Capítulo 1: Voluntaria

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CAPÍTULO EDITADO EL 1 DE SEPTIEMBRE DE 2023.

Los rayos del sol se cuelan desde los diminutos agujeros de las persianas que eché la noche anterior, esperaba que así el aterrador mañana no llegase, dispuesto a de volverme a la realidad. 

Oculto la escasa visión de luz con mi antebrazo, en un intento fallido por coger de nuevo el sueño. Quedaban unas escasas horas para el medio día, entonces no me quedaría de otra, tendría que salir de la habitación. Suelto un quejido y me pongo boca abajo, enterrando el rostro en la almohada, nada iba a funcionar, era imposible que pudiera volver a dormir.   

Resignada me levanto con lentitud y resoplo, suelto un sonoro bostezo y me estiro como un gato. De un instante a otro escucho pisadas acercarse a mi habitación. Estará enfadado, no he tenido la decencia de madrugar para entrenar antes del gran día y he dormido hasta el amanecer.  

Doy un respingo cuando suenan sus golpes en la puerta.  

—¡No has tenido la decencia de despertarte para entrenar! —sus gritos en este punto no me afectan —¡Te quiero en cinco minutos en el salón con tu ropa de entrenamiento! ¡Cómo se te ocurra tardar, aunque sea un segundo más atente a las consecuencias!

No le respondo, es mi forma de hacerle ver que no tiene ningún poder sobre mí. Aunque, de igual modo, no tengo elección, sé por cuenta propia como de dolorosas pueden resultar sus consecuencias, así que no me apetece desobedecerle y aparecer en la cosecha con un ojo morado o un pie lastimado. Hago lo que se me ordena, me visto y me peino el cabello en un moño — es lo más practico – y me dirijo al salón.  

Mi padre asiente con la cabeza. Es su forma de hacerme saber que iba por buen camino y que muy pronto sería merecedora de su total cariño, pero ya no me importaba, podía repudiarme del apellido Leonhart, no me afectaría en lo más mínimo, ya no.  

—Son las diez de la mañana, es muy tarde para poder ir al bosque a practicar, pero no veo inconvenientes en que estés corriendo alrededor de la casa hasta las doce —sentenció, al ver que no me muevo me dedica una mirada mordaz —¡Venga! ¡No he criado a una debilucha! ¡Muéstrame lo que vales!  

Como acostumbraba, me prohíbe llevarme cualquier insignificante trozo de pan a la boca, debía ganarme mi desayuno, al igual que el almuerzo y la cena. Sin decir ni una palabra salgo de la casa, los rayos del sol iluminan todo a su paso, proporcionan una sensación de calor casi asfixiante. Inspiro antes de empezar a hacer estiramientos. 

A los diez minutos, después de que el silbato de mi padre sonase comencé a correr alrededor de la casa a un ritmo tranquilo. Si presentaba quejas ante eso tenía una excusa. Simplemente debía expresar que prefería reponer fuerzas para los juegos. Él entonces asentiría con la cabeza, lleno de orgullo de que su hija pensase tanto en el bien de su familia y que quisiera sacarlos de la pobreza. Siendo así que iríamos hacia la aldea de los vencedores con todos los lujos que eso incluía. Esas eran sus únicas aspiraciones, me había sacado de aquel orfanato maloliente y en condiciones pésimas únicamente para convertirme en un arma humana incapaz de sentir. Una perfecta máquina de matar que traería un espectáculo de sangre en los juegos. Eso es lo que era yo, una simple marioneta sin voz ni voto. Una herramienta que él utilizaba para lucrarse y ascender su estatus social. Solo me utilizaba para salir de este cuchitril que teníamos por casa. Y le había salido bien la jugada, hacía ya mucho tiempo desde que dejé de sentir — dolía demasiado pararme analizar el dolor punzante de mi corazón así que, preferí ignorarlo —, hacía mucho tiempo desde que me había convertido en una excelente maestra del Muay Thai, nuestro estilo de lucha. Hacía mucho tiempo desde que nada me importaba o me hacía sentir viva. 

Intensifico la velocidad para apartar esos pensamientos de mi cabeza, solo debía hacer una cosa y eso era aceptar que esta es la vida que me había tocado. Nunca podría ser una chica normal, fui criada para convertirme en un arma y hacerle la vida más fácil a mi padre. Eso es, lo demás no importaba, no entendía porque le daba tantas vueltas.  

Entrenada Para El Juego | AruannieHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora