La Luna nunca brilla sin traerme sueños

16 3 0
                                        

Una vez estuve a punto de morir. Fue cuando tenía seis años, estábamos de vacaciones con tía Martha en las costas del norte.
Recuerdo haberme escapado del hotel para ir a nadar, todo estaba aún oscuro cuando llegué el agua. Estaba helada, lo recuerdo a la perfección. Entré al mar y, al principio todo iba bien; el sol apenas se veía en el horizonte  y las aves comenzaban a despertar... Y sucedió. Todo pasó muy rápido, las olas se hicieron más grandes y la marea comenzó a tirar de mí, traté de afianzar mis pies en la arena pero ésta se hundía con cada paso que daba. De repente todo se apagó: las aves, el ruido de las olas en la orilla, todo.
Tuve que cerrar mis ojos cuando una ola me envió hacia abajo, y ya no pude ver más. Traté de gritar y patalear pero para que una niña de seis años pueda vencer la corriente del mar... Era imposible que lo lograra.
Poco a poco el agua comenzó a entrar en mis pilas y... ¡Demonios! Eso si que quemaba. La sensación de ahogo era tan horrible que mi cerebro que inmediatamente se desconectó, trayendo consigo la oscuridad.
Estuve flotando, perdida a la deriva en un mar de completa negrura. Nosé cuánto tiempo permanecí allí, parecieron ser días pero quizás solo fueron horas porque cuándo desperté me encontraba en una sala de hospital, rodeada de personas con batas blancas y anteojos graciosos.
Ellos dijeron que estuve a punto de morir, que cuándo había llegado al hospital mi corazón apenas palpitaba. Solo un pálpito leve, pero al fin y al cabo era un latido de mi corazón.
Una señora que estaba con ellos dijo que era un milagro el que hubiera despertado, tía Martha también lo pensaba.
Desde pequeña la muerte me ha perseguido; mi madre murió al darme a luz y por segundos también yo. Nunca la conocí, lo único que tengo de ella es un álbum de fotos y un diario a medio escribir, pero eso no impide que noches como éstas me siente en el alféizar de mi ventana a imaginar cómo sería si ella estuviera aquí.
"La Luna nunca brilla sin traerme sueños" creo que leí en algún lado, no lo sé, mi memoria nunca ha sido buena para recordar.
Quizás debería irme a dormir pero vuelvo a observa por la ventana.
El Jardín sigue igual que noches atrás: la cerca de madera descolorida por las constantes lluvias, el mismo pasto entremezclado con las hierbas de maleza creciendo aquí y ahí, las masetas de arcilla con las plantas de flores, los mismos árboles silvestres que rodean las casas del vencindario y que marcan el inicio del bosque.
El bosque. Una vez me perdí ahí...

SHADOWWhere stories live. Discover now