Terminó de encender la última lámpara sobre la mesa antes de alejarse levemente para contemplar su obra por completo.
La mesa llevaba el mejor mantel que tenía, uno que su madre había guardado hacía mucho tiempo y que ella misma había bordado especialmente para su ajuar, aunque nunca lo había utilizado; con un hombre como con el que se había casado nadie la podía culpar realmente. La vajilla y cubiertos ya eran otra historia; los había conseguido en una tienda de antigüedades en el lado muggle de Londres, y aunque él no entendía de esas cosas, la vendedora le aseguró que era de una calidad que “no encontraría en ningún lugar”; sólo esperaba que eso significara que eran de una buena calidad. Y las lámparas sólo eran un préstamo… cuyos dueños no estaban enterados del hecho.
Parecía que estaba bien, se dijo enderezando uno de los tenedores (intentando que la costumbre no lo manejara al querer colocarla como debería; las reglas eran claras: tenía que estar invertida), al menos todo el arreglo combinaba perfectamente pese a que nada era de un mismo juego. Sólo esperaba que fueran acordes a lo pensado y desempeñaran su cometido.
Sirvió el postre (otra de las cosas que se le hacía extraño hacer antes de cenar, pero en este caso las reglas también eran claras: debía servir al revés) en ambos platos, y finalmente se sentó… Sintiéndose totalmente estúpido, y no por primera vez desde que comenzara con todo esto.
Aun no podía entender (o al menos no se animaba a aceptar realmente) el verdadero motivo que lo había movido para llevar a cabo aquella cena. Era una ridiculez si lo pensaba bien, sólo una leyenda que corría por allí, y aunque había muchos que decían que era real, no dejaba de ser una simple leyenda.
Al menos agradecía que nadie pudiera verlo llevarla a cabo. ¿Qué pensarían del adusto, huraño e intratable Severus Snape si supieran que estaba participando de una “Cena Muda”?
Se hubieran burlado, seguramente, y más porque no lo estaba haciendo con la tradición actual, en donde se preparaba todo para honrar a los antepasados con sus comidas favoritas, además de quemar las cartas que se les habían escrito ante la imposibilidad de decirle cuánto los extrañaban al tener que permanecer en silencio durante toda la cena.
No, esta Cena Muda seguía la tradición original: Conocer el futuro.
Por eso ya podía imaginarse a los Merodeadores riéndose de él y su deseo de conocer a quien sería su esposa, como si fuera una cándida jovencita de la época victoriana buscando descubrir quién sería su marido, siendo que en aquella época esa información les estaba totalmente vedada, sin que pudieran decidir por sí mismas, al menos con aquel rito bien realizado se sabría cómo se vería el hombre antes de conocerlo.
Ninguno de sus conocidos o los Merodeadores tenían conocimiento de este lugar, así que, al menos, estaba seguro de eso. Aun cuando él mismo se estaba boicoteando.
Es que la realidad era que no estaba muy seguro de esto. Había escuchado sobre esta leyenda de su madre cuando era pequeño, y luego mientras aun era un estudiante ingenuo. En ese momento le había fascinado, tanto que había estado buscando un momento para hacerlo, pero como sólo se podía llevar a cabo una noche en específico en el año, Halloween para ser más exactos, nunca lo pudo hacer. No con los Merodeadores siguiendo siempre sus pasos en Hogwarts.
Después, cuando estuvo libre de ese obstáculo al haber terminado el colegio, su fascinación ya no era la misma, su ingenuidad de la niñez ya había muerto hacía tiempo, y todo (leyenda de la Cena Muda incluida) le resultaba una sola estupidez junta…
Hasta que un día decidió hacerla.
Acomodó la copa frente a él, el que correspondía a la persona que se sentaría allí… si era verdad lo que decían que la tradición era genuina.
YOU ARE READING
CENA MUDA
FanfictionSeverus Snape y Lily Evans, en medio de una antigua leyenda: La Cena Muda
