I. Limbo

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Era una de esas noches perfecta que tanto antojaban: luna llena, las calles se veían deslumbrantes por la cantidad de luces que albergaba entre coches y farolas, linternas y personas. Las risas se oían, el alcohol se olía y las peleas llamaban a la policía.

—Otra pelea más.
El barman: Alto, bien vestido, demasiado perfecto quizá, era un antiguo pero visitado local fue quien apagaba la tele quien ahora criticaba la noticia, siguió limpiando su vaso quién secaba con mucho empeño y tras los minutos, las sirenas de la policía y...

-A quien le importa.
Interrumpió un joven de unos veintipocos en el solitario bar: piel delicada, barbilla algo afeminada, ojos profundos color violeta y unos labios pequeños, algo carnosos y con ligeras cicatrices de cortes y mordiscos. Apenas uno dudaría si fuese mayor de edad pero tampoco menor, poco más de recién cumplidos. Agitó su cabellera corta con algunas puntas abiertas color azuladas para luego dar un largo trago a una copa bien cargada de whisky rebajado con agua y hielo.

—A sus familias, policías, madres, padres, hermanos... Ellos.
Una ligera sonrisa se talló en la boca y siguió en lo suyo, tras unos leves y cortos segundos dejó el vaso. —¿Pero, y tú? Dónde sales, Luna Alta.

Aquella ciudad ocupaba ambos mundos, desde los mejores hasta los peores, habitando por Neutros, distinguidos por su cabellera blanca como la del camarero, quién había desvelado el alto rango que ocupaba posiblemente por un familiar.

—Sali de un secuestro hace horas, mi padre es el de las noticias.
El camarero abre los ojos como platos y larga una carcajada que acompañaron sus pasos, sonaban unas llaves que se ocultaban en sus bolsillos pero al llegar a la puerta, se sujetaban en sus manos y la cerraron de inmediato. —Otro secuestro no...
Murmuró el preocupado chico quien se preparaba para levantarse y romper el vaso para usarlo de arma.
En cuanto el joven se levantó, el camarero hizo un gesto para que parara y mostró un colgante que se le hizo familiar al adverso, un búho con una piedra roja y otra azul en los ojos siendo de izquierda a derecha en ese orden. —De todas las casualidades que he visto en mi bar, jamás pensaría que llegaría el día de custodiarlo, Señor Starl.
El joven mordió sus labios y dio un golpe a la barra que dejó una marca roja en su mano, el día había llegado, tenia que abandonar todos sus lujos porque una destrucción interna estaba a punto de colapsar una parte del gobierno y el bando contrario, iba a absorberlo como si fuese unas migas.

Los dos hombres cerraron todo: las cortinas se plegaron y todo se recogió, era la noche en que cuanto apagaran las luces, una hondanada de balas iban a bañar toda la fachada del bar y destruir su interior. El camarero abrió el compartimento oculto que había situado estratégicamente cerca de la barra y marcharon por un túnel hasta llegar a un botón que al pulsar, apagó todo el sistema de luces quedando a oscuras.
Siguieron caminando en silencio, las huellas y el eco ocupaban todo el sonido en el túnel, hasta que se pudo escuchar un débil gimoteo causado por el joven.

—Señor Starl, se que todo es muy duro, se que ha pasado tiempos duros y ha sufrido y que...
Un alto callate se oyó en el túnel, el chico comenzó a llorar y a morderse el labio, se frotó la cara con mucha velocidad y acabó en un alarido de rabia, dolor y tristeza.
El camarero no hizo más que abrir los ojos de sorpresa, tomar el brazo del chico, correr y por sorpresa, empujarlo para luego saltar. Ni el tiempo dio la respuesta para el chico, de repente se oyó una explosión y la caídas de escombros, el sistema de emergencia se encendió y unas débiles luces pudieron iluminar lo que había pasado, pero solo había añadido un problema más.

—Estás... Estás...
Las rocas habían alcanzado hasta la cintura del camarero, este había tosido sangre pero el pitido de los oídos por la explosión, solamente sonreía, estaba sufriendo graves problemas internos pero el solo tenía una cosa en mente.
El moribundo dejó la figura plateada del búho delante y cerró los ojos.

—Estas vivo, eso es lo que importa, que he cumplido mi cometido, es un rastreador, sal... Y vive.
Su respiración se volvía más lenta, el joven en shock no dejaba de llorar intentando buscar la manera de salvarlo pero él solamente sacaba un cigarro y débilmente lo intentaba encender.
Paró, entonces lo comprendió y deseó darle un mejor final a ese salvador que apareció como una de tantas casualidades de tu vida.
—No intentes compadecerte muchacho, es mi destino.

Sin hacerle caso, tomó el mechero y encendió el cigarro para luego mirarle a los ojos con una sincera profundidad que hizo sacarle una sonrisa inusual totalmente para el novato. —Me llamo Tommas Haddly, y debo decirte que al principio te caerá muy mal pero... Es necesario que te caiga muy mal.
Tras las últimas, su último exhalo se realizó y el humo del cigarro fue quien quedó último para consumirse, dejando al cuerpo del recién conocido Tommas en una posición irónica ya que sonreía mientras mitad de su cuerpo fue sepultado en rocas.
—Fills, así es como me llamo... Fills Starl y serás recordado.
Un corte más nació en los labios del peliazul, comenzó a correr y a correr y a correr por el túnel, no quería un final, no quería nada, quería abrir los ojos y que todo lo que siempre había vivido fuese una mentira, de no ser nadie y que dejarán de pasarle cosas horribles en su vida. Al final del túnel, consiguió algo, una luz, una luz que se veía al final del túnel pero también veía algo que sentía a sus espaldas, encima suya, que le tocaba, que le pesaba, la oscuridad, una pesada oscuridad que le asustaba pero no pudo darse cuenta de que su propio cansancio lo había llevado a desmayarse.

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⏰ آخر تحديث: Jul 29, 2021 ⏰

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