Uno

10 4 1
                                        

Doblo la esquina de la calle tan antigua como bonita de esta, mi ciudad natal y entre el gentío frenético, te adivino.
El tiempo pasa sin parar, sin importar nada, pero tú sigues igual, a pesar de los años.
Caminas sin prestar atención a lo que te rodea, pero una mirada se te ha clavado y lo notas.
Yo quiero correr, salir de allí a toda prisa, como la muchedumbre que ahora nos rodea, pero las piernas me fallan y el pecho me juega una mala pasada rememorando aquello que tan solo terminó.
Y te recuerdo. Recuerdo tus manos en mi pelo. Mis gritos y tu dejadez. Recuerdo las fantasías que yo te relataba imaginando un nosotros. Recuerdo tus "no podemos ser nosotros" y de nuevo rabia, ira y amor. Tanto amor que aún me duele.
Levantas la vista y me encuentras.
Permanezco inmóvil, como si me hubiera atornillado a la acera y nada pudiera sacarme de allí. No puedo dejar de mirarte.
Entonces aprietas el paso, llegas a mí y esos tres segundos que pasan antes de que me abraces se me hacen interminables.
Es cuando dejo de respirar, solo un momento, para inspirar profundo tu perfume, el mismo de siempre.
Joder, como te echado de menos.
No sé cuánto tiempo estamos así, abrazados en medio de la calle sin importar el qué ni el quién.
Recorro tu espalda centímetro a centímetro con mis manos en silencio.
Los ojos empiezan a escocer y las lágrimas corren mejilla abajo sin control.
Me separas de tu cuerpo, ese que conozco tan bien, me acaricias con esa puta sonrisa de medio lado que ahora tantas ganas me dan de romper y me besas ahí donde terminan mis labios. Sin decir una sola palabra.
- Te quiero. - consigo articular en un hilillo de voz, pero tú ya no estás. Has vuelto a marcharte y de nuevo, no me oyes.

Tú Where stories live. Discover now