Cierta rubia tenía un conflicto, tenía que entregar un informe antes de las 11 de la noche, algo simple, pero no podía terminar de escribir correctamente ni una sola palabra por culpa de la boca de una pelirroja en su polla, aunque fingía una expresión imperturbable, lo cierto es que rogaba a todos los dioses no correrse en la boca de la pelirroja que tenía entre sus piernas.
Le habían dicho que la pelirroja era una inexperta, pero su desobediencia era un tema muy aparte de su inexperiencia, que entrara a su oficina sin preguntar estaba fuera de lugar y más aún estaba fuera de lugar que sin preguntar haya empezado a chuparle la polla.
Entendía que paseara sin rumbo aparente por la casa, sumisas anteriores lo hacían y no es como que le causará alguna molestia a la dueña, pero ninguna anteriormente se había atrevido a entrar a su oficina y mucho menos a interrumpirla mientras laboraba.
Pero ahí estaba aquella pelirroja, interrumpiendo cada palabra coherente que salía de su mente y llegaba a sus dedos.
Sintiendo la lengua en la punta de su pene, decidió que seguir con su reporte estaba fuera de lugar, se recargo en su asiento inclinando levemente la silla para así poder alejarse de la luz de la pantalla que trasmitía su laptop y quitó las gafas de sus ojos tallando estos con un poco de frustración. Frustración es lo único que podía sentir fuera del placer que le brindaba la lengua de la pelirroja, se sentía frustrada por todo su alrededor.
Sintió como la humedad que enrollaba su glande se alejo y observo como el cuerpo de la pelirroja se elevaba hasta quedar sentada en la orilla de su escritorio, quitándole las gafas de sus manos, Shan miro sin expresión alguna a la pelirroja, intentando intimidarla aunque sea un poco, pero la pelirroja parecía una persona imperturbable.
-se puede saber... ¿Que haces en mi oficina Hari?- la pelirroja hizo un ligero puchero con sus labios, fingiendo tristeza.
-Me siento muy sola afuera ama.- Shan cerró los ojos aún más frustrada que antes.
Tenía que recordarse a cada segundo la razón y el porqué no podía someter a la niña tan desobediente que tenía frente a ella. Shan tenía principios que no quería perturbar, Shan tenía valores que debe respetar y Hari era un error que no estaba dispuesta a cometer. Había mucho que arriesgar y pocos beneficios que aceptar.
Shan pertenecía a un club BDSM de la gran élite tan exclusivo que solo se le permitía la entrada a aquellos que habían sido arrastrados por algún miembro previo, en ese club Shan se había vuelto instructora de sumisas, puesto que era muy común que la rubia cambiará de compañera a lo máximo a los 2 meses, para evitar toda clase de lazos que sentimentalmente se pudieran mal interpretar en un futuro.
Y ser instructora estaba bien para Shan, le encantaba serlo...bueno le encantaba hasta que llegó la situación del día anterior:
Tan una de sus compañeras le había hablado de una integrante nueva, según las palabras de Tan "era una pelirroja ardiente, inexperta pero con actitud entusiasta por aprender sobre el mundo BDSM" y la rubia tenía que admitirlo, se le había endurecido desde la descripción de Tan, pero toda excitacion que pudo sentir desapareció al conocer a la ardiente pelirroja.
De hecho, Shan ya la conocía, Hari era hija de un amigo cercano a su padre, que por cierto era su jefe en la editorial en donde trabajaba y para empeorar la situación, Shan conocía a Hari desde que la pelirroja iba a la secundaria a sus 12 años, la edad nunca le había importado a Shan, pero en esa situación se preguntaba cómo la pelirroja a sus tempranas 18 primaveras había entrado a tal club, y más aún le afectaba el hecho de que se llevaban unos 11 años de diferencia.
Shan tragó saliva duro al imaginar todo lo que su jefe conocido como "el diablo" podía hacerle si se enteraba que había tocado a la menor de sus hijas, sabía que le desaparecería un testículo de por medio con esa situación y el que el se enterará de que había llegado a azotarla sería motivo suficiente para que todo su aparato reproductor desde la raíz fuera extraido de su cuerpo sin previa anestesia.
El imaginarse todos los escenarios posibles de su próxima muerte la había distraído del hecho de que las habían transportado a un cuarto privado, la oscuridad solo opacada por los tenues reflejos de la luz neón hacía algunos objetos provocaban un ambiente sensual, un ambiente que la rubia no quería para esa situación.
STAI LEGGENDO
Enseñame el infierno
FanfictionShan ha conocido a la pelirroja desde que está tenía 12 años, y aunque no eran realmente cercanas, para Shan nunca iba a dejar de ser una tierna niña. O...¿tal vez si?
