I.

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Varian se encontraba relajado en su celda comiendo una manzana junto a su fiel amigo Ruddiger, sabía que era cuestión de tiempo hasta que ellos llegaran con él. Era divertido, pero en la cárcel se conocían los chismes bastante rápido, después de todo, las damas de la servidumbre siempre hablaban con los guardias, contándoles todos los pormenores del castillo y después estos, aburridos en el calabazo los comentaban entre ellos sin preocuparse de que los reclusos escuchen. Y el chisme de que la princesa Rapunzel estaba gravemente enferma y con un bebe en su vientre se esparció mucho más rápido que cualquier otro. También había oído como el rey Frederic había mandado a traer a los mejores médicos de los 7 reinos e incluso de más allá, también llamo a botánicos, científicos y hasta hechiceros, sin embargo, la historia se repetía al igual que hacía más de 2 décadas atrás como le paso su esposa y ahora ya no tenían a aquella flor milagrosa...

- Pero que irónico. – Dijo entre risas.

- Prisionero, de pie. – Le ordeno un guardia de pie frente a su celda. – Viene el rey Frederic.

Varian volteo a verlo y de mala ganas se levantó, sería mejor portarse bien al menos por ahora. Después podría hacer enfadar al monarca a sus anchas.

- Vaya, haberlo avisado antes, me hubiera vestido para la ocasión. – Musito divertido. Había crecido bastante desde que fue encarcelado y obviamente no le entregaban la mejor ropa, con suerte eran de su talla y que hablar de todos los agujeros y remaches que tenían.

- Varian de Corona Antigua. – Lo saludo el rey ya frente a él.

Atrás del monarca pudo ver a Eugene, tenía grandes ojeras y su cabello había perdido el brillo, sí que amaba a aquella princesa rubia. Además de otro par de guardias, pero que tontería, como si les pudiera hacer algo allí encerrado sin alquimia.

- Mi rey. – Le devolvió el saludo con una sonrisa cínica y se inclinó levemente. - ¿A qué se debe esta ilustre visita? ¿Gusta un té de hongos? También tengo galletas rancias, aunque creo que una rata mordisqueo una, lo malo es que no recuerdo cual fue...

- No estoy aquí para juegos, niño. – Dijo molesto. Cada segundo era preciado, cada segundo sentía que su hija estaba más cerca de la muerte. – Vengo aquí por mi hija.

- Sí, creo que escuche algo sobre que iba a morir y que de paso estaba embarazada. Felicidades, por cierto, príncipe Eugene. – Respondió el alquimista con calma quitándose la suciedad de las uñas divertido por la cara de aflicción del castaño. – Pero ¿eso en que me afecta?

- Sé que tú puedes descifrar el pergamino que habla de la flor, encontramos las partes faltantes y necesitamos que lo traduzcas y crees un remedio para ella, que pueda sobrevivir al parto y tenga una larga vida. – Explico muy serio. – A cambio te daré tu libertad.

- No gracias. – Respondió sin inmutarse el joven mientras se volvía a recostar y el mapache se recostaba en su pecho.

- ¿Que? – Preguntó desconcertado el rey.

- Que si quieren mi ayuda deben ofrece algo mejor. Después de todo ya cumplí poco más de la mitad de mis 10 años de condena, además gracias a la princesa ahora los reclusos tienen acceso a cualquier libro de la biblioteca y aun me queda mucho por leer. – Explico mientras sacaba un libro de debajo de su almohada y se disponía a seguir leyendo.

- ¿Qué quieres entonces? – Pregunto el monarca molesto, pero sobre todo desesperado.

- ¿Lo que yo quiera? – Necesitaba saber si habían limites, porque pensaba romperlos. Tenía que aprovechar ese momento donde él estaba sobre todos, incluso sobre su rey.

- Si. Lo que sea lo conseguiré. – Respondió con seguridad. Incluso si quería su propia cabeza era capaz de dársela por su hija y su futuro nieto.

El elixirWhere stories live. Discover now