LUNA
Era invierno, hacia frio, la nieve tocaba la palma de mi mano mientras yo extendía ésta, el copo caía en mi mano y se desvanecía como el azúcar en el café dejándome así la mano algo húmeda.
Si lo piensas los humanos somos como los copos de nieve, dado que por mucha vida que tengamos todos nos desvanecemos, nos convertimos en polvo, es decir, nos llega el tren de la muerte o un tren sin rumbo fijo, tal vez a unos antes que a otros por desgracia pero a todos nos llegara ese tren. Espero que alguien me acompañe cuando yo me monte, a pesar de que esa persona no seas tú.
Entonces me tumbe en la fría pero a la vez cálida nieve. Mis mejillas rojas, mis congelados dedos, mi pelo humedeciéndose por la nieve y mis labios morados mostrando una sonrisa amplia. Era cierto, estaba helada, tenia hambre, tenia sueño, pero merecía la pena, ver la infinidad de estrellas que cubrían el no tan azul cielo. Probablemente era de noche pues no tenia reloj para saber la hora, en ese momento me alegre de que mis padres estuvieran de viaje y de no haber ido con ellos, por que tal vez Hawái tenga playa y el más resplandeciente sol pero jamás llegara a tener lo que yo necesito, un cielo cubierto por estrellas y nieve.
De repente escuche un pequeño crujido, provenía de un arbusto muy cercano a mi, pensé que seria un conejo o un ciervo, dado que abundaban en aquel desierto pero frio bosque. Me temo que me equivoqué pues no era ni un conejo ni un ciervo el causante de aquel sonido, es mas, ni siquiera era un animal, era un niño.
Un niño que parecía llevar chocolate en el pelo, pues era del mismo color. En sus ojos tenia el mismísimo mar, pues eran azules como éste y poseían su misma profundidad. Su pelo se movía como las pocas hojas que le quedaban a los arboles, sus ojos estaban rojos y algo ojerosos, me pregunto si ya desde entonces tú y el sueño teníais una guerra. Llevaba una camiseta negra y una chaqueta azul, sus pantalones estaban algo rasgados por la zona de las rodillas, y éstas estaban algo moradas, llevaba unas botas negras, lo que más me sorprendió fueron sus desnudas manos, estaban completamente rojas y temblaban cual terremoto.
Sin pronunciar palabra se acercó a mi, reconozco que estaba algo asustada, pero por algún motivo que desconozco deseaba hablar con él, deseaba que me contara el motivo de sus moradas rodillas o de sus rojos y ojerosos, pero preciosos ojos. No obstante no dije nada, simplemente desvié la mirada hacia las estrellas de nuevo. A pesar de no hablar notaba su presencia y parecía que una aura plagada de calidez hubiera aparecido justo a mi lado según dejo caer su delgado cuerpo en el suelo.
-Soy Adam- habló con una voz algo ronca- Adam Johnson- añadió
-Luna Hoods- musité, a pesar de haber sonado algo cortante, el me dedico una sincera sonrisa, parecía que el simple hecho de mover los labios le provocaba dolor, pero a pesar de aquello, me sonrió
-Luna Hoods...- pronunció mientras se levantaba del suelo para así sentarse haciéndose un ovillo
-¿Si?- le pregunté, a decir verdad estaba algo confusa, por un lado por la apariencia y el estado del niño y por el otro por como había pronunciado mi nombre completo intentando ser lo más cortes posible
-¿Quieres hacer un muñeco de nieve conmigo?- me pregunto algo tímido y en un leve susurro, me quede sorprendida, de todas las cosas que pensé que me podía preguntar me hizo esa simple pregunta para mi, pero significante para él-¡Disculpa el atrevimiento! ¡No quería molestarte ni incomodarte!- se arrepintió unos pocos segundos después, me pareció adorable, tan adorable que estuve dispuesta a hacer un muñeco de nieve con un niño desconocido, aunque por algún motivo me parecía conocerlo desde toda la vida
-¡En absoluto!- le sonreí de la manera más sincera y amable que pude-En realidad me encantaría hacer un muñeco de nieve contigo Adam Johnson- dado que él había utilizado tanto mi nombre como mi apellido decidí que hacer lo mismo era lo más conveniente y cortes, pude ver como en sus labios se dibujaba una pequeña pero visible sonrisa, habría pagado todo el dinero del mundo por ver esa sonrisa más tiempo
Ambos nos levantamos y comenzamos a hacer un muñeco de nieve.
Entonces me di cuenta, en ese momento no me importaba tener hambre o tener sueño, no me importo tener los labios morados, mis manos se habían tranquilizado desde el momento en el que había comenzado a hablar con aquel niño, parecía que aquel chico era tan cálido que mi pelo ya no estaba húmedo, lo único que no desapareció fue mi sonrisa, incluso llegaría a decir que ahora era mayor, no me importaba la hora o mis padres, solo me importaba Adam Johnson, él y nadie más, él y nada más. Me sentí un copo de nieve nuevamente pero esta vez no tenia miedo de caer y desparecer, no tenia miedo se subirme a aquel tren sin rumbo fijo, solo le tenia miedo a perderlo a él.
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Abrazar a un muñeco de nieve
Romance"Que a mi no me amaran no significa que no pueda amar"
