Te busco

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No me doy cuenta,
pero te busco.
Te busco cuando el día cumple
con su manera torpe de avanzar,
cuando nada parece faltar
y sin embargo algo insiste.
Tus ojos ya no apuntan al atardecer.
Tal vez el sol se movió
sin consultarnos,
o tal vez fuimos nosotros
los que quedamos mal ubicados.
Mi boca —siempre imprudente—
busca tu ceño fruncido,
ese gesto mínimo
donde el mundo se ordenaba
sin pedir explicaciones.
Las aves gritan.
No sé si te llaman
o si me recuerdan
que alguien falta.
Hay tardes
donde las miradas decían
lo que las palabras
no se atrevían a sostener,
tardes donde los cuerpos
entendían antes que la cabeza,
y éramos más que dos,
porque el número nunca alcanzó
para lo que pasaba ahí.
Te busco en las plantas,
que siguen creciendo
como si supieran algo.
En el amor que yo no supe darle
a los animales
y que en vos era tan simple
como abrir la mano.
Te busco en la sal,
siempre de más,
como si la comida necesitara exagerarse
para ser verdadera.
En el vaso de agua
que siempre te faltaba,
y que ahora sobra.
Te busco en el beso en la frente,
ese gesto que no prometía nada
y lo decía todo.
En las noches
donde el sueño se alejaba
solo para dejarnos
un poco más cerca.
El café tiene el mismo sabor,
pero aprendió a decirlo
en silencio.
Las charlas cumplen,
la música suena,
el mundo sigue funcionando
con una eficiencia sospechosa.
Te busco más de lo que quisiera.
Y aun así,
no me doy cuenta.
No me doy cuenta
de que te buscaba
mucho antes
de saber tu nombre en la ausencia.
El atardecer
ya no tiene dos espectadores.
Y recién ahí,
como quien llega tarde
a una verdad inevitable,
entiendo...

que te extraño.

Poesía Where stories live. Discover now