Aún estando en el camino de la vida para encontrar el óbito, suelo pensar como sería la muerte apropiada para mí. Incluso, intento enaltecer de una manera más romántica a aquella trufa que por años la catalogué como aciaga e infame. Y es precisamente de esa manera como la personificaba, algo tan repugnante y causante de tanto miedo.
No hablo de la típica imagen que se ven en la pelis baratas, sino algo inimaginable, Un espectro mugroso y lleno de heces, como lo que para un niño sería "El monstruo de debajo la cama", con la única diferencia de que este aparece una sola vez en la vida.
Pero es ahí donde está el error, vemos la muerte como algo frustrante, que ni en pedo queremos encontrarnos. La muerte es cortés, no viene por ti a joder tu vída, sino porque es la hora de culminar. La muerte solo cumple con su trabajo asignado por su padre. Y si, es Dios. Es triste que por eso, sea catalogada de esa vil manera, me recuerda mucho a los "cachilocas" en tiempos de covid, que en las pocas ocasiones que realizan su trabajo, son etiquetados como unos fatídicos.
La parca no debe ser personificada, ni mucho menos romantizada. Está bien querer una muerte linda, pero en sí, lo lindo sería los últimos instantes de vida. Es allí, donde la muerte es tu compañera y comparte lo que queda de lo bueno o miserable de vida, antes de llevarte a tu próximo destino.
No te angusties por morir, no la apresures, no intentes alejarla, solo deja que venga cuando quiera. Con su silueta desconocida, pero seguro amigable y cortés, igualmente con su actitud nostalgica y de despedida.
¡Solo vive y espera!
Stiven Piven. (∂ + m) ψ = 0
