Miras la luna. No ves más que algo frío,
incoloro y sin luz propia. Sin embargo, sigues pensando que es la cosa más bonita que has visto en toda tu vida.
No lo sé. Tal vez porque sabes que esas imperfecciones; que en un cierto punto la complementan, la hacen ser aquello que es: única e INOLVIDABLE.
Tocan a la puerta; ya es hora de cerrar las páginas que llevo en las manos y continuar con los preparativos del funeral.
12 de febrero del 2021
Diario...
Página #27
Título: "Inolvidable".
"Durante toda mi vida mis padres me advirtieron de las drogas, sobre lo peligrosas y adictivas que pueden llegar a ser. Pero nunca me hablaron de ella, jamás me advirtieron sobre drogas con ojos color café oscuro, cabello negro a la espalda, una linda mirada triste y un complicado corazón".
Levantada la cabeza le sonrío minuciosamente al verla retraída entre una inmensa multitud de bancos empedrados. Mis nervios-como siempre de inoportunos- tachan la abundancia de ruidos incógnitos que estorban las ganas que tengo de llegar a ella. Cuento los inseguros lentos pasos que he de andar, como si así pudiera redimir el inefable desorden emocional y cerebral que se desarrolla dentro de mí.
Respiro profundamente por enésima vez. Mis ojos asustados la orientan nuevamente entre el semáforo en rojo y las notables personas que caminan por el parque. Pero... algo me obliga a mirar al suelo con miedo.
«¿Los malditos nervios otra vez?»
Sí, ella está ahí, la chica que por más de cuatros largos meses adormece mis prejuicios con solo un teléfono móvil de puente entre su meliflua voz, la videocámara, y yo. Está ahí, esperando impacientemente sobre un banco rígido terminante a la parte Sur de la ciudad.
Al soportar todavía a lo lejos su mirada abucheando los límites de cada uno de mis defectos, percibo un poco de frialdad en ella, parece superficial, incluso llego a pensar que es algo imperceptible. Todo me resulta extraño ya que estoy más que acostumbrado a las emociones positivas que me hace experimentar con sus pláticas telefónicas de madrugada.
No me doy cuenta de la distancia que he recorrido hasta que miro a los lados y comprendo lo lejos que he llegado.
-Joder ¡Ya casi llego!
Pues sí, me hablo mientras camino con los hombros caídos de la vergüenza y secando mis manos llenas de sudor una y otra vez contra mi pantalón.
-¿Qué le voy a decir? ¡Piensa, Edgar!, ¡piensa!
No sé que me ocurre, pero esos escalofríos son la cosa más inmarcesible que haya sentido alguna vez.
Estamos a tan solo un metro de distancia. Puedo sentir, puedo diferenciar su respiración interrumpida por una gris mascarilla ajustada e intrépida como las ganas que tengo de encontrarla por fin rozando los bordes de sus dedos en mi cara.
Y lo hace, me peina las cejas con la mano izquierda.
-Buenos días, Edgar-escucho con firmeza sus primeras palabras y mis ojos automáticamente se enclavan a los de ella. Ya me es un poco más fácil estudiarla.
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Inolvidable
RomanceEdgar, un chico de tan solo diecisiete años con grandes desniveles de empatía vive entre una de las indigentes casas de una mediana ciudad ubicada al sur de Guantánamo (Cuba). Justo ahí, experimenta en carne propia los azotes de una incesante pandem...
