Prólogo

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Tres semanas. Tan solo tres semanas faltan para mi cumpleaños número dieciocho. En otras circunstancias yo debería estar preparándome para ser presentada en sociedad, conseguir un esposo que solo busque mi dote, convertirme en una esposa que solo aparece en los retratos, que espera pacientemente a su esposo mientras este se encuentra deshonrando su matrimonio en el bar más cercano.

Mi padre, el Conde Fernando Sierra. El hombre más poderoso de la región, que cuenta con una gran fortuna, parientes pertenecientes a la Corona, casado con una de las mujeres más hermosas del Estado, que, además, es hija de personas muy respetables. El hombre a quien al parecer la suerte le sonreía, menos cuando me concibieron, claro está.

Rosa Velásquez de Sierra, ese es el nombre de mi madre. La hermosa mujer con la que Fernando procreó dos hijos varones y a mí, la única mujer. Mis padres son como esas parejas perfectas que he leído en las novelas, se aman. Pero como en toda historia de amor, debe haber algún obstáculo.

Mi nombre es Cristal Sierra Velásquez. He pasado toda mi vida encerrada en mi casa para que solo mi familia y algunos criados de confianza tengan que pasar el sufrimiento de verme todos los días. El día que nací, la partera informó a mis padres que por una razón que ella desconocía, la mitad de mi rostro estaba desfigurado. Debajo de mi ojo izquierdo comenzaban las ramificaciones carmín que ocultaban cualquier rastro de belleza que pudiera tener. Nací teniendo la apariencia de un monstruo.

Desde que tengo uso de razón, he estado bajo el estudio de varios galenos que siempre obtienen el mismo resultado. Ninguno de ellos podía explicar la razón de mi desgracia, mucho menos podrían hacer algo para librarme de esto. A estas alturas ya perdí todas las esperanzas que tenía. Nunca podré tener una vida normal, seguiré siendo una carga para mis padres, seguiré en este infierno en el que todos me tratan con desprecio o lástima.

Pero, no estaré conforme con eso.

Probablemente, el destino tampoco.

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