Seongjin estaba encantado con ella. No había más que decir al respecto de la muchacha y de los sentimientos del adolescente que embobado, la veía ocasionalmente, pero nunca se acercaba por vergüenza y por miedo a ser tomado de acosador. Ella siempre estaba ahí, esa muchachita de cabello casi rubio -pero que seguía siendo castaño- tez clara y ojos pequeños, y -a pensamiento del chico- era seguramente alta, pues la mitad de su torso alcanzaba a verse siempre por sobre la pequeña barda de la terraza, de donde la veía simplemente existir; algunos días acariciando a sus gatos y cuidando que no se cayeran mientras ellos se daban vueltas entre sus manos dejándose acariciar, otros acomodando exaustivamente las ropas húmedas que sacaba al sol, para que estuvieran bien estiradas, algunas veces subiendo plantas a la bardita para arreglarles hojas o plantar nuevas cosas en macetas ya algo viejas, y ocasionalmente, simplemente viendo a ningún lugar o a todos lados recargandose en esa bardita, aplanada y pintada de verde que mucho tiempo estuvo solamente medio hecha con los tabiques expuestos y rotos.
Él la pensaba casi como algo inalcanzable, y alguna que otra vez dudaba si era real o si era un ángel, pues era tan especialmente bella y natural, incluso con sus fachas de fin de semana y el cabello -aparentemente, visto a bastante distancia- sucio, que no pensaría que era un ser humano. Nunca había tenido la oportunidad de encontrarla en la calle, o al menos no de cerca, a veces la veía corriendo a la estación de autobuses y otras mientras compraba chucherías en una tienda cercana ahí, sin tener la oportunidad de hablarle, pero se sentía embelesado en la joven; que por azares del destino había podido encontrar uno de los días en que iba camino a casa llegando a la ajena luego de la escuela, pudiendo ver su uniforme y al pasar junto suyo, recibir una sonrisa y un saludo de buenas tardes, y su voz, le había parecido casi un sonido celestial. Se habrían encontrado y pudo pensar que luego de dos encuentros podrían seguir formando una amistad, pero su ilusión se desvanecería cuando dejara de verla, pues, repentinamente, había dejado de aparecer, no la veía por la calle, ni en aquella azotea, no llegó a toparla ni una sola vez, como si fuera un fantasma, su aparente amor adolescente se esfumó, dejando al chico con un vacío en el pecho y el pensamiento de que simplemente sus caminos no estaban hechos para cruzarse. Sin embargo, el destino es impredecible, y muchas veces podemos pensar que simplemente...
No existe un destino que no se pueda cambiar
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Un Sueño En La Terraza
RomanceIm Seung-jin, un chico enamorado de una jovencita que no conoce, Kim Hanna, la chica linda que vive en la casa verde con terraza y sabe que Seung pasa siempre. Después de tanto, ¿Qué pasaría si el amor platónico de Seung dejara de aparecer por el b...
