Ella sabía que no podía seguir así, culpándose por algo que no era su culpa, llorando por alguien que no la merecía. No podía seguir encerrándose en su habitación hasta que todo el dolor que sentía desapareciera. No podía seguir tirada en la cama, con la cabeza metida en los libros intentando olvidarse de su historia buscando felicidad o distracción en otras que no eran realidad.
Su madre se lo había dicho, su mejor amiga se lo había dicho, que no era bueno, que tenía que volver de los mundos en los que se imaginaba que vivía y dejar de confundir la ficción con la realidad. Tenía que dejar de pensar en él, en todo el vacío que su marcha la había dejado.
No podía seguir preguntándose que es lo que podía hacer para recuperarlo. Solo tenía que entenderlo, entender que él se había ido, la había abandonado después de prometerla un para siempre. No era bueno seguir jugando con su salud mental de esa manera tan poco sana.
Tenía que centrarse en su futuro, en que haría después de aquellos tres meses que la quedaban para terminar bachillerato y poder cumplir ese sueño que tenía de irse a Estados Unidos a estudiar, pero le dolía tanto...
Había conocido al chico que la había provocado esa sensación de miles de mariposas revoloteando en su estómago. Ese chico con el que se besó por primera vez. Ese chico del que no quería separase nunca porque entre él, entre su pecho y sus brazos, notando como el olor a su colonia, emanaba toda su ropa, se sentía segura. Se sentía como en casa.
Había dicho su primer te quiero, su primer te amo, pero eso ya no servía para nada. Estaba a un día de empezar las clases de nuevo después de las vacaciones del segundo trimestre y eso implicaba verle, todos y cada uno de los días, en algunas clases, en el recreo, en los pasillos, en la cafetería... Recordando como si hubiera pasado hace pocas horas como la dejó por teléfono el día después de Navidad.
Mamá y yo estábamos recogiendo la mesa de anoche. Habíamos cenado con toda la familia y recoger veinte platos y cubiertos llenos de restos de comida no era el plan que me imaginaba la mañana del día de Navidad. Metí las últimas copas en el lavavajillas cuando el sonido de mi teléfono inundó toda la cocina. Su nombre apareció en la pantalla. Subí las escaleras y me senté en un pequeño sobresaliente que tenía la ventana de mi habitación.
-Noa, ¿podemos hablar? -La voz de Mark me provocó la misma sensación de adrenalina que me llevaba provocando casi un año atrás, cuando empezamos a salir.
-Sí, claro.
-Te dejo. -Su voz se quebró y se volvió más agrietada. -No puedo seguir contigo. Hay...hay otra, pero...-No tuve las suficientes agallas como para seguir escuchando que excusa tenía para dejarlo a tan solo dos días de cumplir un año juntos, así que le colgué, mientras el teléfono se me resbalaba de las manos.
Mis ojos rebosaban de todas las lágrimas que producía. Me quedé inmóvil, con mis rodillas tocando mi pecho y mi teléfono en el suelo. No sollozaba, ni gritaba como mi cuerpo me pedía hacer. Tan solo me quedé ahí, mirando por la ventana, recordándome una y otra vez como todo lo que había construido, poco a poco se desmoronaba. Como la chica que soñaba ser querida de aquella forma, poco a poco se rompía.
No podía creerme que me hubiera dejado por otra. Ahora sería la cuernuda que había caído en las mismas mentiras que salían pronunciadas por la voz que más me gustaba escuchar durante un año.
Escuché a mi madre entrar y también sentí como me tocó el hombro y me acariciaba las mejillas para secarme las lágrimas, eso fue el último gesto bonito que sentí.
- ¿Qué ha pasado, Noa? -Mi madre sonaba preocupada.
-Me ha dejado por otra.
Abracé a la mujer que había estado siempre para mí, incluso cuando se derrumbó tras la muerte de mi padre, dejándonos a mi madre, a mi hermano y a mí solos.
Lloré como nunca lo había hecho. Me pasé días y días enteros llorando, algunos incluso salía a pasear y me sentaba en nuestro sitio, sin parar de recordar, una y otra vez que ya no le tenía, que se me había ido desvaneciendo poco a poco delante de mis narices y que yo ni si quiera me había dado cuenta.
Escuchaba todas las noches nuestra canción antes de ir a dormir y a veces me obligaba a mi misma a quitar las fotos que teníamos juntos y guardarlas en el cajón de mi mesilla, sabiendo que lo iba a abrir de vez en cuando para volver a mirarlas y aferrarme al pasado.
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Todo sin ti, duele.
RomanceNoa necesita curarse, sobre todo antes de irse, ¿pero será capaz de hacerlo después de que el chico al que amaba le rompiera el corazón? ¿Se irá sabiendo que cuando vuelva él la seguirá queriendo o simplemente se habrá quedado en un simple amor de a...
