Era imposible no resistirse a él, que no tenía, me preguntaban mis compañeras de piso.
Bueno, para muchas era el chico perfecto, no le faltaba ni le sobraba nada... Error.
¿Que le veían? Decía yo.
Si era lindo, era muy lindo, demasiado, lo admito, pero era un bastardo sin límites, el típico cliché de cualquier libro, te enamoraba únicamente con su maldita sonrisa perfecta, te acostabas con él y luego te mandaba a volar como si tuvieras la peor peste.
No gracias, paso.
Pero, acá estaba, el idiota que años atrás era mi amigo, ahora se había convertido en la perfecta distracción de cualquier chica, literal hasta creo que algunas lesbianas les interesaba el capullo que se había convertido en el rey de la atención de todo el jodido campus. Pero para que culparlas si era verdad, en parte.
—hey, puedes dejar de hacer eso, es totalmente irritante.
Detiene el movimiento de sus manos contra su rodilla y lo observó impaciente.
Levanta la cabeza y veo como me recorre de pies a cabeza, mis piernas, mis caderas, cintura, hombros, cuello y finalmente sus dos esferas castañas se detienen y levanta la mirada hasta mis ojos. Su sonrisa podría mojar cualquier braga de chica, con solo mostrarle esa dentadura brillante.
—¿Que pasa Coleman? Si hubiera sabido que tú nivel de amargura iba subiendo a medida que pasa el tiempo, ni siquiera me tendrías aquí.
—sabes perfectamente que yo no te invite así que—levanto la mano en dirección hacia la puerta– ahí está la salida, puedes irte cuando gustes. Si fuera por mi ya te hubiera echado pero desgraciadamente es un lugar público.
Sonrió lo más falso que puedo para que capte la indirecta de mi sufrimiento porque el este aquí.
—que pena que no tengamos los mismos gustos entonces,–noto como se acerca hasta quedar unos centímetros cerca de mi rostro– porque me quedaré aquí, hasta que se te pase la rabieta que siempre tienes contra mí.
Así que vete acostumbrando a verme más seguido.
—eres un auténtico capullo ¿Lo sabes?.
—me han dicho cosas peores, personas más inteligentes que tú.
—no si, seguro, y estoy de acuerdo con todas ellas, porque estoy segura que siempre eres un grano en el culo con todos.
—solo con los que tengo un poco de aprecio.
—entonces tira todo el aprecio que tienes hacia mi y vete.
Su sonrisa crece entorno a mis palabras, y me odio a mi misma porque me guste verla tanto.
—no podría aunque quisiera Coleman, eso tenlo por seguro.
Me guiña un ojo, y se dirige hacía el mostrador para hacer su pedido.
Pasamos la tarde en la cafetería practicando, y se me vuelve más llevadero el pasar tiempo con él.
Luego de un rato, me despido de él y voy camino hacia mi apartamento.
Al llegar solo pienso en tomar una larga ducha, vestirme para cocinar algo rápido y tumbarme en el sofá a ver mi serie.
Las horas parecen volar cuando ya voy por la tercera temporada y golpean la puerta del piso.
Me levanto y me envuelvo con la manta mientras voy hacia la puerta.
Si no estaría sola sería mucho mejor por los golpes que dan contra la madera, juraría que se podrían escuchar en el piso de abajo.
YOU ARE READING
One Year
RandomAbby, una pequeña bastante solitaria, y triste por todo lo que pasa en su habitual realidad, esperanzada, pidió un deseo para ponerle fin a todos los problemas que pasan en su familia y así poder parar lo que pasa en su vida. Pero pasará un tiempo...
