Hay veces que dejarse llevar es lo mejor...

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Una pequeña escena que se me ocurrió el otro día.
Y de esta forma quiero agradecer de alguna manera a Yurena por todo lo que me aguanta cuando me da por escribir cosas, pero no me atrevo a subirlas.

Muchísimas Gracias de verdad 🥰
💛💜        




Esta mañana no era muy diferente a las anteriores. Cuando despertó y consiguió levantarse de la cama, se acercó hasta la ventana para subir la persiana antes de salir de la habitación.

—Otro día más que no sale el sol. – Dijo mirando por la ventana

Hace más de una semana que cada día amanece con nubes grises y feas en lo alto del cielo, y sin ninguna intención de despejar.

Como si fuera un zombi, arrastra sus pies hasta la cocina donde enciende la cafetera para que el agua se vaya calentando, y poder tomar su primer café del día antes de irse a la ducha.

El día parecía no querer despertar, pero él tenía que ir a trabajar como todas las mañanas. Se viste con sus pantalones favoritos que desde que los compró, y vio el culo que le hacían no desaprovecha la oportunidad de ponérselos siempre que puede. Y es que a Raoul cuando le gusta algo, lo pone cada día.

Trabaja de dependiente en una librería. No es su trabajo soñado pero le gusta tanto leer relatos, novelas románticas, eróticas, de drama… que está encantando, trabajando ahí.

—¿Lo de siempre?

—Si por favor. – Responde al camarero que le pregunta si va a tomar lo de todas las mañanas.

Desde hace varias semanas, cada día que tiene turno de mañana se coge un café para llevar en la cafetería que está haciendo esquina en su calle. El camarero se lo prepara y siempre le escribe en el vaso de cartón “Que tengas un buen día”.

No sabe cómo se llama pero el chico le resulta interesante. Es un chico con un tupé rubio, no muy alto y demasiado pijo para su gusto, pero las facciones de su cara son increíblemente perfectas. Desde el primer momento que lo vio entrar por la puerta, se fijó en esa mandíbula tan bien marcada, y a medida que se fue acercando a la barra se perdió en sus ojos. Además siempre lleva consigo un libro en las manos, que cada 3 días suele cambiarlo por otro de muchas hojas o de menos, pero siempre que espera el café, lo abre y lee.

Como todos los días cuando sale por la puerta con el vaso en la mano, el camarero le sigue con la mirada viendo como baja las escaleras de la estación del metro.

—Agoney, ¿cuándo vas a atreverte hablar con él? – Le pregunta su compañera a la vez que sitúa una mano en su hombro.

—Creo que nunca Miriam. – Dice con voz apenada. —Ese chico no se fijaría en mí por nada del mundo.

—Eres un dramático, ¿lo sabías?

Agoney gira el cuello para mirarla, y quizás tiene razón y es un dramático pero de verdad cree que no tiene posibilidades.

»Si nunca le hablas no sabrás si se fijaría en ti o no.

Todos los días ella le insiste en que le hable, que empiece una conversación con él, pero el amigo que tiene por compañero nunca le hace caso.

Cuando Raoul llega a los vestuarios de la librería, guarda su libro en la taquilla y lava el vaso donde se tomó el café, para guardarlo con el resto que tiene. No escucha a su compañero entrar.

—¿Otro vaso más? – Pregunta Alfred abriendo su taquilla y dejando la chaqueta en su interior.

—Aja! – Responde contento mientras lo seca.

—¿Hoy tampoco?

—No, yo creo que nunca se fijaría en mí. – Espera unos segundos a que su compañero le diga algo, pero solo lo mira. —Cuando quiero empezar una conversación con él, se pone mirando a la máquina del café y no quita la mirada.

—Bueno si dices que cuando él te sirve el café está más rico, por algo será.

Raoul lo mira sin saber qué quiere decir.

»Madre mía chico, que pone atención en tu café para preparártelo bien. Además dices que solo a ti te escribe en el vaso ¿no?

—Que yo me haya fijo sí, pero entonces ¿por qué no me habla? – Le pregunta Raoul, poniéndose el chaleco de la librería.

—¿Y por qué no le hablas tu?

Raoul cierra la taquilla, y se acerca a la puerta de salida para empezar su turno de trabajo antes de que el jefe le llamé la atención.

»Estas perdiendo una oportunidad de conocer a un chico que te gusta. – Le sigue hasta la puerta. —Tu sabrás lo que haces. Ahora a trabajar. – Le empuja por la espalda para que camine.

