ponerlo en la realidad, era ese sentimiento de que algo te observa, y te eriza la piel. Ganas no me faltan de evitarlo, pero era muy notorio, pareciese que mi cuerpo quería avisarme obligatoriamente de que no duerma, de que algo falla y no es armónico con la aburrida realidad.
Abrí mis ojos, pero sin moverme, ya que mi vista fue mas rápido que el accionar físico de mi cuerpo, pude divisar, en mi insensible habitación, una especie de ¿Humano? quizá, o por lo menos mi mente lo relacionaba a tal, lo era en aspecto, pero no en lo que expresaba su cuerpo. Contrarrestaba tanto con mi ser alicaído, a su paz que irradiaba. Lo primero que se me ocurre para describirlo: ¿Dios?
Este inexplicable encuentro, no inspiraba miedo, ni odio, solamente paz, intentando explicarlo, era como que ya lo conocía, que el ya vivía aquí antes que yo, en ese cuarto en el que vivo hace años, me indicaba que lo extraño era mi presencia.
—Pregúntame, recupera tu interés en lo aleatorio, la vida.—
Expreso aquel dueño del todo.
Su voz era tenue, armonía, ni la mejor canción creada por el humano igualaba la paz que generaba a mis oídos su voz indescriptible, incomparable a nada de lo que escuche.
En este preciso momento, comenzó mi viaje, inmóvil, en busca de las preguntas que tanto me rodeaban sobre el todo.
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El Yoísmo de mi Habitación
SpiritualEste palabrerío de existencialismo egoísta, será simplemente para desagotar estupideces que se cruzan en mi mente e intentar unirlas con una especie de sentido para generar una suerte de historia. Nada de lo que esta escrito en estos textos son real...
