Capítulo 1: El Investigador

30 1 0
                                        


Una noche nublada y sin estrellas oscurecía las vigiladas calles del anillo central en la región de Ecront, la capital del Imperio de Rimferad. Se sentía en el ambiente una fuerte tensión, gracias a los constantes patrullajes de las fuerzas de seguridad tolcron, que vigilaban sin cesar tras los últimos intentos de ataques terroristas.

A pesar de todas las medidas de seguridad y control que habían, un hombre avanzaba velozmente por las calles menos iluminadas, teniendo cuidado de esquivar a las patrullas de vigilancia. Ya dos veces habían estado a punto de detenerlo en su trayecto, pero éste solo mostraba el tatuaje que tenía en su antebrazo izquierdo para que los guardias los dejaran seguir.

Ya era bastante tarde, pero el hombre por fin había llegado a aquel sitio en donde tenía una muy importante misión. Un sitio que era conocido como el Templo de Bares, el cual estaba constituido por una gran estructura en forma de domo construida con un material rocoso de color blanquecino muy resistente; solo había una gran puerta circular de hierro y justo encima un brillante holograma que proyectaba, de forma intermitente, el escudo del imperio y el logo de la sociedad científica Sudeoti.

El hombre, cansado y sudoroso, se identificó rápido con el guardia de la entrada, quien le pidió que mostrara su tatuaje que lo identificaba como uno de los investigadores, aunque él creyera que era más como una marca de ganado que otra cosa. Mientras el proceso habitual de seguridad se llevaba a cabo, el cual consistía en pasar por una máquina que lo escaneaba por completo, el hombre hacía su mayor esfuerzo en no mostrar sus nervios y altos niveles de estrés para que el escáner no los detectara. Era evidente que estaba nervioso y aquel escenario lleno de guardias armados observándolo con miradas acechantes no lo ayudaban.

Luego de que oyera el silbido aprobatorio del escáner, el cual para él era como el sonido de unos ángeles, esbozo una tiesa sonrisa a los guardias y continuó avanzando por un largo pasillo. Sus pasos resonaban en aquel gigantesco domo, mientras avanzaba hacia el final en donde se hallaban los ascensores que lo llevarían hasta los laboratorios subterráneos, en donde las más importantes investigaciones para el imperio se llevaban a cabo. Con una pálida expresión en su rostro y una silenciosa letanía en sus labios, entró en el ascensor que automáticamente empezó a bajar al detectar quien era su ocupante, por lo que de inmediato lo llevó hasta el subnivel 05. En su mente repetía cada pequeña acción que debía realizar, cada paso era vital para lograr su meta, pero al mismo tiempo pensaba en las cosas que podrían pasarle si lo descubrían.

El ascensor se abrió para mostrar un pequeño laboratorio con muchos y diversos equipos muy sofisticados. Con sus paredes blancas y acolchonadas parecía ser el tipo de lugar perfecto para mantener a un loco peligroso alejado del resto del mundo. Aquel era su pequeño rincón científico, aunque parecía más una celda por la constante vigilancia que el investigador debía soportar, como un gran ojo que observaba cada uno de sus movimientos, atosigándole en su esclava labor de elaborar diversos aparatos que servirían a los planes del imperio de Rimferad.

Pero justo en esos momentos, poco le interesaban los unificadores moleculares o prototipos de taladros que había construido, su existencia era poca comparadas con lo que realmente estaba buscando. Se sentó en su escritorio y, al mismo tiempo que una pantalla holográfica se desplegaba frente a él, movió su cabeza y agudizó su vista para detectar cualquier señal de aquel ojo siempre vigilante, pero una vez más su búsqueda fue infructuosa. El investigador sabía muy bien que lo vigilaban y que algo debía hacer para evitarlo, por lo que, de la manera más disimulada posible, despegó una cinta especial de su pierna que ocultaba de los escáneres un dispositivo capaz de anular por algunos pocos minutos los sistemas de vigilancia de su laboratorio y remplazarlos por una grabación de él trabajando. Aun así, debía apresurarse y rápidamente empezó a descargar toda la información que necesitaba en una simple y delgada tarjeta contenedora que posó encima de su escritorio.

SOLENAWhere stories live. Discover now