Prólogo

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¿Yo? Yo soy una chica enredada, o así me describió mi mejor amiga cuando me conoció. Soy la chica que cuando esta en la calle le encantaría estar en casa con un buen libro, que cuando esta sola solo quiere salir. La que quiere de todo, pero no lucha por nada. Con los pies en la luna, pero siempre destrozando sus sueños. Una chica con potencial y llena de pasión, pero la más insegura. La que tiene mucho que contar, pero se lo guarda todo. Esa era yo, la chica enredada. O también conocida como Cora Martin.

¿Cómo es Cora Martin? Pues soy una chica bastante sencilla, nací en una familia grande, tengo un hermano mayor Austin y dos hermanos pequeños, Jack y Peter. Al ser de una familia grande siempre hay alguien excluido y olvidado, pues esa era yo. De todos mis hermanos era la más olvidada. Y no porque mis padres no me quisieran, solo que teniendo al hermano estrella de los deportes y dos hermanos pequeños que no paran de molestar es difícil ser el centro de atención. Pero no para una persona de mi familia. Mi abuelo. Para él siempre seré sus ojos, su pequeña princesa. Él era el único que me entendía, o al menos de momento, y que me prestaba algo de atención. Sabía perfectamente si me pasaba algo.

Normalmente mi rutina era siempre la misma, tras una mañana de clases en la universidad y de estudios en la biblioteca, me iba a comer con mi mejor amiga Emma y su novio Liam, por la tarde me iba a mi trabajo en una floristería que compagino siendo profesora particular de unos cuantos niños. Por las noches volvía a mi querido piso compartido con otra amiga, que no solía pasar muchas noches en casa ya que se iba de fiesta, y me sentaba en el sofá a ver una película o si tenía tiempo de sobra leía un poco, tengo que confesar que tengo una pequeña gran obsesión con la lectura. Luego me dormía para que volviera a empezar esta misma rutina al día siguiente. Generalmente esto es lo que hacía todos los días. No me salía de mi orden.

Pero esa noche, en esa ciudad en la que me había criado, me sentía tan sola, me sentía vacía, de ese vacío que sientes, pero en realidad estas tan llena. Y solo había un lugar en este jodido mundo que hacía que me olvidara de todo, donde iba cuando estaba perdida, para encontrar paz en mi soledad. Pero ese día era distinto, porque no estaba sola, había alguien más. Un chico que podía enamorarte con solo mirarte, de esos de mirada profunda que si te acercas lo suficiente puedes saber que es lo que piensa.

Y ahí estaba él, en mi lugar seguro, al lugar donde iba en busca inspiración. Estaba en el escenario con una guitarra, tocando, sorprendentemente, una de mis canciones favoritas, You and me de Lifehouse. Su voz era grave y ligueramente ronca, jodidamente sexy y perfecta. Sus dedos se deslizaban por las cuerdas de su guitarra sin ninguna dificultad. Era bueno, increíblemente bueno. Sabía perfectamente lo que hacía.

Con solo una mirada lo supe, supe que ese chico tenía algo, o más bien provocaba algo fuerte en mi. Mi corazón se había acelerado, un liguero cosquilleo comenzaba a estar en mis manos, piernas y sobretodo, en mi estomago. Pude notar como mis mejillas se sonrojaban. Solo hizo falta una mirada, una maldita mirada, para saber que esta chica enredaba si iba a enredar mucho más.

Y ahí me encontraba yo sentada en mi mesa de siempre, perdida entre los acordes de esa canción. 

Entre AcordesWhere stories live. Discover now