La negra humareda que envolvía el cielo de cenizas selló el atardecer un día más. Hacía años que nadie veía el color del sol tal como se había conocido.
Del espesor de la inmensa nube comenzaron a danzar amenazantes destellos zigzagueantes como sierpes, atravesando el cielo nocturno.
Todo cuanto alcanzaba la vista se cubría bajo aquel manto insólito e imponente de tormenta...
Tan pronto como los truenos comenzaron a llenar el vacío silencio, Agnes Martell abrió los ojos, sorprendida, llena de incredulidad y terror a juzgar por la expresión que invadió su semblante, sudoroso y pálido, marcado por signos de agotamiento y agonía.
Como si de una exhalación se tratase, la mujer saltó de la cama corriendo hacia la puerta de su dormitorio.
Inmediatamente, en la lejanía, comenzó a escucharse el fúnebre y rotundo toque de una ensordecedora alarma que anunciaba una evacuación inminente.
-"¡Morgan! ¡Morgan, despierta!"-Vociferaba la mujer corriendo hacia el cuarto que se encontraba al final de un maltrecho pero largo pasillo.
De pronto el suelo de maderas podridas bajo sus pies comenzó a temblar, derrumbándose parte de éste.
La carrera hacia la última puerta del pasillo se convirtió en un infierno de obstáculos para la mujer, que, desorientada por el estruendo de la alarma y su débil estado de salud, se tambaleaba con la facilidad de un velero en mitad del océano.
La mujer, impotente, comenzó entonces a gritar con todas sus fuerzas:
-"¡Morgan! Tenemos que irnos... ¡Ahora!"
Casi inmediatamente la puerta se abrió con un crujido dejando ver la figura de una niña de no más de once años, de cabellos salvajes y enredados y el rostro cubierto con un pañuelo de tela.
La niña parecía comprender a la perfección lo que ocurría, se comportaba como si aquello fuese el pan de cada día, actuando casi por inercia.
Tras ella, una niña de menor edad asomó la cabeza por debajo de los hombros de su hermana, asustada, con los ojos tristes y temerosos, clavados en los de su madre.
-"Vamos, por aquí niñas, con cuidado."- Indicó Agnes cargando contra una de las puertas que se hallaban a su lado.
Esta cedió cayendo con aplomo al suelo e inmediatamente madre e hijas cruzaron el marco de la puerta lo más rápido que sus pies les permitieron.
La mujer se apresuró contra el suelo, palpando desesperadamente a ciegas tratando de encontrar algo a ras del mismo.
Fuera el panorama empeoraba por momentos.
A través de una vieja ventana, podía observarse como el cielo se teñía de un rojo anaranjado intenso que despuntaba entre los nubarrones negros. Aviones de combate rasgaban el velo de la noche, apareciendo entre las nubes como gigantescas aves rapaces. Las balas perdidas surcaban el cielo y goterones de lluvia empapaban los cristales. Con tanta fuerza golpeaban que parecía que iban a destrozas los frágiles cristales.
-"Vamos... Vamos..."-Murmuraba la mujer haciendo cada vez más notorios sus nervios a medida que pasaban los segundos.
-"Mami tengo mucho miedo"-Gimoteaba la pequeña, aferrada a un viejo peluche y a la mano de su hermana al mismo tiempo.
-"Agnes Martell se volvió inmediatamente hacia su hija, mirándola con ternura y tomando su mentón, le dijo:
-"No te preocupes Yara, cielo, mamá os sacará de aquí a ambas, os lo prometo. Dame unos segundos para encontrar la trampilla. Cogeremos lo indispensable y saldremos de aquí lo más rápido posible, pero necesito que te calmes..."
No pudo la mujer terminar de pronunciar estas palabras cuando fuera se escuchó un enorme estallido que hizo temblar aún más, si cabía, los cimientos de aquella casa en ruinas.
Las tres quedaron expectantes, mirando hacia la ventana. Un silencio tenso se creó entre ellas.
Todo cesó por unos segundos que se convirtieron en los más bochornosos del que tuviesen recuerdo.
De pronto, algo comenzó a golpear con furia una de las puertas, intentando derribarla.
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VORTE-X
Science FictionCuaderno de bitácora de Richard Fitzg: "¡Mayday! repito, ¡Mayday! El sujeto 23-B se encuentra inestable, los indicadores rozan los límites de dióxido de carbono en sus pulmones... Estamos entrando en la atmósfera de Gorgon, la hostilidad se ha dispa...