Como habían acordado esa misma mañana entre café y café, Miriam y Agoney salen de la cafetería camino a la librería del centro comercial, para recoger el último libro de Megan Maxwell que la chica había comprado por internet.

Fueron dando un pequeño paseo entre diferentes conversaciones, cuando entran en la librería y van hasta la caja para recoger su pedido. En ese mismo momento Agoney se da media vuelta y camina en dirección contraria cuando el tupé rubio que tanto le gusta está en el mostrador atendiendo a un señor.

—Agoney, ¿qué se supone que haces? – Tira su amiga del brazo para que vuelva sobre sus propios pasos.

—Está ahí Miri, míralo.

Miriam gira la vista y cuando ve de quien se trata, intenta tranquilizarlo.

—Mira el lado positivo, ahora ya sabes en qué trabaja tu chico

—No es mi chico, y no tiene gracia – le dice con cara sería. – Así que para de reírte por favor.

—No es pero te gustaría que fuera, ¿verdad? – Le pica ella

—Me voy, no te soporto.

En ese momento lo había perdido de vista, por eso en cuanto se da media vuelta para salir de la librería, tiene que frenar para no chocarse con él.

—Perdona, me puse a caminar sin mirar. – Dice Agoney

—Nono perdona tu, pero iba en busca de un libro y no te vi. – Se disculpa Raoul.
Antes de seguir su camino, vuelve a mirarle.

»Si me das 5 minutos, estoy contigo. – Y se va corriendo, dejándolo ahí plantado en medio de la tienda.

Miriam que fue espectadora de lo que pasó, camina hasta colocarse en su espalda y acercándose a su oído le dice:

—Estaría feo que te fueras ahora.

Agoney se empieza a poner un poquito más nervioso de lo que ya estaba, no pensaba que hoy y nunca a decir verdad, se encontraría en una situación como esta y no sabe qué hacer. Son las palabras de Miriam las que le tranquilizan y le hacen ver que el chico del tupé fue el primero en hablar, en romper esa barrera de timidez, y que él solo se tiene que dejar llevar.

—Voy a recoger mi libro y me voy. – Le dice —Luego me llamas, estaré dando una vuelta por el centro comercial.

—Miriam

—Shhhh – Se pone un dedo en los labios mandándole callar. —Confía en mí. Mira si no sale bien, te invito a lo que tú quieras. – Le da un beso y se va dejándolo en medio de la librería y con la palabra en la boca.

Aunque Agoney no es un gran lector, de vez en cuando sí que le gusta perderse en las historias de una buena novela. Es raro y él lo sabe pero le gustan las románticas, donde el amor siempre triunfa a pesar de las adversidades o de los contratiempos. Cada vez que termina de leer un libro de ese género, le deja el corazón blandito y pensando que ojalá él viviera una historia de amor.

Está con el libro de Roser A. Ochoa en las manos cuando aparece Raoul y se coloca a su lado.

—Seamos una familia, una historia muy bonita. – Comenta en alto mirándole de reojo

—Me gusta de que trata. – Le contesta dando la vuelta al libro y viendo la portada de dos siluetas grandes y una en medio pequeña. —¿Lo leíste?

—Si, me gustó mucho. Es un buen libro para regalar mañana a tu pareja si le gusta la leer.

—¿Mañana? ¿A mi pareja? – Se ríe Agoney

—Mañana es el día del libro, ¿en qué mundo vives? – Responde Raoul todo ilusionado

—En el mismo que tú, pero no tengo pareja para regalar ni que me regale un libro.

Raoul lo mira, Agoney le devuelve la mirada.

—Perdona, no quería – Comienza a decir.

—No te preocupes, está bien.

Raoul echa un vistazo a la librería y al comprobar que la gente que hay está atendida por sus compañeros, vuelve a mirar al chico que tiene a lado.

—¿Me dejas recomendarte un libro?

—Te dejo. – Le contesta en el mismo momento que deja el que tiene en las manos en la misma mesa junto con los demás.

Caminan en silencio por la librería, uno detrás de otro.

—Gracias por el mensaje que me escribes todas las mañanas en el vaso. – Suelta Raoul de repente.

Agoney no dice nada, sigue caminando un poco avergonzado.

“Vamos Agoney, él está dando pequeños pasos” Piensa.

