-Cordelia, querida, no puedes ser más despistada, acababas de tomar el libro!-. Mi amigo Massimo, que me llama por mi segundo nombre, "Cordelia", me regañaba por no saber donde había dejado el libro que tanto habíamos buscado, pues, la biblioteca es grande y una persona tan distraída como yo, podría perderse o perder cualquier cosa en ésta. Massimo Frellino es un año mayor que yo, tiene 18, vamos al mismo instituto y compartimos las mismas pasiones, leer, dibujar, pintar, pero el sobre todo se destaca en la danza. Un año descubrimos que teníamos sentimientos mutuos, así que intentamos tener una relación pero obviamente no funcionó, así que decidimos quedarnos con nuestra amistad. Aún recuerdo cuando decía que mi pelo color rojo fuego y mis pecas marrones combinaban a la perfección, y ahora me lo dice bromeando. Algo que compartimos entre los dos, es ir a la biblioteca y buscar palabras, palabras "bonitas", "no muy conocidas" o para incrementar en nuestro vocabulario. A la biblioteca vamos solo en metro, pues, queda bastante lejos de nuestras casas, en la otra punta de Florencia, en la región de Toscana, Italia. Massi vive con su abuela, Alessia Frellino, una señora muy amable de 79 años, ya que sus padres están en Nueva Zelanda. Yo, vivo con mi madre, Astria Dorian, mi padre falleció hace tres años y desde entonces vivimos las dos solas. Mi madre fue mi salvadora, ya que cuando nací mi padre me iba a poner Cordelia Dorian, un nombre que me disgusta en lo absoluto, pero ella, añadió Jane, y aunque mi nombre significó una gran discusión, mi nombre es Jane Cordelia Dorian.
El metro estaba húmedo por la lluvia. Había pocas personas, una señora mayor que siempre tomaba el metro a la misma hora que nosotros, con la cara un tanto arrugada, el pelo gris que le llegaba por arriba de los hombros y por alguna razón siempre estaba vestida con prendas de color rosa, hasta su cartera. También había un hombre que nunca había visto en mi vida, era calvo y estaba vestido con un jogging naranja. Luego un chico alto, de pelo oscuro y ojos color miel, Massimo Frellino, y yo, que podía ver mi reflejo por la ventanilla del metro, con ojos color marrón muy claro con una mancha verde en el centro, pelo rojizo y mi cara estaba minada de pecas. Al llegar a la parada que esta cerca de la biblioteca, las puertas se abrieron y Massimo y yo bajamos. Al bajar, subimos unas anchas escaleras hasta salir al aire libre, y como siempre, hicimos una cuadra más hasta la biblioteca. Al llegar a ésta, era espaciada, de dos pisos y de aspecto triste, tenía miles de estanterías, el piso estaba totalmente cubierto por una alfombra roja como de peluche viejo.
-Hoy te toca buscar en las estanterías de arriba.- dijo Massimo-No olvides que hoy y mañana son días de..
-...De buscar palabras.-interrumpí- Ya lo sé , Massimo. Nos vemos más tarde.
Massimo corrió hacía la estantería A del primer piso, el mejor, pues no estábamos acostumbrados al segundo piso, pero lo bueno de este, es que tiene una sala de estar muy confortable.
Caminé al lado derecho de la biblioteca y subí las escaleras. A través de las ventanas se veía una Florencia mojada. Todas esas catedrales bajo la lluvia. El cielo completamente gris, casi negro, pero en el fondo se notaba una franja que permitía dejar pasar al sol, así que pronto saldría un arcoíris. Me acerqué a las estanterías, prometí no volver a perder ningún libro nunca más, pero no podía evitar estar dentro de mí mundo. Me puse los auriculares y comencé a escuchar música. Los auriculares comenzaron a reproducir -Afraid de Artic Monkeys, pero no me parecía el clima adecuado para escuchar ese tipo de música, así que puse en aleatorio y se comenzó a escuchar Tom Odell, y lo dejé que se reproduciera horas y horas mientras buscaba libros y palabras. Cuando se hicieron las 5pm en punto, me senté en uno de los sillones de la sala de estar y apagué la música. Disfrutaba del silencio de la biblioteca, cuando Massimo gritó que teníamos que irnos, y aunque le caíamos bien a la bibliotecaria, y ella nos caía bien a nosotros, Massimo siempre era regañado por ella, porque el siempre a la hora de irnos, a propósito, gritaba mi nombre buscándome, él sabía que a la pobre bibliotecaria le molestaba. Corrimos hacía la parada, el metro ya estaba ahí, habíamos llegado justo a tiempo. Entramos en este y en ese momento se cerraron las puertas. Después de una hora de viaje, nos despedimos ya que el se baja una parada antes que yo.
-Nos vemos mañana!-gritó y bajó del metro.
A esa hora no había nadie en el metro, así que estaba yo sola, pero luego de 15 minutos que Massimo se fue, había llegado a mi parada. Bajé rápido del metro, subí las escaleras y caminé dos cuadras hacía mi casa. En cuanto llegué mi madre me recibió con una sopa de verduras para cenar, no es de mi comidas favoritas pero estaba hambrienta.
-Cómo les fue hoy?-preguntó ella.
-Como siempre, hoy me tocó buscar libros en el segundo piso.-respondí y al instante terminé mi sopa.-Me voy a dormir, estoy muy cansada, hasta mañana.
Subí las escaleras de mi casa hasta mi cuarto, con las paredes grises y con fotografías con Massimo, mi familia, y la bellísima Florencia. Mi cama estaba al lado de un escritorio donde se encontraba mi computadora, mis lápiceras, mis cosas del instituto y el libro que estoy leyendo. Al otro lado del cuarto se encontraba mi mínima estantería, con algunos de mis libros favoritos, me gustan los clásicos como Sherlock Holmes, Mujercitas y Moby Dick.
Me recosté en la cama, cerré los ojos y fingí estar dormida por un rato pero no me podía dormir, no entendía porque si estaba tan cansada, así que agarré mujercitas y comencé a leer. Pasaba la noche y una vez que se hicieron las tres de la mañana, el sueño se había apoderado realmente de mi, fue entonces que solté el libro y caí dormida profundamente.
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La corona de Terrwyn: Hiraeth
AdventureJane, una chica de 17 años, florentina, estaba tomando el metro para ir a la biblioteca con su amigo Massimo, y se quedó dormida. Cuando despertó se bajo en la primera parada que el metro se detuvo, pero ya no estaba en Florencia, estaba en otro lug...
