Capitulo I. Dedos de salchicha

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Presente

En este preciso instante, mi cabello es un verdadero asco. Mi vida aún más. Apenas me encontré oficialmente fuera de esa discoteca llena de fantasmas e irrepetibles imágenes, decidí quitarme estos zapatos demoniacos que me han dejado los dedos rojos y aplastados. Ahora que lo pienso, toda yo me siento así.

Nunca me he preguntado en mi vida el significado de tener suerte. Supongo que porque siempre la he dado por sentada en ella. Siempre me ha ido bien. Nunca he tenido mayores problemas. Nunca me ha faltado nada de lo esencial. Nunca fui infeliz (¿Estás segura?). Pero hoy, finalmente hoy, con mis pies achicharrados en unos zapatos color coral, el cabello revuelto por el sudor de tanto bailar unas cuantas canciones de Avicii, mi mano derecha inflamada y dolorida, y el mareo divertido de unas cuantas copas de Harp, entendí lo complicado que es, ya sabes, eso de las prioridades. Supongo que, si hablamos de un excelente trabajo rodeado de maravillosas personas, un acogedor departamento lo suficientemente alejado de la ciudad como para poder tomar largas siestas en el balcón sin oír ni el susurro de una moto, una familia que siempre ha querido lo mejor para mí y me ha impulsado a llegar a todo lo que eficientemente he logrado, y un novio que no ha sido más que mi mejor compañía durante dos enteros años. Pues sí, mis prioridades de necesidades están más que satisfechas y sí, efectivamente soy una persona con suerte. Ahora bien, si tan solo consideramos el hecho de que he salido por mi cumpleaños número 22 a una discoteca explotada de gente y el aire de mis pulmones casi fue extinguido, que mis zapatos color coral me han dejado los pies a la miseria y apenas puedo moverlos, que los dedos de mi mano están duros y fríos, casi tornándose de un color morado, que mi novio de dos años enteros se ha estado dando unos cuantos polvos con mi mejor amiga durante un largo tiempo y yo los he visto besándose con mis propios ojos en la discoteca el día de mi cumpleaños, y que ahora estoy volviendo a mi acogedor departamento alejado de la ciudad, sola, borracha, triste y con los pies hechos una pena. Pues entonces, te habrás dado cuenta, hoy no fue mi día de suerte.

En el preciso instante en que coloco las llaves en la cerradura y doy la primera vuelta, escucho un carraspeo a mi espalda. Doy un pequeño brinco y me volteo rápidamente, aún con la mano apretando las llaves. Allí está él. Se encuentra sentado sobre la baranda de la escalera del edificio con las manos apoyadas al costado de las piernas, y me está mirando como si fuera un bicho de otro mundo. Quizás lo sea.

Me mira. Lo miro. Nos miramos por unos cuantos segundos sin decir absolutamente nada. Y entonces me sonríe.

-Ha sido una noche difícil eh, Rosie. Bonito cabello-Dice con descaro antes de darle una pitada al cigarrillo que tiene entre los dedos.

-Mira que soy una persona bastante simpática, pero hoy, Tyson, no estoy de humor para tus chistes.

-Pero si no he hecho ningún chiste.

-Solo de...

- ¿Qué diablos te ha pasado en la mano? -Me interrumpe al mismo tiempo que abre sus ojos como plato y señala a los dedos morados que están apoyados en la llave. Los quito rápidamente y los meto en el bolsillo de mi campera de jean.

-Nada-Me encojo de hombros.

- ¿Por qué tienes los dedos como unas salchichas si se supone que no te ha pasado nada?

Suelto un bufido de unos cuantos segundos y nuevamente vuelvo a colocar mi mano en la cerradura para finalmente adentrarme en el edificio y tener el sueño profundo que me quitará de esta realidad estúpida en la que me encuentro ahora mismo.

-Me corrijo. No me ha pasado que a ti te importe.

-Si no me importara, jamás te lo hubiera preguntado, créeme-Me clava sus ojos marrones como dos puñales y por primera vez en la noche siento que alguien se ha preocupado verdaderamente por mí.

¿Qué con quien estoy teniendo esta conversación nocturna y absurda en la puerta de mi edificio? Su nombre es Tyson, y es mi atolondrado vecino de al lado. Ese que escucha su música insoportable a las 12 de la noche, el que trae a los simios de sus amigos a jugar póker los días semanales, el que por alguna razón tiene el ojo para echarse polvos con las mujeres más gritonas y ruidosas de todo Utah, el que siempre sale a fumarse unos cuantos cigarros a la puerta del edificio y me encuentra para decirme algo sobre mi ropa, cabello, cara, pies, etc. También es una de las personas más graciosas y divertidas que he conocido en toda mi vida, con quien ceno pizza y unas cuantas cervezas en el balcón del edificio cuando me oye llorar del estrés por tanto trabajo, y quien ahora mismo me mira como un padre desesperado tratando de descifrar que ha sucedido con mis dedos de salchicha.

-Puede que...le haya pegado un puñetazo a mi mejor amiga. 

Mis noches junto a tiStories to obsess over. Discover now