—¿Te gusta? – Dice en voz lo suficientemente baja para que el otro lo escuche

“Me gustas tú” Piensa Raoul

—Si. Además eres el único que me desea que tenga un buen día. – Se gira para regalarle una mirada.

Cuando llegan a la estantería que Raoul estaba buscando, frena en seco haciendo que Agoney choque con él. Busca entre los libros hasta que encuentra el que él quería y se lo da en las manos.

—Te quise como si fuera posible. – Lee en alto Agoney

—Este libro lo leí – Comienza a responderle Raoul

—La semana pasada. – Levanta la mirada del libro, para posarla en él. —Cada dos o tres días cambias y aunque intento leer los títulos, nunca lo consigo. – Dice de carrerilla y acaba con una risa en su cara

—Eres un chico muy observador.

Agoney a pesar de su piel morena, nota que se está ruborizando y baja la mirada.

—Me lo llevo entonces. ¿Me cobras tú?

—Claro, sígueme. – Da media vuelta para dirigirse a la caja. —Eso sí – Vuelve a mirarle. —Dentro de dos o tres días te preguntaré qué te parece.

—Hecho.

Ambos se dirigen hasta la caja en la cual Raoul le cobra, y sin más dilación se despide de él hasta mañana.


Anoche después de ir a buscar a Miriam y contarle todo, llegó a casa, se duchó y se tiró en el sofá con su nuevo libro en las manos. Empezó a leerlo, y como si fuera una planta carnívora fue atrapado por la historia y no la podía soltar. Así es que hoy nada más que le sonó el despertador no podía levantarse. Necesitó que sonará tres veces más.

Después de ducharse y tomar su café ya es más persona. Pero hasta que no se toma el segundo antes de abrir la cafetería, es mejor no hablarle mucho.
Está esperando que llegue el chico del tupé por allí para decirle que empezó a leer el libro, y que la historia de Lennon y Daniel le tiene enganchado.

Cuando lo ve aparecer por la cristalera comienza a prepararle su café, antes de preguntarle. Un error no hacerlo, pero esta vez quiere sorprenderlo.

—¡Buenos días! – Saluda Raoul con alegría en su voz.

—Buenos días…

—Raoul. – Dice su propio nombre y Agoney sonríe.

—Buenos días, ahora te doy el café. – Coge el bolígrafo del bolso del pantalón y le escribe: “Que tengas un buen día” esta vez, lo acompaña un cara sonriente.

Agoney posa el café en la barra. Raoul le paga y antes de coger el vaso para irse, le dice:

—Me han dado esto para ti ahí fuera. – Le tiende un paquete envuelto. – Feliz Sant Jordi. – Le sonríe, coge el café y se va.

Agoney se queda con el paquete en las manos y una cara de no entender nada. Lo mira y vuelve a mirar a la cristalera donde ve a Raoul mirarlo y guiñarle un ojo.

Cuando lo perdió de vista, mira a su compañera que está sonriendo, y comienza a desenvolver el paquete.
Es el libro Seamos una familia. El que tenía en la mano, antes de que se acercará hablar con él ayer. Lo abre y tiene una dedicatoria dentro.

“Y como cada día a esta hora…
Lo mejor está por llegar”
- Le dijo Peter Pan a Campanilla.
Feliz Sant Jordi Agoney.

Si no tienes nada que hacer cuando acabes el turno, te espero a las 17:00 en las columnas de la fuente de Montjüic.

No se cree lo que trae escrito.

Obviamente no tiene nada que hacer y por supuesto que va a estar allí. Pero antes tiene que hacer una cosa.

—¿Miriam puedes ir a comprarme un rosa? Creo que alguien se la merece

A las 17:00 Raoul se encuentra sentado en el muro donde están las columnas con el móvil en la mano.

—Disculpa, me han dado esto para ti.
Raoul mira a la rosa que le tiende Agoney y la coge llevándose a la nariz para olerla.

—Gracias, pero no tenías porqué. – Se levanta con una sonrisa en la cara quedándose frente a frente, aunque él un poquito más bajo.

—Feliz Sant Jordi a ti también.
No saben qué hacer, por eso refugiarse
en los brazos del otro es la mejor opción.

Lo que pasa después, aún está por escribirse.





Si llegasteis hasta el final, espero que os haya gustado. Y por supuesto:

FELIZ SANT JORDI 🌹📖



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⏰ Ultimo aggiornamento: Apr 23, 2021 ⏰

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