Delila
¿Cuál es la necesidad de ayudar a alguien desconocido? Me preguntaba todos los días recordando cada vez que mi madre me hablaba de un tal chico el cual nunca logro recordar su nombre, quizás porque ni siquiera me importaba tanto como para echarle cabeza a eso. Pero pronto sería en lo único que pensaría.
Hoy me levanté con ganas de conocer a ese tal chico del que tanto mi madre hablaba, de que, si estaba secuestrado o no sé qué cosa, si tanto me lo recalcaba supongo que es porque podía hacer para ayudarlo, pero abusar de tal poder como el mío sería perjudicial para las personas de mi alrededor. Ser un demonio no es tarea fácil y ocultarlo tampoco.
Volviendo a mi rutina solamente me preparé para ir a mi primer día de bachiller como cualquier otra persona normal de este mundo. Desde mi habitación se podía oler un delicioso desayuno que me esperaba en el salón junto a mi familia. Nada más devorar ese plato de tortitas con mermelada de fresa y un vaso de leche me dirigí a la puerta de mi hogar sin antes haber cogido mi mochila para lograr llegar temprano a la estación de autobuses.
Aquel edificio donde iba a estudiar estaba en las afueras de la ciudad así que, si o si tenía que tomar ese autobús a tiempo o si no me quedaba sin autobús y sin primer día, una estupidez para muchos y un gran problema para mí. Al subirme al autobús pasé la típica tarjeta para pagar, tomé asiento y me coloqué unos audífonos para escuchar música en el trayecto de media hora. Cuando menos lo pensé ya había llegado.
Bajando del autobús y a la misma vez observando este lugar tan familiar. Una vez dentro aprecié el gran patio lleno de gente hablando, conversando, y de fondo podía escuchar como un profesor nombraba los nombres de los estudiantes indicando en que salón iban a empezar este curso.
— Delila Miller, piso 3, sala 5º B —Cuando lo escuché me dirigí a mi salón.
— Matthew Brown, piso 3, sala 5º B —Escuché de fondo, pero se me hizo familiar.
Me sentí atraída hacia ese nombre, ¿quizás un amigo de la infancia? Quien sabe. Una vez llegué a la clase busqué una mesa que estuviera vacía, cualquiera estaba bien. Saqué un cuaderno y en la parte de atrás empecé a hacer dibujos y garabatos sin sentido mientras escuchaba música, lo que más me hacía sentir viva y no me hacía pensar en mis traumas y problemas actuales.
— Tsk...,con que dibujando esas cosas otra vez Delila. — Dijo una profesora de guardia.
— Ya me conoces profe. — Le dirigí una sonrisa, era unas de mis profesoras favoritas.
La profesora salió del salón así que procedí a seguir con lo mío, pero un llanto me distrajo. Un chico llorando, no me importaba, pero por ser buena persona por una vez en la vida porque no ayudarle. Me levanté de mi mesa para caminar hacia este sujeto.
—Oye, ¿te encuentras bien? —Dije sin pensarlo colocando mi mano derecha sobre su hombro.
—E-eh, ¿Quién coño eres? —El otro respondió aturdido.
—Soy tu compañera de clase, ¿necesitas hablar?
—Si tú lo dices. —Pronunció para en unos segundos levantar su rostro y dirigirme una mirada.
—Bueno pues cuando haya un descanso hablamos, ¿te parece bien?
—Ehm..., claro. —Me mostró una sonrisa falsa.
...
Las clases pasaron más rápido de lo que pensé y habiéndole prometido a aquel chico hablar me acerqué a él he hice un gesto con la cabeza para irnos a las gradas y conversar. Este chico me parecía tan raro, especialmente raro, su forma de caminar y actuar era extraña, su físico y sus palabras, no era normal de un chico de 16 años cualquiera.
—Ehm..., ¿Cuál es tu nombre? —El chico rompe el silencio.
—Me llamo Delila, ¿y tú? —Lo miré atónitamente.
—Mi nombre es Matt.
Que acaba de decir, ¿Matt?, ¿Matthew?, espera, no puede ser.
—Oh, lindo nombre, no es muy usual aquí, ¿eres de Francia? —Intenté actuar normal.
—Gracias y sí, soy de Francia, quizás por eso no se escucha mucho mi nombre por aquí. —Me dirigió una sonrisa.
—Sí... Eso será.
Realmente que tendría que decir en un momento así, que sé mucho de él y él ni siquiera sabe quién soy. Que extraño está siendo este día y más cuando a continuación una pandilla de pesados se acercaron a nosotros a molestarnos. Tan aburrida tiene que ser la vida de unos niñatos como para venir a joder a dos tortolitos.
—Un maricón y una puta en la misma escalera, ¿estamos locos?
—Tus muertos Oliver. —Dije al que se hacía llamar "el líder".
—Cállate Dela, todos sabemos la verdad, que te vas metiendo con cualquiera.
—Cerdo, ¿es porque te duele que te haya dejado? —Sonreí picara mientras que el otro simplemente se lamentaba de escuchar la verdad.
La rabia que sentía dentro poco después se reflejó en mis ojos, de un color café a un rojo vino se convirtieron mis ojos. Oliver me conocía bastante bien como para estar molestándome y más cuando podría salir muerto de ese mismo lugar. Por suerte lo notó y decidió alegarse de mí y con él sus amigos. Recordé que estaba acompañada de este chico Matt cuando miré a mi lado y estaba horrorizado de mi comportamiento, ¿acaso era tan nociva para la humanidad o era lo mejor que podía existir como lo más hermoso y bello de lo que nuestros ojos pueden ver?
En unos segundos mis ojos volvieron a ser color café y logré calmarme un poco pero más fuerte se hizo el mareo que estaba sintiendo, tanto que Matt me dejó que me apoyara en él, pero me desmayé. Parecía que fallecía.
Sin recordar nada logro despertar, pero no en brazos de este chico o en una enfermería, no. Se trataba de una habitación desconocida. ¿Qué?
YOU ARE READING
Rising Sun
Random¿Cuál es la necesidad de ayudar a alguien desconocido? Me preguntaba todos los días recordando cada vez que mi madre me hablaba de un tal chico el cual nunca logro recordar su nombre, quizás porque ni siquiera me importaba tanto como para echarle ca...
