Prólogo

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1873. Francia

Las risas de los niños se escuchaban en el eco de la casa.
Brian sonreía de manera dulce mientras su cabello blanco y rizado se movía al compás de sus pasos, los cuales eran más lentos debido a su avanzada edad.

Sintió un par de leves tirones en su saco, así que optó por bajar la mirada, encontrando los enormes ojos hazel de su nieto, quien lo miraba expectante.

—¡Boo, abuelo! —gritó el pequeño, haciendo al mayor reír

—Hola, Timothée —lo tomó con cuidado y lo alzó. Era un niño de poco más de cinco años, con los ojos brillantes y los labios rosas—. ¿Dónde están tus hermanos?

—En en jardín. Quieren que les cuentes la historia de una fotografía que encontraron en el cofre de tu habitación —dijo. Brian alzó una de sus cejas divertido

—¿Así que estuvieron husmeando en el cuarto del abuelo? —rio mientras dirigía sus pasos hacia el lugar mencionado por el menor.

—Quizás solo un poco... —habló bajito. El rizado no respondió, ya que pudo sentir el suave aroma que distinguía el jardín del resto del lugar.

Otros dos pequeños niños corrieron hacia él con un trozo de papel maltratado en sus pequeñas manos.

—¿Qué tienen ahí, Lou y Elliot? —sonrió y bajó al pequeño que llevaba en brazos para después de un par de segundos tomar asiento en el suelo

—Es una fotografía. Se ve muy vieja y maltratada —dijo Louis mientras sus ojos azules brillaban y el aire movía con delicadeza su cabello color chocolate. Brian acarició su cabeza y Lou le entregó aquella fotografía un poco arrugada.

El corazón de Brian se detuvo al observar de quien se trataba, y un suspiro escapó de sus labios mientras los escalofríos recorrían su espina dorsal. Esos ojos seguían teniendo un fuerte efecto sobre él, incluso por medio de un simple trozo de papel a blanco y negro

—¿Quién es ella? —cuestionó Elliot, Brian soltó una risa mientras el nudo en su garganta incrementaba poco a poco.

—No es ella. Es él —dijo después de volver a suspirar y tratar de retomar su alegre compostura—. Su nombre era Roger

—¿Y era tu amigo? —el silencio se volvió presente. El rizado bajó la mirada ante la pregunta y apretó los labios, conteniendo las ganas de llorar. Aquella herida que creía cerrada volvía a doler de repente.

—No realmente... —susurró. Sintió un par de extremidades rodearlo. Alzó la mirada y observó a Louis, quien lo abrazaba con fuerza

—No estés triste, abuelito —habló bajito Louis, haciendo que Brian retomara su compostura y guardara silencio por un par de segundos

—¿Quieren escuchar la historia? —cuestionó y los tres pequeños niños asintieron con firmeza mientras tomaban asiento frente al mayor—. Pero será un secreto entre nosotros. No puede saberlo mamá ni la abuela —advirtió y los pequeños asintieron

Observó aquella foto con detenimiento y prestó completa atención a los ojos en aquel trozo de papel, admirando las tonalidades de grises que se aclaraban en sus ojos, logrando dar a entender que el color de sus orbes era claro

—Hace muchos años, cuando era joven estuve enamorado de una persona que conocí

—¡Hace muchos años! ¡Ahora eres muy viejo! —burló el ojiazul y Brian soltó una risita.

—No soy tan viejo —reclamó sin borrar su sonrisa—. Esa persona y yo... bueno, nos amábamos. Y fuimos algo más que amigos. Era un sentimiento mucho más fuerte que una amistad —susurró

—¿Estaban enamorados? —cuestionó Elliot y Brian asintió

—Era un hombre. Su nombre era Roger, él era muy bonito

—¿Es él? —cuestionó Timothée y el más alto asintió al instante con cierto miedo —. Era muy guapo —le sonrió aquel pequeño con ojos hazel.

—Era la cosa más linda que llegaron a ver mis ojos. Nos conocimos de una manera... un tanto extraña, para nada romántica. Y tuve la suerte de tener a una mamá que me apoyara. La homofobia era más fuerte en ese entonces

—¿Qué es la homofobia? —cuestionó Elliot

—¡Es una enfermedad como la peste, tonto! —dijo Lou. Brian soltó una carcajada—. ¿O no, abuelito? —cuestionó y el mayor revolvió su cabello

—Quizás si sea una enfermedad como la peste. La homofobia es cuando las personas no dejan que el resto sea feliz con las personas que aman porque ven esa relación como algo incorrecto. Por ejemplo, si la iglesia descubre que eres distinto a lo que ellos consideran correcto hay problemas—explicó con voz baja

—¿Y eso porqué ocurre? —hizo otra pregunta el ojiazul

—Qué pequeños tan curiosos —dijo intentando evadir el tema. Ellos aún eran muy pequeños como para llenar su sistema de ese tipo de cosas—. Mi madre siempre dijo que era un amor de cuento. Siempre bromeó diciendo que Roger era la princesa y yo el príncipe que debía rescatarlo. Y creo que no estaba muy lejos de ser verdad. Las circunstancias siempre indicaron que iba a dolerme, pero nunca me importó. Aún estando al borde de perder la cabeza

Los pequeños dejaron de hacer preguntas. Simplemente observaron al mayor.

—Nuestra relación siempre fue extraña —rio—. Todos los días peleábamos, pero al final de la jornada terminábamos felices y sin problemas.

—¿Cómo arreglaban los problemas? —cuestionó Lou. El pequeño experto en preguntas que alteraban el sistema de Brian.

Se sintió abochornado y sus mejillas se tornaron rojas ante la respuesta de esa pregunta, acompañada por imágenes. Tragó saliva y alzó las cejas

Uh... hablando. Platicábamos de nuestros errores y arreglábamos nuestras diferencias —mintió—. Ninguna persona podría llevarme tan alto cómo él. Estar cerca era una montaña de emociones. Cómo cualquier persona tenía sus altas y bajas, y era agradable estar a su lado cuando estaba de buen humor. Cuando no se sentía bien sus problemas le ayudaba a relajarse acariciando su cabello o dándole un poco de mimos

—¿Y porqué ya no están juntos? Si se amaban tanto debieron estarlo. ¿Hizo algo malo? ¿Tú hiciste algo malo?

—Tuvimos que alejarnos... no sé qué pasaba por mi cabeza cuando lo dejé ir. No he logrado encontrarlo... ha pasado mucho tiempo, ahora yo soy viejo. Pero sé que cuando lo encuentre podremos empezar desde cero y quizás vivir el amor como lo deseamos hace mucho. Podré amarlo como la corona y la iglesia no me permitieron.

—¿Te arrepientes de amarlo? —preguntó Timothée—. Es imposible que te arrepientas. En verdad era muy guapo

—Vaya que lo era. Por supuesto que no me arrepiento, pero si hay algo de lo que me arrepiento es de no poder salvarlo

—¿Y qué pasó con él, abuelo?

—Él ya no está aquí

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Chamacos preguntones ajfnwnfne
Holaaa
Espero no abandonar esta historia
Besos en las patitas
Los tecueme mucho
~Maylor My Religion 🖤

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⏰ Última actualización: Dec 04, 2021 ⏰

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