Soy consciente del daño que me estoy haciendo en los dedos, demasiado consciente. Pero aún así sigo retorciéndome para poder calmar un poco el nudo que se está formando en mi estómago mientras espero.
Realmente estoy nerviosa.
No porque sea mi primer día de universidad, sino porque sé con certeza que todos saben quien soy. Y no justamente porque haya sido la popular del instituto durante todos estos años, ni porque tenga muchos amigos.
Si no porque soy la hija de Los Científicos Locos del País.
Mis padres no son como dicen todos los medios de comunicación, simplemente son dos investigadores que han dedicado prácticamente toda su vida a estudiar una teoría, una ilusión, un cuento de Disney... depende a quien le preguntes.
Al menos eso es lo que intento pensar yo para no culparlos de mi inexistente vida social en general. Aunque no puedo evitarlo, y en momentos como este los maldigo en mi mente.
Todo esto es por su "gran" estudio, un estudio que se basaba, en un principio, en la posibilidad de un universo paralelo al nuestro. A todos les parecía interesante pero ridículo a la vez, pero de ahí no vienen las burlas hacia mi apellido.
Los chistes y las parodias vienen de un día en concreto, del día en que la revista Nature – una revista algo así como Vogue pero para científicos - decidió hacerles una especie de entrevista.
Justo en aquel momento mis padres admitieron que aquello era una tontería. Según ellos, se habían dado cuenta de que el estudio sobre un universo paralelo al nuestro era absurdo pero no descartable, eso no los llevaba a ninguna parte porque no era lo que querían estudiar realmente.
Todo iba bien durante ese rato, pero como normalmente suelen hacer mis progenitores, hablaron más de la cuenta. Confesaron que tenían otra cosa entre manos. Esas palabras fueron demasiado tentativas para la mujer que sostenía un micrófono de dimensiones extrañas.
Durante un tiempo todos admiraban a mis padres, eran unos científicos con mucho prestigio y sabían que podían sacar algo muy bueno de ahí. Habían trabajado en las sobras para acabar de descubrir la cura de alguna que otra enfermedad y eran los creadores de nuevos antibióticos contra el dolor de cabeza.
Eran una eminencia, lo eran.
Esa idea que el mundo tenía sobre ellos cambió cuando volvieron los de Nature a por otra entrevista – sobre todo la mujer rubia de piel arrugada de la última vez - en principio con el objetivo de sacar un bombazo de todo aquello. Pero por suerte o por desgracia, esta nunca se llegó a publicar.
Y en ese momento fue cuando todo empezó, ahí empezó el desprecio a mi familia, la familia Cals
La gente decía que su estudio había fallado, o que no daba la talla para poder ser publicado. Incluso se empezó a especular sobre su muerte, cosa que yo tuve que desmentir un día en el recreo del colegio. Una niña de nueve años llorando mientras la profesora de Ciencias de la Tierra de cuarto curso de primaria le preguntaba si sus padres estaban muertos, una y otra vez.
Poco después - a los dos años después de todo eso aproximadamente - una cadena de televisión consiguió contactar con mis padres para hacerles un reportaje en casa. Básicamente lo consiguieron porque yo levanté el teléfono y se dieron cuenta de que el número era el correcto, que era el de la casa de los Cals. Mis padres no tuvieron otra que aceptar la entrevista que le iban a hacer, las especulaciones ya se iban de las manos.
El lugar donde se iba a grabar era mi casa, porque aparte de que era una de las más caras y lujosas, según la mujer que hablaba al otro lado del teléfono, tenía uno de los mejores laboratorios de toda Europa.
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Almaz
FantascienzaPara Lina en su vida todo es monótono y aburrido. Vivir bajo la sombra, o mejor dicho la reputación, de sus padres no es lo que una adolescente quiere para su vida. El mundo saben quien es, y no es que sea una chica popular. Ella es todo lo contr...
