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Extendió el brazo para tomar el celular y así apagar de una vez la odiosa alarma que penetraba su cabeza con intensidad. Pasó las manos por su rostro, buscando eliminar cualquier rastro del sueño que cargaba y lo mal que había dormido. 

Gia tuvo una larga y tortuosa noche esperando tener algo de silencio, y todo gracias a que su vecino había llevado visitas en plena madrugada con las cuales estuvo tocando y cantando, consiguiendo que su descanso fuera en periodos.

Una vez estuvo vestida con la ropa de ese día fue a la cocina para prepararse el desayuno lo más rápido posible, haciendo lo más básico, un té y algunas tostadas con mantequilla.
Mientras masticaba la última tostada lleno su bolso con los libros que necesitaba y salió del departamento echa una luz, chocando con alguien más de camino a las escaleras.

—Damiano... —dijo entre dientes y con clara molestia en su tono de voz.

—El sol se ha despertado más brillante que nunca —contestó. Su voz coqueta mezclada con aquella tonada italiana solo la hizo virar los ojos- ¿quieres que te acompañe? Voy de salida.

—No gracias, estoy bien. De hecho llegó tarde a clases, así que agradecería que me dejaras pasar —puso la mano en su brazo para correrlo levemente hacia un lado, teniendo espacio suficiente para pasar.

—¿Qué estudias? —señaló los libros que sobresalían de su bolso y ella sonrió de lado, amaba que le preguntaran sobre su carrera.

—Licenciatura en psicología —respondió enorgullecida. Tras regresar la mirada a él frunció el ceño al recordar la razón de su mal dormir- por cierto, te agradecería mucho que evitarás la música en la madrugada. Como verás hay gente que tiene actividades en la mañana.

—Lo tendré en cuenta bella. Pero por mientras disfruta el show VIP de Måneskin —le guiño un ojo antes de pasar por su lado y bajar las escaleras.

—Idiota —murmuro y mordisqueo su labio inferior para frenar las tantas palabras que quería gritarle.

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Estaba agotada y estresada. En cuanto llegó a su departamento después de las seis horas de clase se lanzó contra el sofá, tomó una profunda respiración y se dedicó a agradecerle a todos los dioses existentes el silencio que reinaba en el piso en esos momentos.

Su mirada fue a parar inmediatamente a un papel que acababa de ser deslizado por debajo de la puerta y con todo el pesar se obligó a levantarse para revisar de qué se trataba, agachándose para tomarlo.

 ¿Café a las 6?. Damiano.

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Enarco una ceja y soltó una risa irónica, ese tipo sí que no dejaba de sorprenderla.

Abrió la puerta con cierto salvajismo y dio algunos pasos para llegar a la siguiente, siendo esta la del departamento del pelinegro. Golpeó la puerta sintiendo sus nudillos dolerle por la fuerza que ejerció, y casi al instante su alta figura estuvo frente a ella.

—No son las seis Gia, por si no lo notaste. Pero puedo hacer una excepción y salir contigo ahora.

—Declino tu oferta —pego la mano sobre su pecho, dejando el papel en este, y luego la apartó- no es de mi interés beber café contigo.

—¿Y eso por qué?

Damiano descanso su brazo en el marco de la puerta inclinándose hacia adelante, quedando más cerca de la pelirroja. Inconscientemente ella desvió la mirada al sentir como sus mejillas amenazaban por tomar un color rojizo y exponerla frente al cantante.

—Porque no me agradas, David. No tienes respeto por los demás residentes.

—Es gracioso porque de todo el piso eres la única que se queja de mis "ruidos molestos" —soltó una risilla consiguiendo que ella bufara. Su paciencia estaba siendo puesta a prueba, y solía tener poca- pero tengo una idea, mejor dicho una propuesta.

—No me interesa nada de lo que puedas decirme.

—Escúchame. Luego podrás rechazarme si quieres.

—Dalo por hecho.

—Mi propuesta es que aceptes tomar un café conmigo y tal vez, solo tal vez, dejaré de hacer música en la madrugada. ¿Qué opinas?

—Increíble. Eres un embaucador —negó con la cabeza. Realmente no podía creer lo que acababa de decirle- como dije antes, mi respuesta es no. Pero dejarás de hacer ruido o me quejare con Chester.

—¿Para qué se necesita mi presencia?

Ambos desviaron la mirada a las escaleras, notando al medio calvo hombre subiéndolas con su conocida gruñona cara. Gia sonrió maliciosa, era claro que aprovecharía ese momento.

—Señorita D'Agostino, un gusto verla —su ceño fruncido cambio al mirarla y dibujó una pequeña sonrisa en su rostro, más este volvió al ver al italiano-  David.

—Chester —respondió él, consiguiendo un simple asentimiento de parte del dueño del edificio.

—Necesitaba tu presencia Ches, porque este sujeto no respeta el descanso ajeno. El problema es su sesión de música en la madruga la cual le pedí que evitará, y le importo tres mierdas hacerlo.

—Wow, ¿con esa boquita dices mamá? —hizo un falso gesto de sorpresa y se rió por la mala mirada que le entregó la pelirroja.

—Me gustaría poder ser de ayuda en esta disputa, Gia, pero Damiano paga el doble de la renta y con adelanto. 

—Debe ser una broma —acarició el puente de su nariz por la frustración que sentía. Tomo una profunda respiración y decidió volver a encarar a su vecino- non credere che finisca qui, ragazzo.

Damiano la miró sin decir nada, lo había tomado por sorpresa con su perfecto italiano.

Gia le dio la espalda y regresó al departamento, queriendo recuperar un poco de la paz que tenía antes de perderla totalmente por culpa del pelinegro y toda la situación en el pasillo.

for your love - damiano davidDonde viven las historias. Descúbrelo ahora