Recuerdos

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¿Qué cómo lo conocí? Bueno es una larga y añosa historia. Pero en fin si quieren escuchar una historia con más de una década, aquí voy.

Me embarqué rumbo a puerto Dolle, era un barco algo viejo y destartalado, pero que importaba si esa embarcación me llevaría a mi sueño, fue gracioso ver cómo todos esos fanfarrones se marearon en medio de una tormenta. Sólo tres no sufrimos de esos síntomas, Gon, un pequeño niño de sonrisa alegre y muy buena persona ayudaba a los grandulones, un chico rubio que leía vaya uno a saber que y yo.

El capitán del barco nos mandó a llamar a los tres, fue cuando supe el nombre de ese rubio, Kurapika dijo llamarse, el único sobreviviente del clan Kurta, un clan que no tenía idea que era. El chico era guapo, no lo voy a negar, pero su belleza no se comparaba con su arrogancia. Lo odié en cuanto lo ví, se cría un sabelotodo y me estaba ridiculizando. Por lo que le solté unos insultos sobre su clan, encolerizó y terminamos desafiandonos a una pelea en la cubierta, que vale decir, que estaba en medio de una tormenta infernal.

Nos miramos con casi odio, por que en realidad yo solo estaba molesto, no podía odiarlo, no me había hecho nada tan malo, aunque burlarse de mí, no era algo fácil de perdonar. Él no me conocía y no tenía derecho a insinuar que mis motivaciones no eran las correctas, no cuando él estaba allí solo por venganza. Pero ver cómo el viento mecía su cabello me desconcentraba. ¡Diablos! Soy un hombre, pero él era tan lindo que no pude evitar mirarlo de esa manera.

Le grité pidiendo que me dijera Leorio-san, ese chiquillo debía respetarme, pero se negó y me exigió que me retractara sobre mis dichos de su clan. Esto no tenía solución, y sentí que ese rubio y yo jamás seríamos amigos. Pero segundos después ambos reaccionamos al ver a Gon arrojarse al mar, para salvar a un marinero.

La alegría de haber salvado a esos dos nos hizo recapacitar y finalmente me termine disculpando, él también lo hizo y me llamó Leorio-san, pero sonaba mejor que solo me dijera Leorio. Fue entonces cuando la amistad surgió. Pasamos juntos el exámen del cazador y nos dieron nuestras respectivas licencias, a esa altura Gon y Killua ya eran nuestros pequeños amiguitos. No sé porque al recordar a esos dos chicos no puedo evitar sonreír, era como tener dos hermanitos pequeños, Gon era el alegre y amable y Killua el hermanito irrespetuoso. Si fuéramos una familia Gon y Killua serían los hijos, Kurapika la madre cariñosa y yo el padre protector, aunque algo inútil, en ese tiempo no era un humano corriente, pero tampoco era un ser excepcional. Quizás tampoco lo sea ahora.

Luego fuimos por Killua hasta su casa, pasamos unas noches en casa del portero de los Zoldik. Gon dormía profundamente, estaba agotado después de tanto entrenamiento, además aún seguía lastimado después de esa pelea que había tenido con Hanzo. Me levanté a media noche, al ser el mayor de los tres me sentía responsable de ellos, yo ya tenía diecinueve años, Kurapika diecisiete y los pequeños solo doce, fue cuando me sorprendí de ver a Kurapika sentado mirando algo que mis ojos jamás verían.

- ¿Entrenas? - pregunté asustándolo

- No, solo pensaba - me dijo

- Pensabas en mí - dije a tono de broma

- También - dijo y me sonrió - Pensaba en Killua, es solo un niño y no tiene el calor de una madre amorosa -

- La familia Zoldik es extraña - le respondí, yo tampoco lo entendía mucho.

- Yo tenía más o menos su edad cuando mis padres murieron - dijo con mucha tristeza - Pero al menos tengo recuerdos de ellos, los recuerdo con cariño, pero él... -

- Pero nos tiene a nosotros, sus amigos -

- Pero los amigos no reemplazan a los padres, al menos no para un niño -

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