Sinopsis Y Prologo

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Jude tenía siete años cuando sus padres fueron asesinados y, junto con sus
dos hermanas, fue trasladada a la traicionera Corte Suprema del Reino
Feérico. Diez años más tarde, lo único que Jude desea, a pesar de ser una
mera mortal, es sentir que pertenece a ese lugar. Pero muchos de los
habitantes desprecian a los humanos. Especialmente el Príncipe Cardan, el
hijo más joven y perverso del Alto Rey.
Para hacerse un hueco en la Corte, Jude deberá enfrentarse a él. Y afrontar
las consecuencias. Como resultado, se verá envuelta en las intrigas y
engaños del palacio, ademas de descubrir su propia habilidad para el
derramamiento de sangre. Al tiempo que la guerra civil amenaza con arrasar
las Cortes Feéricas, Jude se verá obligada a poner en riesgo su propia vida
con  una peligrosa alianza para tratar de salvar a sus hermanas, y al propio
reino

                 PROLOGO

Durante una apacible tarde de domingo, un hombre ataviado con un
abrigo largo y oscuro titubeó ante una casa que estaba en una calle
arbolada. No había aparcado ningún coche, tampoco había venido en taxi.
Ningún vecino lo había visto caminando por la acera. Apareció sin más,
como surgido de entre las sombras.
El hombre se acercó a la puerta y alzó el puño para llamar.
En el interior de la casa, Jude estaba sentada en la alfombra del salón
mientras se comía unos palitos de pescado, que estaban pastosos tras su paso
por el microondas y embadurnados con una capa de kétchup. Su hermana
gemela, Taryn, estaba durmiendo la siesta en el sofá, acurrucada bajo una
manta, con el pulgar metido en la boca manchada de ponche de frutas. En el
otro extremo del sofá, su hermana mayor, Vivienne, estaba contemplando la
pantalla del televisor, manteniendo fijas sus singulares pupilas rasgadas
sobre el ratón de dibujos animados que huía de un gato. Se rio cuando
parecía que el roedor estaba a punto de ser devorado.
Vivi no era la típica hermana mayor, pero como Jude y Taryn eran dos
niñas idénticas de siete años —con el mismo pelo castaño y enmarañado, y
el mismo rostro de pómulos prominentes y barbilla puntiaguda—, su caso
tampoco era corriente. A juicio de Jude, tener unos ojos como los de Vivi, y, esas orejas peludas y ligeramente puntiagudas, no resultaba mucho más
extraño que ser el reflejo exacto de otra persona.
A veces notaba que los chicos del vecindario rehuían a Vivi, o que sus
padres hablaban de ella en voz baja, con preocupación, pero Jude no le daba
mayor importancia. Los adultos siempre estaban preocupados, siempre
susurrando.
Taryn bostezó y se estiró, presionando la mejilla sobre la rodilla de Vivi.
Afuera lucía el sol, calentando el asfalto de los caminos de acceso a los
garajes. Se oía el runrún del motor de los cortacéspedes, y los niños
chapoteaban en las piscinas de los jardines traseros.
Cuando llamaron a la puerta, Jude se levantó para ir a abrir. Supuso que
sería una de las chicas del otro lado de la calle, que querría echar una
partida a la consola o invitarla a darse un baño después de cenar.
Resultó ser un hombre alto que estaba plantado sobre el felpudo y que la
miraba con el ceño fruncido. Llevaba puesta una gabardina de piel a pesar
del calor que hacía. Sus zapatos estaban revestidos con plata y tintinearon
cuando el desconocido se acercó al umbral. Jude contempló su rostro en
penumbra y se estremeció.
—Mamá —exclamó—. Mamáááá. Tenemos visita.
Su madre salió de la cocina, secándose las manos en los vaqueros.
Cuando vio a aquel tipo, se puso pálida.
—Vete a tu cuarto —le dijo a Jude con un tono de voz inquietante—. ¡Ya!
—¿De quién es hija? —preguntó el desconocido, señalándola. Tenía un
acento extraño—, ¿Tuya? ¿De él?
—No es de nadie. —La madre ni siquiera miró hacia Jude—. No es hija
de nadie.
Eso era absurdo. Jude y Taryn eran clavaditas a su padre. Todo el mundo
lo decía. Jude avanzó unos pasos hacia las escaleras, pero no quería
quedarse sola en su habitación. «Vivi —pensó—. Vivi sabrá quién es ese
hombre tan alto. Vivi sabrá qué hacer».
Pero Jude no fue capaz de dar ni un solo paso.

choi JoowonWhere stories live. Discover now